Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:

El rompecabezas

No hay manera, Lindo. Esta última pieza no encaja. No tiene ni la forma ni el color que debiera tener. Debería ser azul, no colorada.
Por segunda y tercera vez oyóse aquel chasquido durante el camino, y siempre creyó el príncipe que la carroza se rompía; pero no eran sino los aros que saltaban del corazón del fiel Enrique al ver a su amo redimido y feliz.
“ ¡Enrique, que el coche estalla!” “No, no es el coche lo que falla, Es un aro de mi corazón, Que ha estado lleno de aflicción Mientras viviste en la fontana Convertido en rana.”
Cuando ya habían recorrido una parte del camino, oyó el príncipe un estallido a su espalda, como si algo se rompiese. Volviéndose, dijo:
Pero en cuanto la rana cayó al suelo, dejó de ser rana, y convirtióse en un príncipe, un apuesto príncipe de bellos ojos y dulce mirada. Y el Rey lo aceptó como compañero y esposo de su hija. Contóle entonces que una bruja malvada lo había encantado, y que nadie sino ella podía desencantarlo y sacarlo de la charca; díjole que al día siguiente se marcharían a su reino. Durmiéron se, y a la mañana, al despertarlos el sol, llegó una carroza tirada por ocho caballos blancos, adornados con penachos de ... (ver texto completo)
Dijo entonces el Rey: “Lo que prometiste debes cumplirlo. Ve y ábrele la puerta.” La niña fue a abrir, y la rana saltó dentro y la siguió hasta su silla. Al sentarse la princesa, la rana se plantó ante sus pies y le gritó: “ ¡Súbeme a tu silla!” La princesita vacilaba, pero el Rey le ordenó que lo hiciese. De la silla, el animalito quiso pasar a la mesa, y, ya acomodado en ella, dijo: “Ahora acércame tu platito de oro para que podamos comer juntas.” La niña la complació, pero veíase a las claras ... (ver texto completo)
“ ¡Princesita, la más niña, Ábreme! ¿No sabes lo que Ayer me dijiste Junto a la fresca fuente? ¡Princesita, la más niña, Ábreme!”
Al día siguiente, estando la princesita a la mesa junto con el Rey y todos los cortesanos, comiendo en su platito de oro, he aquí que plis, plas, plis, plas se oyó que algo subía fatigosamente las escaleras de mármol de palacio y, una vez arriba, llamaba a la puerta: “ ¡Princesita, la menor de las princesitas, ábreme!” Ella corrió a la puerta para ver quién llamaba y, al abrir, encontrase con la rana allí plantada. Cerró de un portazo y volviese a la mesa, llena de zozobra. Al observar el Rey cómo ... (ver texto completo)
Obtenida la promesa, la rana se zambulló en el agua, y al poco rato volvió a salir, nadando a grandes zancadas, con la pelota en la boca. Soltóla en la hierba, y la princesita, loca de alegría al ver nuevamente su hermoso juguete, lo recogió y echó a correr con él. “ ¡Aguarda, aguarda!” gritóle la rana, “llévame contigo; no puedo alcanzarte; no puedo correr tanto como tú!” Pero de nada le sirvió desgañitarse y gritar ‘cro cro’ con todas sus fuerzas. La niña, sin atender a sus gritos, seguía corriendo ... (ver texto completo)
– “Lo que quieras, mi buena rana,” respondió la niña, “mis vestidos, mis perlas y piedras preciosas; hasta la corona de oro que llevo.” Mas la rana contestó: “No me interesan tus vestidos, ni tus perlas y piedras preciosas, ni tu corona de oro; pero si estás dispuesta a quererme, si me aceptas por tu amiga y compañera de juegos; si dejas que me siente a la mesa a tu lado y coma de tu platito de oro y beba de tu vasito y duerma en tu camita; si me prometes todo esto, bajaré al fondo y te traeré la ... (ver texto completo)
– “Cálmate y no llores más,” replicó la rana, “yo puedo arreglarlo. Pero, ¿qué me darás si te devuelvo tu juguete?”
Qué te ocurre, princesita?

¡Lloras como para ablandar las piedras!”

La niña miró en torno suyo, buscando la procedencia de aquella voz, y descubrió una rana que asomaba su gruesa y fea cabezota por la superficie del agua.

“ ¡Ah!, ¿eres tú, viejo chapoteador?” dijo,

“pues lloro por mi pelota de oro, que se me cayó en la fuente.”
Ocurrió una vez que la pelota, en lugar de caer en la manita que la niña tenía levantada, hízolo en el suelo y, rodando, fue a parar dentro del agua. La princesita la siguió con la mirada, pero la pelota desapareció, pues el manantial era tan profundo, tan profundo, que no se podía ver su fondo. La niña se echó a llorar; y lo hacía cada vez más fuerte, sin poder consolarse, cuando, en medio de sus lamentaciones, oyó una voz que decía:
El Rey Rana

En aquellos remotos tiempos, en que bastaba desear una cosa para tenerla, vivía un rey que tenía unas hijas lindísimas, especialmente la menor, la cual era tan hermosa que hasta el sol, que tantas cosas había visto, se maravillaba cada vez que sus rayos se posaban en el rostro de la muchacha. Junto al palacio real extendíase un bosque grande y oscuro, y en él, bajo un viejo tilo, fluía un manantial. En las horas de más calor, la princesita solía ir al bosque y sentarse a la orilla ... (ver texto completo)
– ¡Papá, papá! – exclamó la princesita, que se acercaba corriendo a besar a su padre.

– ¡No, hijita! ¡No te acuerdes a mí!

Pero ya era tarde…

En el mismo momento en que le dio un beso la niña se convirtió en una estatua de oro purísimo.

De rodillas en su suelo de oro y llorando a lágrima viva, el rey, tremendamente arrepentido, llamó al mago.
... (ver texto completo)
Para tu desgracia, desde este momento todo aquello que roce tu cuerpo se convertirá en oro macizo.

Y lanzando una carcajada que ponía los pelos de punta, el mago desapareció como por arte de magia.

En efecto, desde ese momento todo cuanto tocaba el rey se convertía en oro; una puerta, una silla, la mesa del comedor, el vaso de agua, un pollo asado…

¡No podía beber!

¡No podía comer!
El Rey Midas

Un rey muy avaro al que no le preocupaban los problemas de sus súbditos mandó llamar al mago más importante del reino y le dijo:

– Quiero que con tu magia consigas que todo lo que toque se convierta en oro, y así convertirme en el rey más rico del mundo.

– El mago pensó en darle una lecció, y le dijo:

-Te voy a conceder tu insensato deseo.
vamos a ver cómo es

el reino del revés,

vamos a ver cómo es

el reino del revés.
Me dijeron que en el reino del revés

un señor llamado Andrés

tiene 1.530 chimpancés

que si miras no los ves;

vamos a ver cómo es

el reino del revés,

vamos a ver cómo es

el reino del revés.
Me dijeron que en el reino del revés

una araña y un ciempiés,

van montados al palacio del marqués

en caballos de ajedrez;

vamos a ver cómo es

el reino del revés,

vamos a ver cómo es

el reino del revés. ... (ver texto completo)
Espero que la hoguera ganadora este año, sea tan bonita como el 2012.

Este año en lugar de hoguera jejejej haremos barbacoa.

Feliz noche de San Juán. saludos rs
Buaaaaaaa, y buaaaaaaaaaaaaaaa, este año me lo estoy perdiendo.
Y dejó de hundirse. ¡Estaba flotando! A su alrededor, la familia daba gritos de júbilo y alabanza.
Gritando de miedo, trató de elevarse nuevamente, batiendo las alas. Pero sus patas se hundían cada vez más hasta que su cuerpo reposó en el agua.
¡Las patas se hundieron!
Bajó hasta rozar el agua, volando muy cerca de la superficie. Vio las olitas blancas sobre la gran masa verdiazul y contempló a su familia posarse sobre ellas. ¡Le estaban llamando para que se acercara! Entonces, dejó caer las patas para posarse en el mar.
—Ga, ga, ga—. Su madre pasó junto a ella. Le respondió con un grito. Entonces olvidó completamente que hasta hacía un momento no había sido capaz de volar y comenzó a hacer piruetas.
Entonces batió sus alas y empezó a subir. Gritando de júbilo, volvió a batir las alas y subió un poco más. Levantó el pecho para aminorar el viento.
Con un grito terrible, cayó del acantilado al vacío. La madre batió sus alas. A medida que iba cayendo, la joven gaviota oía a su madre volar sobre su cabeza. Le entró tal terror que se le paró el corazón y ya no oía nada. Pero duró sólo un momento. De pronto sintió que sus alas se desplegaban. Podía sentir las puntas cortando el aire. Ya no se caía. Ahora iba planeando hacia abajo y ya no tenía miedo. Sólo se sentía algo mareada.
Pero su madre se paró frente a ella con las patas relajadas y las alas extendidas. Suspendida en el aire, llevaba el pez en el pico y estaba tan cerca que la joven gaviota casi podía tocarla. ¿Por qué no se acercaba? ¿Por qué no le daba el pez? Casi sin poder se inclinó más hacia adelante.
—Ga, ga, ga—, gritó, pidiendo a su madre que le trajera algo de alimento. Siguió llamando lastimosamente y de pronto dio un grito de alegría. Su madre había recogido un trozo de pescado y volaba hacia ella. Se reclinó hacia adelante con entusiasmo, tratando de acercarse lo más posible.
A la vista de la comida que tenía su madre, enloqueció la joven gaviota. ¡Cómo le gustaría comer un poco de pescado!
Su hermano y su hermana dormitaban sobre el acantilado de enfrente. Su padre atusaba las plumas de su dorso blanco. Su madre les observaba muy erguida desde una roca. Picoteó un pedazo de pescado que había a sus pies y frotó su pico, por ambos lados, contra la roca.
Cuando ya el sol se ponía, rebuscó entre la hierba y las algas del nido algo para echarse al pico. Incluso picoteó las cáscaras del huevo de donde ella misma había salido.
Durante un día entero nadie se le acercó. Miraba a sus padres que volaban con sus hermanos, enseñándoles a elevarse, planear, deslizarse a ras de las olas y sumergirse para pescar. Vio a su hermano pescar su primer pez y comérselo, mientras los padres le miraban orgullosos. A ella nadie le trajo alimento.
Su padre y su madre la llamaban insistentemente, animándola a probar y amenazándola con que se moriría de hambre si no echaba a volar. Pero ella no podía moverse.
Incluso cuando observó a su hermana y su hermano correr hacia el borde, agitar sus alas y lanzarse a volar, no tuvo valor para imitarlos.
El primer vuelo

Una joven gaviota se paró al borde del acantilado; le daba miedo volar. Dio una carrerita y movió las alas. Pero el mar se veía enorme allá abajo y estaba segura de que sus alitas no la sostendrían. Así que dio media vuelta y fue a cobijarse en el nido donde había nacido.
Al despertar su amo, el asno le contó todo lo sucedido, y su dueño como premio le dío el mejor bocado que llevaban, y le agradeció que salvará a su amigo el asno y todos los alimentos que llevaba.
Diciéndole:

– ¡Ven, amigo mío!

– Ven y ayúdame que un lobo me está atacando…

-Llama al amo que nos ayude..

– Pero el dueño estaba un poco lejos, y no los oía
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En una ocasión, el perro cansado de jugar, se sintió hambiento. Al ver que su dueño seguía durmiendo se acercó al asno y el dijo: Agáchate, amigo, y déjame que pille de la alforja algún bocado, que llevo muchas horas sin comer nada. El asno, aunque quería dárselo, pensó que a su dueño le molestaría que su amigo el perro cogiera algún alimento sin el permiso de su dueño, y por ello no se lo permitió. Entonces su amigo el perro se quedo muy triste y se alejó un poco de su amigo el asno, el asno siguió ... (ver texto completo)
El perro y el asno

En una pequeña aldea apartada del bullicio de las grandes ciudades, vivían un travieso perro y un lindo borriquillo, dos buenos amigos que compartían un mismo dueño. Aunque la mayor parte del tiempo disfrutaban de la vida del campo, a veces iban a la gran ciudad con su amo; allí visitaban el mercado para vender los alimentos que producía la granja y las verduras y frutas frescas que habían recogido de la huerta. Cuando realizaban estos viajes, el asno llevaba sus alforjas repletas ... (ver texto completo)
La noticia de lo ocurrido se extendió a todos los gnomos del país, que se decían:

-No vayan a la granja de Palomares para conseguir la cena de Navidad. ¡Tienen el gato más grande que hayan visto jamás!
El silencio se extendió por toda la casa. El granjero Palomares y su mujer corrieron a felicitar a Arturo.

-Creo que ya no tendrán más problemas con esos gnomos -se rió Arturo.

La señora Palomares, agradecida, le dio la comida que se había salvado del ataque de los gnomos. Al día siguiente, temprano, Arturo se marchó con su regalo para el Rey.
susurró otro gnomo y empujó una salchicha caliente hasta la nariz del oso.

¡RRRAAAAUUUUUUUUGGGÜ! El oso blanco salió furioso de debajo de la mesa, agarró al gnomo y lo lanzó por la puerta abierta a la nieve.

No se puede describir la mirada de los gnomos cuando vieron lo grande que era realmente “el gatito”. Saltaron por las ventanas, treparon por las paredes y salieron por la chimenea. El oso los persiguió fuera de la cabaña y a través de la nieve hasta las montañas.
- ¡Oh, mirad! -dijo un gnomo borracho-. Aquí hay un gatito.

El oso abrió un ojo.

- ¡Toma una salchicha, gatito!
Abrieron los armarios y los cajones y empezaron a devorar toda la comida que encontraban: huevos con cáscara incluida, carne cruda, tarta con sus bandejas y todos los dulces del árbol de Navidad. Después bebieron cerveza hasta que acabaron rodando por el suelo y cantando con voces agudísimas.
- ¡Granjero Palomares! Hemos venido a tu cena de Navidad ¿no oyes? ¿Qué nos has preparado este año? ¡Mejor que sea buena, porque si no…!

Forzaron la ventana y saltaron dentro. Eran las criaturas más espantosas que Arturo había visto jamás.
Entonces, los gnomos gritaron:
El cazador se acostó frente al fogón de la cocina con su oso hecho un ovillo bajo la mesa, y el granjero y su mujer se fueron a dormir.

Al filo de la media noche, se oyeron grandes risotadas y espantosos aullidos en torno a la cabaña.
-Hemos llegado en el momento oportuno -dijo Arturo-. Dejadnos pasar esta noche aquí y veréis cómo vosotros y vuestra familia no tendréis que volver a pasar las Navidades en las cuevas.
-Estaríais mejor en las cuevas, amigo -dijo la mujer del granjero-. Allí vamos nosotros ahora. Es la noche de Navidad, ya sabes, y todas las noches de Navidad un grupo de asquerosos gnomos baja de las montañas y hacen lo que quieren en nuestra pequeña cabaña. Comen hasta las migajas de la comida y beben nuestra cerveza. Rompen los muebles y hacen añicos lo platos. Después, se meten en nuestras camas a dormir y ni se quitan las botas.