Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:

Era una larga caminata hasta llegar … al prado que había en lo alto de la montaña. De pronto, divisaron la casa de abuelo Anselmo, y al anciano sentado a la puerta, fumando tranquilamente su pipa.

Adelantándose a los demás, Heidi corrió junto a su abuelo.
— ¡Heidi! ¿Qué estás haciendo?

— ¿Dónde está tu ropa?

—Aquí —dijo Heidi, señalando el montón de ropa sobre la hierba—. Me la he quitado porque tenía mucho calor. Además, ¡las cabras no van vestidas!

—Ven aquí en seguida, niña tonta —dijo Adela, agarrando a Heidi de la mano—. Y tú, Pedro, trae ese montón de ropa. Puesto que vas a casa del abuelo, llévala tú.
Ni corta ni perezosa, empezó a quitarse las botas, la bufanda, los vestidos y las medias.

— ¿Cuántas cabras tienes a tu cuidado?—preguntó al chico—. ¿Cómo se llaman? ¿A dónde las llevas? ¿De quiér son?

El chico sonrió. Heidi le hacía tantas preguntas seguidas, que no le daba tiempo de responder. Entonces la niña oyó a su tía Adela que gritaba:
Mas cuando se disponía a regresar junto a su tía, vio a un chico descalzo y con unos pantalones muy holgados que conducía un rebaño de cabras. Resoplando por el calor, Heidi corrió hacia él.

El chico se detuvo un momento para que las cabras mordisquearan la hierba. Cuando Heidi los alcanzó, se sentó y se puso a escuchar las campanitas de latón que sonaban en la cálida brisa.
— ¿Y qué puedo hacer yo? Al fin y al cabo, es su abuelo. ¡Pues que se ocupe ahora de la niña! ¡Yo ya he cumplido con mi deber!

Mientras las dos jóvenes mujeres subían por el camino de la montaña, charlando, Heidi se alejó saltando y se adentró en una verde pradera. Cuando vivía con su tía, en la población, nunca podía salir a jugar fuera de casa. Ahora corría, brincaba y jugaba entre las flores que relucían al sol
— ¿Vas a dejarla con él? ¡Debes de estar loca! ¿Cómo se te ha podido ocurrir semejante cosa? ¡Si está chiflado! ¿Qué sabrá él de cuidar a una niña? Vive solo en las montañas con sus dos cabras y apenas ve nunca a nadie ni habla con nadie. Las pocas veces que baja al pueblo siempre lleva un grueso bastón para asustar a la gente. ¡Si ni siquiera acude a la iglesia!
— ¡Pero Adela! —exclamó— ¿Qué haces tú aquí? ¿Dónde llevas a esa niña? ¿Es ésa la sobrinita que has tenido a tu cargo desde que murió su madre?

—Sí, y la llevo a casa de tío Anselmo. Yo no puedo ocuparme más de ella, pues tengo trabajo en la ciudad.
Siguieron adelante hasta que, a mitad de camino, llegaron al pueblecito de Dorfli. La joven se detuvo, y la niña se soltó de su mano y se sentó en el suelo.

— ¿Estás cansada, Heidi? —pregunte Adela.

—No, pero tengo mucho calor.

—No falta mucho para llegar a de abuelo Anselmo. Si caminas dando pasos largos, pronto estaremos allí.

En aquel momento, Berta, una joven mujer de aspecto agradable, salió corriendo de su casa
En una mano sostenía una chaqueta y un hatillo de ropa, y la otra la daba a una niña que aparentaba no tener más de cinco años. La niña tenía la cara colorada y sentía mucho calor. Iba demasiado abrigada para un día tan caluroso, pues llevaba dos vestidos, medias de lana, unas pesadas botas y una bufanda roja y gruesa de lana.
Heidi

Capítulo 1

Heidi
Heidi

Una soleada mañana de junio, una joven llamada Adela subía por el tortuoso camino del monte de la bonita población de Meyenfield.

El sendero era empinado y abrupto, pero el aire estaba impregnado del aroma de las flores silvestres que crecían en los frondosos pastos en lo alto de las montañas.
Corrió Gretel al establo donde estaba encerrado Hänsel y le abrió la puerta, exclamando: ¡Hänsel, estamos salvados; ya está muerta la bruja! Saltó el niño afuera, como un pájaro al que se le abre la jaula. ¡Qué alegría sintieron los dos, y cómo se arrojaron al cuello uno del otro, y qué de abrazos y besos! Y como ya nada tenían que temer, recorrieron la casa de la bruja, y en todos los rincones encontraron cajas llenas de perlas y piedras preciosas. – ¡Más valen éstas que los guijarros! -exclamó ... (ver texto completo)
Cuando esté bien cebado, me lo comeré. Gretel se echó a llorar amargamente, pero en vano; hubo de cumplir los mandatos de la bruja. Desde entonces a Hänsel le sirvieron comidas exquisitas, mientras Gretel no recibía sino cáscaras de cangrejo. Todas las mañanas bajaba la vieja al establo y decía: – Hänsel, saca el dedo, que quiero saber si estás gordo. Pero Hänsel, en vez del dedo, sacaba un huesecito, y la vieja, que tenía la vista muy mala, pensaba que era realmente el dedo del niño, y todo era ... (ver texto completo)
Entrad y quedaos conmigo, no os haré ningún daño. Y, cogiéndolos de la mano, los introdujo en la casita, donde había servida una apetitosa comida: leche con bollos azucarados, manzanas y nueces. Después los llevó a dos camitas con ropas blancas, y Hänsel y Gretel se acostaron en ellas, creyéndose en el cielo. La vieja aparentaba ser muy buena y amable, pero, en realidad, era una bruja malvada que acechaba a los niños para cazarlos, y había construido la casita de pan con el único objeto de atraerlos. ... (ver texto completo)
Y amaneció el día tercero desde que salieron de casa. Reanudaron la marcha, pero cada vez se extraviaban más en el bosque. Si alguien no acudía pronto en su ayuda, estaban condenados a morir de hambre. Pero he aquí que hacia mediodía vieron un hermoso pajarillo, blanco como la nieve, posado en la rama de un árbol; y cantaba tan dulcemente, que se detuvieron a escucharlo. Cuando hubo terminado, abrió sus alas y emprendió el vuelo, y ellos lo siguieron, hasta llegar a una casita, en cuyo tejado se ... (ver texto completo)
Pero la mujer no quiso escuchar sus razones, y lo llenó de reproches e improperios. Quien cede la primera vez, también ha de ceder la segunda; y, así, el hombre no tuvo valor para negarse. Pero los niños estaban aún despiertos y oyeron la conversación. Cuando los viejos se hubieron dormido, levantóse Hänsel con intención de salir a proveerse de guijarros, como la vez anterior; pero no pudo hacerlo, pues la mujer había cerrado la puerta. Dijo, no obstante, a su hermanita, para consolarla: – No llores, ... (ver texto completo)
Al cabo de mucho rato de estar allí sentados, el cansancio les cerró los ojos, y se quedaron profundamente dormidos. Despertaron, cuando ya era noche cerrada. Gretel se echó a llorar, diciendo: – ¿Cómo saldremos del bosque? Pero Hänsel la consoló: – Espera un poquitín a que brille la luna, que ya encontraremos el camino. Y cuando la luna estuvo alta en el cielo, el niño, cogiendo de la mano a su hermanita, guiose por las guijas, que, brillando como plata batida, le indicaron la ruta. Anduvieron toda ... (ver texto completo)
Y replicó la mujer: – Tonto, no es el gato, sino el sol de la mañana, que se refleja en la chimenea. Pero lo que estaba haciendo Hänsel no era mirar el gato, sino ir echando blancas piedrecitas, que sacaba del bolsillo, a lo largo del camino. Cuando estuvieron en medio del bosque, dijo el padre: – Recoged ahora leña, pequeños, os encenderé un fuego para que no tengáis frío. Hänsel y Gretel reunieron un buen montón de leña menuda. Prepararon una hoguera, y cuando ya ardió con viva llama, dijo la mujer: ... (ver texto completo)
Y cuando los viejos estuvieron dormidos, levantóse, púsose la chaquetita y salió a la calle por la puerta trasera. Brillaba una luna esplendoroso y los blancos guijarros que estaban en el suelo delante de la casa, relucían como plata pura. Hänsel los fue recogiendo hasta que no le cupieron más en los bolsillos. De vuelta a su cuarto, dijo a Gretel: – Nada temas, hermanita, y duerme tranquila: Dios no nos abandonará -y se acostó de nuevo. A las primeras luces del día, antes aún de que saliera el sol, ... (ver texto completo)
Hansel y Gretel

Junto a un bosque muy grande vivía un pobre leñador con su mujer y dos hijos; el niño se llamaba Hänsel, y la niña, Gretel. Apenas tenían qué comer, y en una época de carestía que sufrió el país, llegó un momento en que el hombre ni siquiera podía ganarse el pan de cada día. Estaba el leñador una noche en la cama, cavilando y revolviéndose, sin que las preocupaciones le dejaran pegar el ojo; finalmente, dijo, suspirando, a su mujer: – ¿Qué va a ser de nosotros? ¿Cómo alimentar ... (ver texto completo)
Ahora ya son tres. jejejje
Seguro que Milagros está haciendo algo parecido, jejejjeje (como chica de la foto) claro que con los nietos.

Muchacha dile a Aitor que te deje el ordenador que para eso es tuyo, jejejjee que a este paso se te va a olvidar la contraseña para entrar en el foro.
Besos. rs
Beatriz

Origen
Latino

Género
Femenino

Santoral
29 De Julio / 18 de enero

Significado
bienaventurada,
portadora de belleza o beatitud

Zona de uso común
Occidente

Beatriz, es un nombre propio femenino de origen latino (Benedictrix o Beatrix) que significa ‘bienaventurada’, ‘portadora de felicidad o de beatitud’.

Personas con ese nombre.
•Beatriz (mártir) (f. 304), santa romana.
•Beatriz Adriana (1958-), cantante mexicana.
•Beatriz Argimón (1961-), escribana y política uruguaya.
•Beatriz Carvajal (1949-), actriz española.
•Beatriz de Falkenburg
•Beatriz de Portugal, nombre de varias reinas entre el siglo XIV y el XVI.
•Beatriz de Saboya (1198-1266), hija de Tomás I de Saboya.
•Beatriz de Sajonia-Coburgo-Gotha (1884-1966), hija de la reina Victoria I de Gran Bretaña.
•Beatriz de Silva (1424-1492), santa portuguesa.
•Beatriz de Suabia (1205-1235), reina castellana.
•Beatriz Escudero (1950-), actriz y cantante española.
•Beatriz Ferrer-Salat (1966-), amazona española.
•Beatriz Galindo «la Latina» (1465-1534), escritora y humanista española.
•Beatriz Gimeno (1962), activista LGTB española.
•Beatriz Gómez Hermosilla (1985), arquera española.
•Beatriz Guido (1922-1988), escritora argentina.
•Beatriz I de los Países Bajos (1938-), reina de los Países Bajos desde 1980 hasta 2013.
•Beatriz Luengo (1986-), actriz, cantante y empresaria española.
•Beatriz Merino (1947-), abogada y política peruana.
•Beatriz Montañez (1977-), periodista española.
•Beatriz Paredes Rangel (1953-), política mexicana.
•Beatriz Portinari (1265-1290), musa de Dante Alighieri en La divina comedia. 1
•Beatriz Rico (1970-), actriz española.
•Beatriz Salomón (1953), actriz y vedette argentina.
•Beatriz Zamora, artista mexicana
•Beatriz Zavala Peniche (1957-), política mexicana.
•Huracán Beatriz (2011)
•María Beatriz de Saboya (1943-), hija del rey Humberto II de Italia.
•Beatriz (siglo XVI-XVII) personaje de la obra Mucho ruido y pocas nueces del escritor inglés William Shakespeare (1564-1616).
•Beatriz, protagonista de la obra Dos musas: Laura-Beatriz (1958) del escritor español Nicolás González Ruiz (1897-1967).
•La monja Beatriz, personaje de las «leyendas marianas» de la Edad Media, tornera en su convento, que abandona enamorada de un caballero (en algunas versiones) o tentada por un clérigo (en otras). Al cabo de muchos años, arrepentida, decide volver al convento y encuentra que su ausencia no ha sido percibida, pues la Virgen María ha asumido su lugar. La primera versión de esta leyenda, transmitida probablemente con anterioridad por vía oral, aparece en el libro del alemán Cesáreo de Heisterbach (1180-1240). Muchos otros autores medievales recogerán la leyenda, entre otros Gautier de Coincy (1178-1236). El tema pervive en la literatura posterior, por ejemplo, en una obra del flamenco Maurice Maeterlinck (1862-1949) y (con el nombre de la protagonista cambiado) en Margarita la tornera de José Zorrilla (1817-1893).

Variantes en otros idiomas.

Variantes en otras lenguas

Español Beatriz
Alemán Beate, Beatrice, Beatrix
Catalán Beatriu
Checo Beatrice
Euskera Batirtze
Francés Béatrice
Griego Βεατρίκη (Beatríke)
Holandés Beatrix
Húngaro Beatrix
Inglés Beatrice
Italiano Beatrice
Latín Beatrix
Lituano Beatričė
Polaco Beatrycze
Portugués Beatriz
Rumano Beatrice
Ruso Беатриса (Beatrisa)
Sardo Beatrìci
Sueco Beatrice ... (ver texto completo)
Al cabo de unos años, Suiza se libró del yugo extranjero y sus gentes recobraron la paz. Y todavía hoy se recuerda la gran hazaña del legendario Guillermo Tell.
Luego, a través de la niebla, trepó por la ladera de la montaña hacia su casa, donde le esperaba su hijo.
Guillermo tomó la ballesta de un soldado, saltó sobre la proa, se agarró a las ramas de un árbol y alcanzó tierra firme. Los soldados extranjeros fueron engullidos por el lago.

En la orilla opuesta se hallaba Gessler, observando horrorizado el trágico fin de sus mejores soldados. Hincando una rodilla en tierra, Guillermo apuntó la ballesta y disparó… clavando la flecha en el corazón de Gessler.
- ¡Sólo Guillermo Tell es capaz de dominar un barco con este temporal! —exclamó el capitán, mientras los demás gritaban: “ ¡Que nos salve Tell! ¡Que se haga cargo del barco!”

Guillermo fue desatado y empuñó la caña del timón, haciendo girar la proa del barco en aquel torbellino de lluvia y espuma. Apenas si conseguía las rocas de la orilla que rasgaban el agua como afilados dientes.

Giró el timón y una ola gigantesca levantó el barco y lo dejó caer sobre las rocas. ¡La quilla se partió en dos!
Los soldados ataron a Guillermo y lo condujeron hasta el transbordador, rumbo a la siniestra fortaleza.

- ¡Vete a casa, hijo! —gritó Tell—. ¡Vete a casa y espérame!

Cuando la embarcación alcanzo la parte más profunda del lago, se levantó un fuerte viento. El lago era una masa de olas gigantescas. La embarcación cabeceaba y se balanceaba. Los soldados estaban aterrados.
—De haber matado a mi hijo con la primera -respondió Guillermo sin alterarse—, habría clavado la segunda en tu despiadado corazón, Gessler.

El duque, enfurecido, exclamó:

— ¡Morirás por tu traición! ¡Llevadle al castillo de Kussnacht al otro lado del lago y dejad que las bestias de la bodega lo devoren vivo!
El niño permaneció inmóvil y vió cómo apuntaba el arco a su frente. Vio la punta metálica de la flecha reluciendo al sol. Contuvo la respiración. Sonó un ruido vibrante y la manzana cayó a sus pies en dos mitades. ¡Su padre había ganado la libertad!

Gessler trató de disimular su ira. Entonces cayó una segunda flecha del forro de la chaqueta de Guillermo.

— ¿Por qué cogiste dos flechas?
Entonces se oyó una voz que dijo:

—Tú puedes hacerlo, padre. Sé que puedes. No temas, no moveré un músculo hasta que hayas hecho diana en la manzana de mi cabeza.

Los soldados amarraron al chico al árbol y colocaron una pequeña manzana roja sobre su cabeza. Guillermo montó una flecha en su ballesta.
Guillermo no imaginaba por qué Gessler le brindaba la oportunidad de seguir libre. El tiro era ciertamente difícil, pero estaba seguro de conseguir partir la manzana y accedió. Con que se encaminaron a un campo donde crecía un joven roble. El duque, riendo, dijo: —Ahora, amarrad al chico al árbol y colocad sobre su cabeza una manzana. ¡Seguro que nuestro amigo se esmerará en no errar el tiro! Gessler sonrió satisfecho al ver palidecer a Tell. Había descubierto su punto débil: adoraba a su hijo. ¿Qué ... (ver texto completo)
En tal caso sería una lástima que te pudrieras en la cárcel. Voy a hacerte la siguiente proposición: Si eres capaz de clavar tu flecha en una manzana a una distancia de cien pasos, te dejaré libre.
Guillermo Tell, por el delito de desacato a mi sombrero, podría arrojarte a las mazmorras del castillo de Kussnacht para el resto de tus días.

Guillermo Tell

Guillermo mantuvo erguida la cabeza y miró al duque con calma y serenidad.

Gessler se puso furioso. ¿Es que no había forma de desmoralizar a aquel hombre?

“Sí”, pensó sonriendo cínicamente, “tal vez sí exista un medio”.
... (ver texto completo)
—El duque nos ha ordenado que hagamos una reverencia cada vez que pasemos frente a ese palo.

— ¡Qué majadería! ¡Me niego a inclinarme ante un sombrero!— Y cruzó la plaza seguido de su hijo.

— ¡Deténte! —dijeron unos soldados, al tiempo que se abalanzaban sobre él.

Una vez reducido, condujeron a Tell y a su hijo a la corte del duque. Gessler se frotó las manos de satisfacción y dijo:
En ocasiones, sin embargo, tenía que bajar a Altdorf en busca de provisiones. Un día, durante una de esas visitas, se quedó estupefacto al ver que todas las personas que cruzaban la plaza se inclinaban ante un palo alto coronado por un sombrero.

— ¿Qué pasa aquí? —preguntó.
El valor y la destreza de Tell habían hecho de él un héroe a los ojos de sus paisanos. Por ese motivo, Gessler le odiaba y temía. De modo que Guillermo Tell, a fin de evitarse problemas, se fue a vivir a las montañas con su hijo, a quien quería más que a nadie en el mundo.
Guillermo Tell

Guillermo Tell era muy apreciado entre los habitantes de la población suiza de Altdorf, su ciudad natal. Era el mejor navegante en todo el lago de Lucerna, y el mejor arquero. Y odiaba al cruel duque Gessler, que había sido enviado por una potencia extranjera para gobernar y someter a aquella región.
AUTOR:

Este cuento es una traducción del cuento original de:

Bad, bad bunny trouble

Autor e Ilustrador – Hans Wilhelm

Traductora – Paula Raynal
Liza les dijo a todos:

-Federico será el mejor futbolista del mundo. Nadie más habría podido disparar un tiro así.
Brutus galopó tras ellos y los hizo aullar y correr despavoridos.

Federico sabía que esta vez los zorros se habían ido para siempre.

- ¡Bien hecho, Brutus! -gritó desde la ventana- ¡Lo logramos!

El peligro había pasado. Los conejos salieron del sótano. Cuando descubrieron lo que Federico había hecho, lo aplaudieron emocionados. Y todos felices celebraron no solamente el cumpleaños de Liza sino también su buena suerte.
Resoplando, rompió el corral, echó abajo la puerta del galpón y salió.

Estaba tan furioso que nada podía detenerlo.

¡Había sólo una cosa que Brutus odiaba, más aún que el ser molestado mientras dormía la siesta, y eso era el color rojo!

Yeso fue, ni más ni menos, lo que vio cuando irrumpió en el patio

…¡tres zorros rojos como carros de bomberos!
…que cayó sobre el cerdo e hizo chillar de risa a los cerditos. Rieron con tantas ganas que volcaron el cubo de leche. La leche empapó completamente al cabrito.

¡Sacudiéndose y tratando de secarse, el cabrito despertó a las ovejas y las asustó tanto…

…que cayeron sobre la escalera, que tiró y desparramó los fardos de pasto…

…que fueron a caer sobre…

Brutas, el toro!
... (ver texto completo)
Federico puso su pelota de fútbol en el borde de la ventana. Este sería el tiro más importante de su vida.

Federico le dio con todo.

La pelota salió disparada y desapareció por la ventana abierta del galpón.

-Ja, ja, ja! ¡No nos dio! -rieron los zorros, dando otro fuerte golpe a la puerta.
Esto fúe demasiado para los zorros. Furiosos volvieron a los arbustos.

- ¡Victoria!-, gritó Federico, pateando su pelota de fútbol a través del cuarto.

gol-de-federico-44Pero casi inmediatamente sintió unos fuertes golpes. Todo comenzó a temblar en el altillo.

; Qué estaba pasando ahora?

¡Los zorros habían regresado! Y trataban de entrar derribando la puerta.
... (ver texto completo)
Pronto los tres zorros volvieron con una escalera muy larga. Comenzaron a subir hacia la ventana del altillo.

Pero Federico estaba preparado. Había alineado todos los tarros de pintura, destinados a los huevos de Pascua, y los fue arrojando uno por uno sobre los zorros: primero el amarillo, luego el azul, enseguida el violeta, y finalmente un gran tarro de pintura color rojo brillante.
I. os salvajes animales no estaban preparados para esto. Maltrechos y cubiertos de claras y yemas, miraron hacia arriba y vieron a Federico, que reía a carcajadas en la ventana del altillo. Murmuraron algo y desaparecieron entre los arbustos
¡Rápido! Había que pensar en hacer algo. Federico tomó un enorme canasto lleno de huevos y lo arrojó por la ventana.

En ese momento, los zorros llegaban corriendo dispuestos al ataque. Pero tropezaron, cayeron y chocaron entre ellos en la resbaladiza mazamorra de los huevos rotos.
Federico miró por la ventana, y vio tres zorros grandes y salvajes.

¡Ahora estaban todos en terribles problemas!

Abajo, conejos, conejas y conejitos lloraban y temblaban, cerraron las ventanas v echaron cerrojos a las puertas.

Luego todos bajaron al sótano, que era el lugar más seguro.

Y con tanto alboroto, nadie se acordó de Federico.
De pronto, Federico oyó unos gritos estremecedores que llegaban desde afuera. A lo lejos escuchó un canto aterrador.

¡Hop, hop, hop! Conejitos hop. Somos tres zorros amigos que a buscar hemos llegado los más tiernos conejitos para un delicioso asado. ¡Hop, hop, hop! Conejitos hop.
-Federico, ¿cómo pudiste hacer eso? -exclamó mamá Coneja espantada- ¡Sube al altillo inmediatamente! ¡Más tarde me ocuparé de ti!

Gol de Federico
Gol de Federico

Las mejillas de Federico ardían mientras subía las escaleras. Pero realmente no le importaba. El altillo era el taller donde los conejos decoraban los huevos de Pascua. Una habitación grande y agradable, perfecta para jugar a la pelota.