Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:

- ¿Cómo estás, estudiante?
El soldado empezó a revolverse dentro del costal, hasta que logró hacer un agujero por el cual sacó la cabeza. Vio entonces que se acercaba un estudiante.
El buen hermano lo creyó sinceramente y siguió al perverso. No habían caminado cien pasos, cuando los asesinos cayeron sobre él y se dispusieron a colgarlo de un árbol. Mas cuando iban a realizar su criminal intento, se oyeron voces procedentes de la lejanía. Los malandrines metieron apresuradamente al pobre hombre dentro de un costal, colgaron a éste de una rama y lo dejaron allí abandonado.
- ¡Mira, hermano: acabo de enterarme del lugar donde se encuentra enterrado un tesoro! Si vienes conmigo, nos lo repartiremos.
Y así, el rico se vio obligado a cargar el nabo en su carroza y a llevárselo a su palacio. Cuando llegó, subió a su cuarto y dio rienda suelta a su rabia. determinado matar a su hermano. Con este fin ofreció una fortuna a unos malhechores y, yendo con ellos a casa de su pariente, le dijo:
El monarca aceptó los presentes y, después de reflexionar un rato, le comentó que no encontraba nada más digno para corresponder a su generosidad hacia su real persona que regalarle el nabo enorme, que suponía una gran riqueza dada su rareza.
Cuando el hermano rico oyó contar la inesperada fortuna de su pobre pariente, le invadió un terrible envidia, sobre todo al saber que aquélla se debía a un miserable pero enorme nabo con el que había obsequiado al rey. Creyendo capaz de hacerlo mejor, llevó de regalo al monarca los mejores caballos de su cuadra, los mejores bueyes de su establo y las más preciosas joyas de sus cofres.
- ¡Da por terminada tu pobreza desde hoy! – exclamó el rey-. Te daré tantas riquezas que no tendrás que envidiar nada a tu rico hermano.

El naboY dicho y hecho, hizo entregar al soldado-labrador tierras, caballos, bueyes, herramientas de labranza, rebaños de ovejas y un cofre que contenía monedas de oro.
- ¡Oh, no Majestad, no!- explicó el labrador-. Soy un pobre soldado que por no tener medios para vivir, he tenido que dejar el uniforme y me he metido a agricultor. Tengo un hermano que es rico y bien conocido de vuestra majestad; pero yo, como no poseo nada, he sido olvidado.
– ¡Confieso que jamás en mi vida he visto nada parecido!- dijo el soberano-. ¿De qué especie de simiente has obtenido este fruto? ¿O acaso eres un mago?
Puso el gigantesco nabo en una carreta tirada por cuatro bueyes y emprendió el camino hacia el palacio real. El rey lo recibió muy amablemente y quedó asombrado al ver un nabo tan grande.
El atribulado hombre no sabía qué hacer con el nabo, hasta que pensó que si lo vendía no le darían gran cosa por él y que si lo comía tendría igual sabor que los nabos corrientes. Entonces resolvió llevárselo al rey.
Pronto la semilla germinó y emergió del suelo un nabo, que fue desarrollándose hasta alcanzar un tamaño descomunal. Una vez extraído, era tan enorme que él solo llenaba una carreta, y se necesitaron dos bueyes para poder tirar de ella.
El nabo

Hubo una vez dos hermanos que habían cumplido su servicio como soldados. El primero llegó a ser rico como un rajá, mientras que el segundo quedó más pobre que las ratas; tuvo que convertirse en labrador, limpió su terreno, lo cavó y sembró con semillas de nabo.
Entonces cada uno sujetó al que tenía delante de él y Cola de Algodón agarró la trampa, y todos juntos tiraron y tiraron. Y eran tantos y tiraron tan fuerte, que al final la trampa se aflojó y el Gran Oso Pardo marrón quedó libre. Entonces todos volvieron a casa juntos, y cuando llegaron allí, ¡quién verían allí de pie en la puerta sino a la propia pequeña Coneja Blanca! Ella se había escapado de su pequeño hijo y había vuelto para cuidar de sus propios bebés otra vez. ¡Y quizás no lo creeréis pero ... (ver texto completo)
Por supuesto que te ayudaremos”, dijeron todos los pequeños conejitos.
“pero te ayudaremos ahora pues te queremos porque has sido muy bueno con nosotros y no te sabes enfadar”.
“Lo sentimos porque fuimos muy traviesos y te hicimos salir de casa, Gran Oso Pardo”, dijo.
Así todos los pequeños conejitos salieron y buscaron al Gran Oso Pardo. ¿Y donde pensáis que lo encontraron? Se había quedado también atrapado en una trampa y no se pudo liberar. Entonces los pequeños conejitos se arrepintieron aun más, porque recordaron lo bueno que había sido con ellos. Pero Cola de Algodón habló el primero porque era el mayor.
“Vosotros debéis venir también y ayudarme”, respondió Cola de Algodón.
“ ¿y qué haremos nosotros?”
“ ¡Sí!” lloraron,
“Saldré a buscar al Gran Oso Pardo y traerlo de vuelta a casa”. Los pequeños conejitos se alegraron mucho de esto”.
“Yo soy el mayor”, dijo,
“Vamos a molestarle y a ver si le podemos despertar”, respondió Cola de Algodón. Y así lo hicieron todos los pequeños conejitos solo pensaron en molestar al Gran Oso Pardo. Saltaron arriba y abajo en su espalda, y algunos de ellos le tiraron de las orejas, y uno de Ellos incluso le hizo cosquillas en la nariz con una paja; cada uno de ellos empezaron a ver como de traviesos podían ser. Podeis estar seguros de que el Gran Oso Pardo no tuvo una larga siesta. Pero cuando se despertó no les regañó en ... (ver texto completo)
“ ¿Y qué haremos ahora?” preguntaron.
“No nos portemos bien más. El Gran Oso Pardo no sabe como enfadarse, y nunca nos va a regañar demasiado”. Por supuesto, todos los pequeños conejos pensaron que sería muy agradable no ser buenos nunca más.
“me quedaré hoy en casa y miraré lo que hacen estos conejos traviesos”. Y mientras que él estuvo mirando a los conejos ellos se portaron bien. Pero después de un rato, estaba muy cansado y y se tumbó para echarse una siesta. Entonces, de la misma manera que lo había hecho antes, Cola de Algodón reunió a sus hermanos a su alrededor, y les dijo en voz baja:
“ ¡Comámonos su miel!” respondió Cola de Algodón. Y así lo hicieron, ¡hasta la última gota de miel! Entonces saltaron en su cama y la dejaron toda revuelta, y fueron tan traviesos como lo puede ser un conejo. Cuando el Gran Oso Pardo volvió a casa, se lamentó mucho de ver lo que habían hecho pero no les regaño mucho, porque era un oso con corazón amable y no sabía como enfadarse. Únicamente, cuando llegó la siguiente mañana, se dijo a sí mismo:
“ ¿Y qué haremos?” preguntaron.
“El Gran Oso Pardo se ha ido y no sabrá lo que estamos haciendo. ¡Vamos a divertirnos hasta que vuelva! Los pequeños conejos estaban listos para tirar sus libros.
“No vamos a leer más”, dijo.
Entonces, una mañana, cuando el Gran Oso Pardo Marrón había salido a pasear, Cola de Algodón tiró sus libros y llamó a sus pequeños hermanos y hermanas a su alrededor.
“ ¡Sí, por su puesto!” lloraron todos los pequeños conejos. Así, al final el Gran Oso Pardo les dejó pasar dentro de su casa y empezó a cuidar de ellos, y al principio todo fue bastante bien. El Gran Oso Pardo Marrón simplemente cuidó tan bien de todos los pequeños conejos como de su propia casa. Les lavaba la cara a todos cada mañana, y les cepillaba su pelaje de la manera correcta. También arreglaba todas sus ropas e incluso consiguió libros para ellos y empezó a enseñarles las letras. Por un tiempo ... (ver texto completo)
“Sí, por su puesto”. respondió Cola de Algodón.
“ ¿Prometeis ser buenos chicos y hacer siempre lo que yo os diga?” preguntó.
“ ¡Sí, por favor!” hicieron eco todos sus pequeños hermanos y hermanas. Ahora para decir la verdad, el Gran Oso Pardo no deseaba mucho hacerse cargo de todos los pequeños bebés de la Pequeña Coneja Blanca porque eran muchos y todos parecían tener mucha hambre. Pero cuando pusieron sus pañuelos sobre sus ojos y parecieron tan tristes, él no los pudo dejar marchar porque era un oso con tan buen corazón.
“Sí, si usted es tan amble”, respondió Cola de Algodón educadamente, y
“dejadme ver. ¿Entonces eso es lo que dijo vuestra madre?”
“Bien, bien” dijo el Gran Oso Pardo
“ ¡Es muy sabio y muy amable y nunca se enfada!” repitieron todos los pequeños conejos detrás de sus pañuelos.
“y antes de que se marchase”, continuó Cola de Algodón,

“nos dijo que si algo le pasase a ella, nosotros teníamos que venir aquí y pedirle que cuidase de nosotros porque usted es muy sabio y muy amable, y nunca se enfada”.
“y antes de que se marchase”, continuó Cola de Algodón,
Yo tenía cariño a tu madre. Ella venía a verme a menudo.”
“ ¡eso son muy malas noticias!”
“Oh querido”, dijo el Gran Oso Pardo, muy afectado
“ ¡Nunca más volverá con nosotros! Lloraron todos los pequeños conejos, sujetando sus pañuelos sobre sus ojos, como Cola de Algodón les había dicho que hiciesen”
“Pequeña Coneja Blanca, nuestra madre, está perdida”, dijo Cola de Algodón en voz muy alta y __, pues intentaba ser muy educado,

“y nunca más volverá con nosotros”.
“Sí, todos haremos lo que tú digas”, respondieron los pequeños conejos. Entonces Cola de Algodón les dijo lo que debían hacer. Ese mismo día se pusieron todos sus mejores ropas y fueron a través del bosque hasta la casa del Gran Oso Pardo. Cuando habían llagado cerca de la casa, vieron al Gran Oso Pardo de pie en la entrada. Él se sorprendió de ver a tantos pequeños conejos viniendo a través del bosque, pero todavía se sorprendió más al verlos parar delante de su casa.
“Pequeña Coneja Blanca no volverá nunca más con nosotros. Se ha perdido. Y si nos quedamos aquí solos nos moriremos de hambre, por lo que tenemos que hacer lo que nuestra madre dijo. Debemos ir al Gran Oso Pardo y pedirle que cuide de nosotros. Él es muy amable y sabio, y lo hará bien. Yo le preguntaré porque soy el mayor y vosotros debéis hacer lo que yo diga.”