Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:

Desde entonces hay paz en los volcanes de El Salvador. Don Tonio y sus hermanos huyeron a otras tierras, mientras que los cadejos y la gente de los volcanes celebraron una gran fiesta que se convirtió en una inmensa fiesta nacional.
Fue así que los soldados de plomo se dieron cuenta que no era posible derrotar a los cadejos, ni pisotear a las campánulas, y, en fin, ni subir a los volcanes a hacer el mal. Y sabiendo que tenían la debilidad de estar hechos de plomo, lo mejor era cambiar de oficio y dedicarse a cosas más dignas.
Los soldados de plomo se sentían muy mal y se sentaron a llorar sobre las piedras. Pero éstas estaban tan calientes que se les derretían las nalgas.
Al principio, los soldados sentían sólo un picazón, pero al ratito los pies se les comenzaron a derretir. Entonces Tecapa se sacudió el vestido y empezó a remojarles. Y los cuerpos de los soldados de plomo chirriaban, como cuando se le echa agua a una plancha caliente.
Al día siguiente, cuando los soldados de plomo venían subiendo los volcanes, comenzó el Chaparrastique a quitarse el sombrero de fumarolas y a soplar sobre todo su cuerpo, hasta que ni él mismo aguantaba el calor.
Y Tecapa se lo sacudió.

-Y eso, ¿qué daño les puede hacer? – preguntaron los cadejos.

– Bueno- dijo Tecapa-, probemos y ya veremos.
– Entonces, ¡ya está!- dijo Tecapa

Los perros de los volcanes

Y Tecapa le dijo a Chaparrastique: – Míra, como yo tengo vestido de agua y tu tienes sombrero de fumarolas, simplemente comenzarás a abanicarte con el sombrero por todo tu cuerpo hasta que se caliente la tierra y entonces yo comienzo a sacudirme mi vestido de agua.
¿Sí?- respondieron los cadejos-. ¡Hasta sus pies están hechos de plomo!
¿El corazón y el cerebro son de plomo también?
Los cadejos nunca habían corrido tanto peligro.

Así es que buscaron la ayuda de los tatarabuelos, los volcanes Tecapa y Chaparrastique. Toda la noches los cadejos hablaron con los volcanes hasta que comentó Tecapa: – Dicen ustedes que son soldados de plomo.
Los soldados se pusieron furibundos.

Comenzaron a pisotear las campánulas y aplastar sus semillitas.- Ahora, los cadejos no tendrán qué comer- dijeron.
Pero no sabían que los cadejos visten un traje de luz de día y de aire, con lo cual se hacen transparentes. Los soldados de plomo busca que busca a los cadejos, pero no encontraban a ninguno.
Cazaremos los cadejos mientras duermen- dijeron los soldados de plomo-. Así podremos tomarlos desprevenidos sin correr ninún riesgo.
Los soldados de plomo marcharon hacia el volcan Tecapa, que es mujer y viste un ropaje espléndido de agua y un sobrero de nubes. Y marcharon hacia Chaparrastique, un volcán hermoso que lleva siempre su sombrero blanco de humo caliente.
Entonces, don Tonio y sus trece hermanos llamaron a los soldados de plomo y los mandaron para los volcanes a cazar cadejos. Los soldados se pusieron en camino con sus tiendas de campaña, sus cantimploras y sus armas centellantes.- Vamos a ser los soldados de plomo más bellos y más respetados del mundo- se dijeron.
– dijo un día don Tonio a sus hermanos.

Y los trece hermanos de don Tonio contestaron: -Sí, es cierto. La gente ya no quiere trabajar duro para nosotros. Quieren comer cuando tienen hambre. Quieren beber cuando tienen sed. Quieren descansar bajo la sombra de un árbol cuando arde el sol. ¡Y todo eso por los cadejos!
Los perros de los volcanes

Pero lamentablemente, no todos han querido siempre a los cadejos. ¡Qué va! A don Tonio y a sus trece hermanos, que eran dueños de la tierra de los volcanes, no les gustaban los cadejos para nada.

Los cadejos hechizan a la gente y la hacen perezosa!
Si un anciano se cansa de tanto trabajar bajo el sol ardiente, un cadejo lo transporta a la sombra de un árbol cercano. Por todo eso, la gente de los volcanes dice que, si no fuera por la ayuda de los cadejos, no hubieran podido sobrevivir hasta hoy en día.
Cuando la gente de los volcanes viaja de un pueblo a otro, siempre hay un cadejo que las acompaña. Si un niño está por pisar una culebra o caerse en un agujero, el cadejo se convierte en un soplo de viento que lo desvía del mal paso.
La gente que vive en las faldas de los volcanes quieren mucho a los cadejos. Dicen que los cadejos son los tataranietos de los volcanes y que siempre han protegido a la gente del peligro y de la desgracia.
Los perros de los volcanes

En los volcanes de El Salvador habitan perros mágicos que se llaman cadejos. Se parecen a los lobos aunque no son lobos. Y tienen el garbo de venados aunque no son venados. Se alimentan de las semillitas que echan las campánulas, esas lindas flores que cubren los volcanes y que parecen campanitas.
Y todas la noches ofrecian concierto gratis a todos los animales de los bosques cercanos.
Los músicos decidieron quedarse en la abandonada mansión, y allí vivieron y cantaron juntos durante muchos años.
Y toda la banda se alejó de allí temblando de miedo.
– En la casa hay una bruja que me ha arañado con sus uñas; y en la puerta, un hombre me ha clavado un cuchillo en la pierna; cuando me escapaba, un gigante me ha sacudido un garrotazo en la espalda, además, se oía la voz del juez gritando”Traédmelo aquí” mientras me tiraban de las orejas. He escapado de milagro…
Un vez a salvo, el maltrecho ladrón contó así asu jefe la trágica aventura:
Y cuando huía hacia el pajar, el burro le propinó una impresionante coz en la espalda; y el gallo, enfadado porque habían interrumpido su sueño, le picoteó la oreja gritando su “kikirikí”.
El bribón hablló todo en silencio. Entró a oscuras y quiso encender una cerilla. Entonces el gato le araño la cara y el ladrón echó a correr; pero tropezó con el perro, que le mordió en la pierna.
Tú- añadió señalando a uno de sus secuaces-, ve a ver quién hay dentro.
Cuando los ladrones vieron desde lejos que ya no había luz ni jaleo en la mansión, dijo el jefe de la banda:

– No debimos irnos.
Los cuatro músicos dieron buena cuenta del banquete y, tras brindar por el éxito de la compañía, se echaron a dormir plácidamente.
Los ladrones huyeron del caserón como almas en pena, sobrecogidos de terror.
Entonces, de pronto, entonaron su caótica melodía: rebuznos, ladridos, maullidos y cacareos entremezclados, que semejaban el alarido de una legión de brujas. enfadadas. Inmediatamente invadieron la habitación con el mayor alboroto que imaginar cabe.
El asno puso las patas delanteras en la ventana, el perro se subió a su lomo, el gato trepó al lomo del perro y el gallo se situó sobre la cabeza del gato.
– Pues yo estoy hambriento- dijo el perro, y los demás asintieron, y se pusieron a pensar un plan…
El asno se asomó a la ventana y susurró a los demás:

– En la mesa hay un banquete de primera, y unos ladrones se están poniendo las botas.
Al cabo de un rato llegaron a una vieja mansión.
-Podríamos ir allá, aquí hace mucho frío – sugirió el borrico.
Y siguieron su camino los cuatro músicos. Como estaba oscureciendo, se adentraron en un bosque para pasar en él la noche. Pero atisbaron a lo lejos una luz que parecía venir de una casa.
-No te resignes con tu fúnebre suerte; únete a nosotros. Tienes muy buena voz y nuestra orquesta te necesita- le animó el burro.
– He oído a mi dueña decir que vaya cebando para la Navidad. Por eso, mientras viva, lamentaré mi triste destino.
Partieron juntos. En su recorrido pasaron por delante de una granja donde había un gallo cacareando con todas sus fuerzas.

- ¿Pero bueno! ¿por qué gritas tanto? – preguntó el asno.
Queremos formar una orquesta y necesitamos tu colaboración.
– Vente como nosotros – le consoló el burro
Como me siento cansado y me gusta más estar tranquilo junto a la estufa que perseguir a ratones, mi ama me ha echado de casa
- ¿Se puede saber qué te aflige, viejo minino? – le preguntaron.

- ¡Oh!

-suspiró el gato-.
El perro aceptó y marchamos juntos. Poco después se encontraron con un gato que parecía triste y angustiado.
Vente conmigo; formaremos un dúo y nos haremos famosos.
-Yo voy a la ciudad – dijo el asno-; quiero ser músico.
Qué te pasa?

- ¡Ay! – se lamentó el perro-. Como soy viejo y he perdido el olfato, mi amo quiere matarme, por inútil:

así que me he escapado de mi querido hogar.