Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:

Esa noche, Marta volvió a comprobar el acuario. El agua se había instalado y se veía preciosa y clara, pero no había ni rastro del pequeño caracol. Se tumbó en la cama e hizo algunos ejercicios, estirando sus piernas y los pies apuntando al cielo. El estiramiento era bueno para los músculos y cuando Marta terminó, se arrodilló a mirar otra vez el acuario, pero seguía sin haber rastro del caracol.
“Probablemente está en la grava”, dijo su mamá. “Vamos a acabar el trabajo, que tengo que hacer la comida todavía.” Saco todos los peces del bol y los dejó caer en el agua limpia del acuario. Los peces no dejaban de nadar y daban vueltas y vueltas, alegrandose de tener un agua tan limpia.
Marta miró por todos los lados del acuario. No había ni rastro del caracol de agua
“En el lado”, dijo mamá. Estaba ocupada concentrándose en echar el agua.”No te preocupes he tenido mucho cuidado con él.”
“ ¿Dónde está el pequeño caracol?” Preguntó Marta.
Se llevaron los peces con mucho cuidado y los pusieron en un bol muy grande que tenía mamá para cocinar mientras vaciaban un poco de agua. Mamá usaba una aspiradora especial para limpiar la grava, mientras que Marta recortaba la maleza del estanque para dejarla a un tamaño adecuado y frotó el arco y el tubo de filtro. Mamá vertió agua nueva en el acuario.
Ese fin de semana decidieron que había que limpiar el acuario. “Hay una gran cantidad de algas en los laterales”, dijo mamá.
En la escuela, ese día, Marta dibujó un elefante. Necesitaba dos pedazos de papel para hacer los colmillos pero a su maestra no le importaba porque estaba contenta con el dibujo y quería ponerlo en la pared de la clase. En la esquina del dibujo, Marta escribió su nombre completo, y dibujó pequeños caracoles sobre las “a” de su nombre. La maestra dijo que era muy creativa.
“Sí lo son. Pero las cosas grandes también pueden ser muy bonitas. Ahora date prisa, voy a perder el tren.”
“Pero yo no quiero que sea demasiado grande o no será tan bonito. Las cosas pequeñas son más bonitas que las grandes, ¿no es así?”.
“Menos mal, sino se lo van a tragar todos los días varias veces”, dijo su mamá, tratando de ponerse el abrigo y comer tostadas al mismo tiempo.
“Creo que ha crecido un poco”, le dijo a su mamá en el desayuno al día siguiente.
Esto debe ser muy divertido”, pensó. Trató de imaginar como debe ser el tener que aferrarse a las cosas todo el día y decidió que probablemente era muy agotador. Después de darles de comer, se sentó al lado para observar como los peces nadaban, se perseguían y jugaban entre ellos. Entonces observó como uno de los peces de color naranja estaba absorbiendo grava y volviendola a lanzar, cuando en una de esas se tragó al pobre caracol que estaba paseando tranquilamente por la grava. Marta saltó de su ... (ver texto completo)
Esa noche Marta encendió la luz para encontrarlo, y estaba aferrado a la punta de una pequeña banderita que salía de la maleza del acuario. Estaba cerca del filtro de agua y se balanceaba con las burbujas de aire que salían de este.
Cuando llegó al cole al día siguiente contó a todas sus amigas el descubrimiento del caracol y les dijo que era tan pequeño que se le podía confundir con un pedazo de grava. Todas se pusieron a reír y una de las chicas de su clase dijo que parecía una mascota ideal para ella, ya que Marta era un poco bajita.
Vió los peces de colores naranja que eran grandes y gordos, que estaban dormitando en el interior del arco de piedra. Mandíbulas estaba despierto, y nadaba a lo largo de la parte delantera del depósito moviendo rápidamente la cola y haciendo que en el agua se formara espuma y muchas burbujas. Tardó Marta un tiempo en encontrar al pequeño caracol y lo encontró pegado en la parte inferior del acuario, justo al lado de la grava.
“Seguro que crece y se hace muy grande”, dijo Marta y bajo corriendo a desayunar. Por la noche y antes de acostarse encendió la luz de su tanque de peces.
“Vaya qué pequeño es”, dijo la mamá mientras miraba al pequeño caracol de agua. “Sólo un punto negro.”
Mi pequeño caracol

Cuando una mañana de domingo Marta se despertó, enseguida pensó en dar de comer a sus peces, la noche anterior estaba muy cansada y se fué a dormir enseguida. Con alegría se acercó a su pecera y con gran asombro descubrió que increíblemente se había metido un caracol en ella. Rápidamente llamó a su madre para que lo viera.
El joven volvió con Melisa a su reino y se casó con ella. El matrimonio fue tan feliz que la buena nueva se extendió por todo el reino. Cuando los padres de la joven oyeron hablar de la hermosa Princesa Melisa, supieron que su hija estaba bien y que era muy feliz, y se sintieron muy orgullosos.

Esta es una versión del cuento Rapunzel.
El príncipe estaba flaco y harapiento, pero Melisa lo reconoció en seguida. Le rodeó el cuello con los brazos y lloró de alegría. Sus lágrimas cálidas cayeron sobre los ojos del príncipe, y en pocos segundos éste recuperó la vista.
Un día llegó a un valle. Era un lugar muy solitario, pero oyó que alguien cantaba.

- ¡Conozco esa voz! -exclamó-. ¡Es mi amor! ¡Mi Melisa!

Siguió la dirección de la voz y allí, por fin, la encontró.
Durante muchos años el príncipe vagó, triste y ciego, por los bosques y las montañas. Quería buscar a Melisa, pero ¿cómo hacerlo, si no podía ver? Preguntó por ella, pero nadie había visto a una hermosa joven de ojos violeta y cabello corto y dorado.
- ¡Se ha ido! ¡La muchacha se ha ido! -cacareó la bruja- Tu pajarito cantor ha volado. Jamás volverás a verla.

Entonces arrojó al príncipe por la

ventana. El joven cayó entre los arbustos; las afiladas espinas le arañaron los ojos y le cegaron. Tambaleándose, se alejó por entre los árboles.
La bruja ató la trenza de Melisa a una silla pesada que estaba debajo de la ventana y se la ajrojó al príncipe. Este trepó rápidamente, pero al llegar arriba descubrió que quien le recibía no era Melisa, sino la vieja bruja.
-Ahora, desagradecida, verás lo que puedes hacer sin mí -chilló la bruja.

Voló con Melisa a un valle solitario y la abandonó allí, sola y sin recursos.

Más tarde, al caer la noche, la bruja volvió a la torre a esperar al príncipe.

Después de un rato, le oyó gritar:

- ¡Melisa, Melisa, tírame la trenza!
- ¡Malvada! -gritó la bruja- Creí que te tenía bien guardada. ¡Así que durante todo este tiempo me has estado engañando!

Recogió unas tijeras enormes y tomando la trenza de Melisa, se la cortó.
Desde aquella noche el príncipe fue a ver a Melisa todas las tardes. Y cada día ella trenzaba una cuerda con el hilo que él le llevaba. La bruja no se dio cuenta de nada. Pero Melisa estaba tan enamorada que no pensaba más que en el príncipe. Un día, cuando la vieja trepó por la ventana, Melisa le dijo, sin pensarlo:

-Eres mucho más pesada que el príncipe.
Me encantaría ir contigo -dijo-, pero ¿cómo conseguiré escapar de la torre? Tú puedes bajar por mi trenza, pero yo no tengo con qué bajan Pensó un momento y añadió: -Ven a verme todas las tardes, y cada vez que vengas, tráeme un poco de hilo de seda. Lo trenzaré y haré una cuerda muy fuerte. Cuando esté terminada, podremos escapar juntos.
Se enamoró de ella en el mismo momento en que la vio y le contó cómo había ido a escucharla día tras día. Poco a poco. Melisa dejó de tener miedo.

-Cásate conmigo y deja esta horrible prisión -le dijo.

El príncipe era joven y guapo, y a Melisa le gustó.
- ¿Quién eres? -preguntó, lorosa.

-No tengas miedo -dijo suavemente el príncipe, tomándola de la mano.
Oyó un suave zumbido y la trenza cayó por el muro. El príncipe se apresuró a subir y entró en la torre trepando por la ventana. Melisa jamás había visto a un hombre. Se asustó mucho y retrocedió.
Esa noche regresó a la torre. - ¡Melisa, Melisa, tírame la trenza! -gritó.
“Así que esto es lo que debo hacer para saber quién canta”, pensó el príncipe.
El príncipe vio caer la trenza de la muchacha y cómo la bruja subía por ella a la torre. r- *
- ¡Melisa, Melisa, tírame la trenza! -gritó la bruja.
Un día, mientras el príncipe estaba escuchando, vino la bruja. El joven se escondió detrás de un árbol y esperó a ver qué pasaba.
El príncipe jamás había oído una voz tan dulce y tan suave. Detuvo su caballo y se paró a escuchar. Buscó la puerta de la torre, pero no pudo encontrarla, y se fue a caballo. Pero volvió al día siguiente, y al otro, y al otro… Se sentía tan atraído por aquella voz que decidió averiguar quién cantaba.
Un día, un príncipe que cabalgaba por el bosque se perdió y pasó junto a

Melisa estaba aislada del mundo. Todos se olvidaron de ella. La única persona a la que veía era a la vieja bruja, que iba a visitarla todos los días para llevarle comida. Se detenía bajo la torre v la llamaba:

la torre de Melisa. La oyó cantar; solía hacerlo para no sentirse sola.
Entonces Melisa soltaba su trenza y se la arrojaba a la bruja, que trepaba por ella utilizándola como una cuerda.
- ¡Melisa, Melisa, tírame la trenza!
Algunos meses más tarde, el matrimonio tuvo una niña. El mismísimo día en que nació, apareció la bruja. Ellos le imploraron que les dejara su hija, pero la bruja no les hizo caso. -La llamaré Melisa -se burló cruelmente. Recogió el bebé en su capa y se lo llevó. Melisa creció y se transformó en una niña muy hermosa. Tenía unos ojos color violeta y una cabellera de oro, muy larga, que llevaba recogida en una gruesa trenza. A! cumplir doce años, la bruja se la llevó a un bosque oscuro y sombrío y la ... (ver texto completo)
El hombre estaba tan desesperado que accedió, y volvió corriendo junto a su mujer.
-Muy bien, puedes llevártela -respondió la bruja-, pero con una condición. A cambio de la melisa, deberás darme tu primer hijo.
-Perdóname -suplicó el hombre-Mi esposa está muy enferma y morirá si no le llevo esta hierba.
- ¡Ladrón! -chilló-. ¡Maldito seas! ¡Cómo te atreves a venir a mi jardín a robarme mis plantas!
Así que esa noche, muy tarde, su marido volvió a franquear el muro del jardín. Justo cuando arrancaba la hierba, apareció la bruja.
-Por favor-imploró a su marido-. Si no me traes más melisa, moriré.
Su mujer se sintió mucho mejor después de comer la hierba. Pero al día siguiente quiso más.
Esperó la caída de la noche y trepó por el muro para entrar en el jardín de la bruja. Con el corazón encogido, miró alrededor. No había nadie. Encontró la

melisa, arrancó una brizna y volvió corriendo a casa.