Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:

Estos acontecimientos hicieron de Biancabella una joven todavía más atractiva, y los pretendientes se multiplicaron. Tras unas consultas y acercamientos, el padre de Biancabella, marqués, accedió al matrimonio de su hija con Ferrandino, monarca de un reino no muy lejano. La ceremonia se celebró por todo lo alto, con todos los agasajos y el lustro que el momento merecía.
Biancabella se angustió y, de vuelta a su palacio, su madre sintió la pesadumbre en ella, y le preguntó. Sin responder, Biancabella pidió los dos cubos y, cuando se los hubieron llenado, los llevó al jardín. La serpiente le instó a bañarse dentro de ellos. A pesar de lo hermosa que Biancabella ya era, el baño le hizo más bella. Y, cuando su cabello fue peinado, de él se desprendieron joyas; y, cuando sus manos fueron lavadas, de ellas se derramaron flores.
Aunque el embarazo transcurrió con normalidad, el parto causó conmoción entre las matronas, quienes aseveraban que la niña que nació portaba una serpiente alrededor de su cuello, la cual se escapó sin atacar a nadie de los presentes. La hija de los marqueses fue bautizada como Biancabella, y tuvo una infancia feliz y con los mayores de los cuidados. Así fue hasta que un día, cuando contaba diez años, la serpiente se le apareció en el jardín, y empezó a hablarle. El ofidio le confesó, nada más y nada ... (ver texto completo)
Biancabella y la serpiente

bianca-bella-serpienteEn las épocas de los reyes, de los duques y los condes, hubo un marqués que no tenía hijos. Un día cualquiera, no muy diferente de cualquier otro, su esposa yacía descansando en el jardín, cuando una serpiente, sibilina y reptando entre la hierba, se deslizó hacia su seno. No se le dio más importancia a tal evento hasta que, poco después, se supo la noticia de que se había quedado embarazada.
Empezamos la Semana Santa.
Cuidadin con los desplazamientos, que quiero que estéis todos de vuelta.
Saludos. rs
Felicidades a las Dolores, Lolis y Lolas.
El destino les había deparado miel y sonrisas, pues Aurora así ya era feliz pese a estar todos perdidos en tierra desconocida. Pero es que no acabaría así la historia, pues Aurora, Beaujour e Ingénu fueron rescatados por los embajadores, quienes navegaron por encontrarse con su futuro rey.
En su tierra de siempre, en adelante Ingénu reinó, con dicha para su gente y felicidad para su familia. Y Aurora jamás volvería a quejarse de sus desgracias, pues había aprendido por experiencia que éstas bien ... (ver texto completo)
Tuvieron suerte esta vez, pues en la tierra donde naufragaron Aurora halló a su hijo desaparecido, Beaujour, en brazos de una misteriosa señora. Ésta les contó que tiempo atrás su marido era pirata, y había raptado al niño. Pero ellos mismos también habían naufragado y tanto ella como el pequeño habían logrado salvar la vida.
Y pasó el tiempo, hasta cuatro años, y Fourbin murió de desdicha y locura, pues tal era la crueldad de su esposa Aimée, que ni él mismo pudo soportarla. Los habitantes del reino expulsaron a Aimée de sus tierras, y enseguida fueron en busca de Ingénu para proclamarlo su nuevo rey. Tras la visita de los embajadores a Ingénu ofreciéndole el trono, éste, su esposa Aurora y la pastora se embarcaron de vuelta a casa. Pero no todo podía salir según lo previsto, y el infortunio los abordó de manera tal ... (ver texto completo)
Ingénu se puso enseguida al servicio de su nuevo rey, e hizo uso de su valía y destreza en el combate para acabar con el Comandante de los enemigos del reino. Muerto el mandamás, sus tropas huyeron despavoridas. El monarca se mostró tan agradecido que adoptó a Ingénu como hijo propio, en vistas de que no tenía vástagos.
De vuelta a la corte, Fourbin ordenó a sus sirvientes que le llevasen retratos de mujeres hermosas del reino, pues ahora estaba ávido por contraer matrimonio con alguien. La casualidad, el destino, o como quieran llamarlo, hizo que Fourbin se embelesase con la imagen de Aimée, la hermana de Aurora.
Pasó un año entero, y Aurora entretanto tuvo un niño: Beaujour. A pesar de los cuidados y atenciones que sobre él su madre tenía, un día desapareció, algo que apesadumbró profundamente a Aurora e Ingénu. La pastora, fiel a su filosofía, les tranquilizó que seguro que el desvanecimiento de Beaujour tenía un sentido para Dios. Y así fue, pues a veces no hay mal que por bien no venga, y esta ocasión fue una de esas. Los soldados de Fourbin llegaron a la casita del bosque bajo la ordenanza de acabar con la vida del sobrino del rey. Al no poder encontrarlo, se cobraron el castigo por su cuenta, y pusieron en un barco a Ingénu, Aurora y la pastora. Juntos, navegaron hacia un reino que se encontraba dividido por la guerra y la contienda. ... (ver texto completo)
Mientras tanto, Ingénu le contó a su hermano acerca de su prometida. El rey, enfurecido, no consentía que su hermano se casase sin su permiso, y lo amenazó con casarse él mismo con Aurora como venganza, si ella era bella. Por esa misma razón, ambos hermanos acudieron juntos a la casa de la pastora, perdida en medio del bosque. Nada más ver la cara arañada de Aurora, Fourbin se retractó de su deseo de casamiento, e instó a su hermano a hacerlo. El castigo fue el no permitir que los recién casados ... (ver texto completo)
Ingénu se declaró, y rogó que le dijese si estando a su lado sería infeliz o dichosa. Aurora se sinceró diciendo que una dama no podría ser otra cosa que feliz al lado de un marido pleno de virtudes, las cuales alabó. La pastora consintió, a sabiendas que sería un buen esposo para Aurora. Una vez consolidad el compromiso, el príncipe partió, con la promesa de retornar en tres días.
Durante ese tiempo, Aurora cayó sobre un matorral mientras reunía al ganado, una planta dura y espinosa, y sufría ... (ver texto completo)
La pastora le enseñaría a Aurora cómo disfrutar de su vida sin aburrirse, algo que la joven aceptó de buena gana. Sus días se basarían en rezar, trabajar, leer y pasear; una cotidianeidad sencilla pero plena. Aurora encontró su nueva existencia, al menos aparentemente, muy grata y nada monótona.
Y así vivió Aurora, día tras otro, hasta que uno, en apariencia nada diferente del resto, un príncipe llegó cazando. Ingénu, que así se hacía llamar, era bondadoso, todo lo contrario que su hermano Fourbin, ... (ver texto completo)
Aurora clamó por que le dejara dormir en la cabaña, pues nunca había vivido fuera de su hogar y en el bosque no duraría frente a las bestias que allí moraban, como los lobos. La pastora accedió pero, como era lógico por otra parte, le pidió que le contase toda su historia. Aurora lo hizo, y se lamentó de la crueldad de su madre, al tiempo que culpó a Dios de su fatídico destino. Esto último no sentó nada bien a la pastora, quien le dijo que no blasfemase, pues los planes de Dios siempre son bondadosos, ... (ver texto completo)
La despreocupación de la madre se vio parcialmente compensada con la intención de proteger verdaderamente a su primogénita, y para ello envió a un guardián con ella en su camino. Pero tal fue la irresponsabilidad del encargado, que en un gran bosque decidió evadirse de su cometido y abandonó a Aurora a su suerte. Al despertarse y encontrarse sola, Aurora rompió en llanto. Cuando las fuerzas se lo permitieron, escapó de aquel lúgubre lugar, en busca de una salida. Los recovecos la extraviaron todavía ... (ver texto completo)
Aurora, era adorable y de buen carácter; todo lo contrario que su hermana, Aimée, la menor, quien era de carácter mezquino con ya tan sólo doce años. Aurora por aquel entonces contaba dieciséis, y tiempos complejos se avecinaban, pues su madre estaba empezando a perder el aspecto y los rasgos bonitos que la caracterizaban. No se sentía joven y un sentimiento de pesadumbre la invadía.
Para luchar frente a esto, decidió mudarse a otra ciudad, donde no fuese reconocida, y envió a Aurora al campo, ... (ver texto completo)
El corazón de Alfege, amable, reconoció una deuda con su hermano, y le ofreció compartir el trono. Ambos reinaron, en una historia hasta entonces nunca vista, durante muchos años y en buena salud. Y, como la bondad siempre impera, fueron amados y admirados allá donde fueron. Y pronto, en todo reino y en cada rincón, fueron conocidos en buena fama.
El Rey Alfege no tardó en contraer matrimonio con la persona que realmente amaba: Zaida. El gozo se completó cuando a la boda acudió la Reina Amable. Ésta se aseguró que el Hada de la Montaña, única persona que podía obrar en contra de Alfege, perdía todo el poder sobre el nuevo Rey. Para ello, la obligó a pasar un tiempo con los recién casados, agasajándolos con costosos regalos, y finalmente se retiró para siempre a su lejano país.
Alfege se arrojó a los brazos de su hermano y, juntos, abrazados, acudieron al palacio real. En presencia de toda la corte el Príncipe Alfege se convirtió en Rey, y su hermano portó el honor de colocarle la corona. Para disipar cualquier sombra de duda sobre su identidad, pues nadie daba crédito a la reaparición del joven apuesto, el Rey Alfege mostró el rubí que la Reina Amable le había regalado en su infancia para protegerse. Mientras todos clavaban la mirada en el sello, éste estalló con un ruido ... (ver texto completo)
El Rey acabó reconociendo en él a su medio hermano, quien había desaparecido hace años y había sido dado por muerto. En todo momento, como hemos podido contemplar, el Rey había mostrado un talante elegante y justo, no se había dejado persuadir por las malévolas pretensiones de su madre, y no iba a ser menos en ese instante. Con una honradez inusitada, reconoció el derecho al trono de Alfege, y abdicó en su favor allí mismo, frente a la mirada atónita de todos, al tiempo que le besaba la mano en señal ... (ver texto completo)
Sin andarse con rodeos, el Rey les dijo a la madre y la hija que era consciente del complot contra su persona, y merecía unas explicaciones al respecto. Antes de que ninguna de ellas respondiese, Alfege entró en escena valientemente, reclamando la atención y reconociendo su responsabilidad. Su forma de hablar era tan digna, entusiasta y con gracia, que todos los presentes lo escucharon absortos.
La Reina, malvada, por otro lado, sentía creciente una ansiedad, pues había reconocido desde el primer instante a Alfege en el mono que su hijo había tomado como mascota. Sospechas que habían sido confirmadas por el Hada de la Montaña. Buscaba pues la mezquina monarca la forma de deshacerse del mono. Con su falsedad, acudió a su hijo, el Rey, y lloró al tiempo que le contó que le habían llegado noticias de que había gente que conspiraba para destronarlo. El Rey prometió aniquilar a todo aquel que ... (ver texto completo)
El suspense no se mantuvo largo rato, pues casi de inmediato la piel del mono se desprendió y el Príncipe Alfege hizo acto de aparición, conservando cada ápice de belleza y encanto que tenía. El regocijo del reencuentro se escapa a cualquier descripción con palabras, momento tras el cual el Príncipe pasó a relatar sus aventuras y sufrimientos por el desierto. También confesó que la Reina Amable le había ayudado a facilitar un encuentro con su medio hermano, quien ahora era el Rey. Para ponerse al corriente, Alfege, Zaida y su madre necesitaron conversar durante días. En todo ese tiempo, la institutriz no dejó de pensar en cómo aupar a Alfege al trono, el cual le pertenecía por derecho. ... (ver texto completo)
Dicho fluido debía ser usado para lavar a aquello que la mujer tuviese más en mente en ese momento, acompañado de un baño de rosas. La institutriz no paraba de darle vueltas al sueño, así que, en vela, se levantó y corrió hacia el jardín, donde encontró todo tal y como la Reina Amable le había comunicado en la epifanía. Se apresuró a despertar a Zaida y juntas, sin que nadie más lo supiese, dispusieron un baño de rosas en una gran tina de jaspe, y lavaron al mono con el líquido verde.
Al día siguiente, estando ambas sentadas junto a los jazmines del jardín, comenzaron a hablar sobre el mono verde, mientras éste las observaba desde arriba, en una rama. La madre, que le había dado vueltas a un pensamiento, le dijo a su hija que estaba convencida que el mono no era otro que el Príncipe Alfege. Los gestos airados y el llanto del mono arriba parecían confirmar sus palabras.
Al caer la noche, mientras la señora institutriz dormía, un sueño premonitorio le arrancó de la cama. En él, ... (ver texto completo)
Así fue como, una tarde, mientras estaban sentadas en el jardín junto a la fuente, el mono fijó su mirada en Zaida, con una mezcla de tristeza y amor tan profunda que madre e hija quedaron conmovidas. La emotividad se hizo más intensa cuando unos lagrimones empezaron a rodar por las mejillas del mono.
Por otro lado, mientras una mañana la institutriz de Alfege y Zaida estaban solas en casa, el mono, quien se había escapado del palacio, entró por su ventana. El mono se comportaba de forma tan agradable y delicada que, pasado el susto, madre e hija se apegaron a su sorprendente invitado. Se había ganado sus corazones. Pero no hubo de pasar tanto tiempo hasta que el Rey descubrió dónde se había escapado su mascota, y mandó apresarlo de nuevo.
Cuando fue a por él, siempre con buenos modales pues ... (ver texto completo)
El nuevo y joven Rey, hijo de la malvada Reina, tenía pasión por la caza, y a menudo salía como pasatiempo junto a los más nobles jóvenes del reino. Fue precisamente una larga mañana de cacería cuando un giro se produjo en la historia. Durante el descanso del almuerzo, junto a un arroyo y dentro de una tienda montada para la ocasión, el rey avistó en una rama un mono de un color verde brillante, el cual le miraba tiernamente. El Rey prohibió a sus cortesanos hacerle ningún mal y el mono, vista la ... (ver texto completo)
Pobre y entristecido gentío, regresad a vuestro reino, pues buscáis en vano a vuestro príncipe. Y sabed que él no volverá hasta que no hayáis errado en reconocerlo durante un tiempo”. Dichas las palabras, el mono desapareció, dejando a la plebe perpleja. Viendo que sus esfuerzos no sirvieron para nada, regresaron al reino. Una vez comunicada la triste noticia de la desaparición, el Rey se apenó hasta tal punto que cayó enfermo y falleció no mucho tiempo después.
La ambición de la Reina se desbocó, pues con el fallecimiento del monarca y la desaparición del heredero, vio a su hijo coronado y a ella misma con un poder casi ilimitado. Pero la Reina no era querida en su reino, pues los lugareños amaban a su Rey y su príncipe verdadero, y todos creían que la mezquindad de la nueva Reina Madre había obrado en su favor. De tan impopular que era, una revolución se erigió en pos de una nueva causa.
Entre tanto, la institutriz del Príncipe Alfege perdió a su amado marido, y hubo de seguir adelante con el cariño de su hija Zaida, quien se había convertido en una chica maravillosa y adorable. Ambas lloraban juntas las tremendas pérdidas sufridas recientemente. ... (ver texto completo)
Cuando el Príncipe comenzó a viajar de aquí para allá, era normal que esta pareja, y una larga comitiva, lo acompañasen. Dentro de los dominios de su padre todo era sencillo y agradable, pero los problemas arreciaban al propasar las fronteras. Una vez, se enfrentaron a un desierto plano sobre el que pendía constantemente un sol abrasador. Aunque refugiados bajo un grupo de árboles, la sed arreciaba y hacía daño. Tuvieron la suerte de toparse con un pequeño arroyo, el cual el Príncipe tastó por necesidad ... (ver texto completo)
Estamos hablando de un momento en el que el Príncipe Alfege contaba ya con catorce años de edad, y ostentaba una belleza y una vigorosidad sin parangón. A lo largo de la infancia había sido criado por una de las grandes Damas de la Corte, quien primero fue su enfermera y posteriormente su institutriz. El cargo pasó tras ello a manos de su marido, que ejerció como su tutor y gobernador. Como el roce hace el cariño, es de imaginar el tremendo afecto que esta familia le profesaba a Alfege, y cómo éste ... (ver texto completo)
El Hada, sincera ante la Reina, le contó que, aunque sus deseos eran de ayudarla, esto le era imposible, puesto que un poder superior estaba protegiendo al príncipe ¿Cómo era posible? Con claridad, la Reina supo que quien se interponía en sus planes era “La Reina Amable”, quien protegía a su ahijado desde un país lejano con un rubí que le servía de talismán y escudo. Ésta última además sabía de buena guisa las intenciones de la malvada Reina, y advirtió al príncipe que el talismán sólo sería útil ... (ver texto completo)
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Ésta bautizó al recién nacido como Alfege, y desde aquel momento juró llevarlo en su corazón Aunque de vez en cuando la pena seguía atormentando al Rey, lo cierto es que el tiempo acaba borrándolas, o al menos difuminándolas. De esta forma, volvió a contraer matrimonio, tras dos o tres años, con una princesa de belleza incuestionable, pero de dudosa amabilidad… Con ella, el Rey tuvo un segundo hijo, y la nueva Reina fue carcomida por los celos al saber que su hijo no sería el heredero. Mucho controló ... (ver texto completo)
Alfege, o el mono verde

En un tiempo pasado, muchos años atrás, un Rey enviudó de la peor manera posible: su Reina falleció durante el nacimiento de su primogénito. Abrumado por la pena, el Rey decidió superarla jurándose proteger y hacer todo cuanto estuviese en sus manos en pos de su heredero. Para su bautizo, el Rey escogió como madrina a una princesa de un reino vecino, célebre por su sabiduría y bondad. Tanto así era que se le reconocía como “La Reina Amable”.
Desde entonces, los jóvenes príncipes fueron muy felices por largo tiempo y nunca jamás oyeron hablar del tío malvado ni tuvieron que preocuparse por la mala suerte del destino.
Tan pronto aquel hombre probó el último bocado de su comida, cayó en un profundo sueño que duraría por cien años. Seguidamente, Aladino tomó la lámpara maravillosa y la frotó con fuerza, el genio apareció al instante y el chico le pidió que le devolviera su antigua vida de felicidad.
Sin embargo, al llegar al lugar, el chico encontró al tío vestido con sus ropas disfrutando de un exquisito desayuno. Cuando vio a la princesa, Aladino le pidió su ayuda, y como estaban tan enamorados, la muchacha no dudó en echarle al tío perverso una buena dosis de veneno.
Al salir del palacio, el tío frotó la lámpara y apareció nuevamente el genio. Entonces, le pidió que le concediera todas las riquezas y la suerte de Aladino, y así fue. A la mañana siguiente, Aladino despertó en su antigua y humilde casita, y confundido por la situación, corrió hacia el palacio para contarle a la princesa.
Sin embargo, el tío malvado de Aladino se había enterado del suceso, y lleno de envidia se coló en el palacio por la noche mientras todos dormían. Con mucho cuidado, el hombre entró en la habitación del joven príncipe para buscar la lámpara mágica. Al encontrarla, la guardó entre sus ropas y salió a toda velocidad del lugar.
Una vez hecho realidad su deseo, Aladino se dispuso a entrar en el palacio del Sultán con un ejército de caballos y sirvientes para pedir la mano de la princesa. El Sultán no dudó en aceptar la propuesta y así planificaron una inmensa boda a celebrarse en las próximas semanas.
Convertido en un hombre rico, y mientras se encontraba dando uno de sus paseos por las calles del reino, Aladino vio por primera vez a la hija del Sultán. Tan enamorado quedó de aquella chica, que enseguida decidió llamar al genio para pedirle que le convirtiera en un poderoso rey, lleno de lacayos, carruajes y con un elegante y cómodo palacio.
Terminando de decir aquello, Aladino sintió como todo se alumbraba a su alrededor, y aún sin poder explicar lo que estaba sucediendo, apareció de repente en su pequeña casita. Al verlo, la madre quedó sorprendida, pero el chico le explicó que la lámpara era mágica y que les concedería todo lo que desearan. Desde ese momento, Aladino comenzó a vivir plácidamente con su madre, pues el dinero nunca les faltaba.
– ¿Yo? Yo solo quiero regresar con mi madre – le dijo el pequeño aun asustado por la presencia del genio.
¿Cómo saldré de este lugar tan misterioso? – sollozaba el chico cubierto de lágrimas, y tan nervioso se puso que, sin darse cuenta, comenzó a frotar la vieja lámpara de aceite. Al momento, apareció ante Aladino un enorme genio.

– Tus deseos son órdenes, mi amo – exclamó la figura con una voz penetrante.
Cuando se dio cuenta que el muchacho no le entregaría la lámpara, el señor vestido de negro se enfureció tanto que volvió a tapar el agujero con las piedras, y Aladino quedó entonces encerrado en aquella cueva oscura.
Por favor, antes necesito que me ayudes – exclamó el jovenzuelo alargando sus manos flacuchas.
– ¡Ayúdame a salir, tío! –le pidió Aladino al hombre al llegar al pequeño agujero.

– Primero dame la lámpara – dijo el tío con severidad.

– Por supuesto que te la daré, pero necesito salir de esta cueva.

– ¡No! Dame a lámpara.
Asombrado por el lujo, el chico arribó finalmente al final de la cueva, y al encontrar la vieja lámpara decidió regresar a toda prisa, pero sus ojos no conseguían separarse de aquellas joyas y diamantes, así que decidió echarse un par de monedas de plata en el bolsillo, pensando que nadie notaría tal ausencia entre tantas riquezas.
Aladino le pidió al tío que no se preocupara, y rápidamente se coló por el estrecho agujero. Desde el primer momento, el muchacho quedó deslumbrado con todas las cosas que encontró en el interior de aquella cueva: piedras preciosas, objetos enormes de oro macizo, monedas de plata y joyas exquisitas.