Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:

– Vamos, Dos Ojitos – dijo el hada-. Enjúgate las lágrimas y te diré lo que tienes que hacer. Basta con que le digas a la cabrita que cuidas:”Cabrita, bala; mesita ponte” para que aparezca ante ti una mesa bien servida.
Luego, cuando hayas satisfecho tu hambre, dirás:
-respondió-. Por tener dos ojos, mis hermanas y mi madre me tratan mal, me dan vestidos viejos y sobras de sus comidas.
- ¿Cómo no voy a llorar?
Cierto día se le presentó un hada a Dos Ojitos y le preguntó:
Un Ojito, Dos Ojitos, Tres Ojitos

Un Ojito, Dos Ojitos, Tres OjitosHabía una vez una viuda, que vivía con sus tres hijas, la mayor de ellas se llamaba Un Ojito, y la razón de su nombre era porque solo tenía un ojo enmedio de la frente; la segunda de sus hijas, Dos Ojitos, porque tenía dos ujos, como todo el mundo; y la menor, Tres Ojitos, porque tenía tres, dos en el sitio normal y un tercero ojito enmedio de la frente. La madre y las dos hermanas, trataban mal a Dos Ojitos, ya que era diferente a sus dos hermanas, no podían soportarla, y ninguneaban, la obligaban a ponerse vestidos andrajosos y le daban de comer las sobras de la mesa. ... (ver texto completo)
-Aquí en la granja sí que estamos bien. ¿Verdad amigos míos? –concluyó la anciana-. Aquí en la granja respiramos paz y tranquilidad, la gente nos quiere vosotros podéis subiros a los árboles y revolcaros sobre el césped sin que nadie nos multe. Además, aquí nos rodea la naturaleza y ella nos da todo lo necesario para vivir felices.

fin
Después del susto, la anciana y sus amigos decidieron regresar a la granja
Pero de repente, apareció un guardia y multó a la anciana por pisar el césped.
La anciana se quitó los zapatos; las ardillitas subían por los pinos; los pollitos bebían en la fuente; el perro Bingo daba volteretas sobre el césped…
¡Que felicidad tenían todos jugando en el parque!
Con los nervios y el trajín, la anciana decidió tomarse un descanso en un parque floreado.
Y es que la anciana no entendía cómo funcionaban los semáforos de la ciudad…
-si todos los coches corren así –dijo la anciana -, no vamos a poder cruzar las calles.
Lo primero que sintieron al llegar a la gran ciudad fue mucho ruido y las prisas de la gente.
A su paso, las flores del camino agitaban sus pétalos para decirles adiós y disgustados por no poder ir con ellos a la ciudad.
Un día en la ciudad

Un buen día la anciana Paca decidió que todos los habitantes de su granja conocieran la ciudad. Los acicalo y los dejó muy guapos y limpios, con su cesta al brazo, la anciana y sus amigos comenzaron a caminar.
El príncipe, que merodeaba por el lugar, reconoció la voz de su amada…Desde entonces nunca más volvió a separarse de ella.

Fin
Estuvo caminando por el bosque durante horas, agotada se posó en una roca, cantó una de sus canciones tristes.
Mientras, la niña de la trenza dorada consiguió por fin huir de aquella torre.
De la fuerte caída, el príncipe quedó ciego y, avergonzado, decidió huir.
Sin embargo, la anciana que en realidad era una bruja sospechó que algo cambió a la niña, pues las canciones ya no eran tristes.

Un día la malvada bruja se presentó de improviso en lo alto de la torre y cuando trepaba el príncipe, la bruja lo empujó al vacío.
No llores más. Ahora que me sé el camino, vendré para hablar contigo y para escucharte cantar.
Esperó a que la anciana saliera y trepó por la larga trenza dorada; allí arriba se encontró con una joven que lloraba amargamente.
Otra tarde observó cómo desde la ventana bajaba una larga trenza y por ella trepaba una anciana.
Al joven príncipe le picó la curiosidad y fue a mirar, pero la torre era demasiado alta
Habían pasado varios años, cuando una tarde el príncipe del país rondaba por aquel bosque y, a lo lejos, escucho una hermosa y triste canción.
La niña fue creciendo y, con ella, su extensa trenza dorada.
Trenza del oro

La hija de un humilde campesino fue capturada por una malvada bruja, que encerró en una torre muy alta sin ninguna salida al exterior.
Así pues, Pepe se pasó todos los fines de semana y las vacaciones trabajando en los establos de Cañameras. Muchos chicos montaban Tamboril, pero sólo llevaba la brida gitana cuando lo montaba Pepe.
Maite- Ven a verle cuando quieras.
-Se llama Tamboril -explicó
-Lo llevaba a la comisaría cuando nos caímos en la cantera -les contó Pepe.
La policía, y Andrés y Maite Vegas, tras buscar al caballo afanosamente, lo encontraron sano y salvo allí.
Una vez en casa del labrador, Pepe tomó una taza de leche con galletas y Tamboril una deliciosa masa de salvado.
El asombrado caballo no podía comprender qué sucedía. Intentó no perder de vista a su amiguito. ¿Iban a llevárselo a él, abandonando allí a Pepe? Subió y subió, hasta que lo dejaron a buena distancia de la cantera. Pepe no esperó al helicóptero, sino que se apresuró a escalar la cantera para asegurarse de que Tamboril estaba a salvo.
A la media hora vieron un helicóptero sobre sus cabezas. Primero bajaron a un tripulante con unas cuerdas especiales; Pepe le ayudó a sujetar a Tamboril con ellas.
-Te sacaremos de ahí, ten confianza -gritó el hombre.
Busca a tu amo. ¡Busca, busca! -le suplicó Pepe. En seguida comprendió la tragedia y con ladridos lastimeros llamó al labrador, que se acercó presuroso.
El perro se acercó corriendo.
Comenzaba a hacerse de noche cuando oyó ladrar a un perro y vio en la lejanía a un labrador que, seguramente, era su dueño.
Se equivocaba. Nadie los ayudó. Estuvo allí sentado durante muchas horas, sosteniendo la cabeza del caballito. Pepe gritó y gritó, hasta perder la voz, pero nadie oyó sus llamadas de auxilio.
-Calma, calma, pequeño -susurro-Quédate quieto. Todo va bien. Pronto vendrán a ayudarnos.
Pepe se arrastró por el borde de la cantera hasta poder agarrar la brida de Tamboril.
Pero Tamboril logró llegar a una roca que había en la orilla.
“ ¡Seguro que se ahogará!”, pensó. “ ¡El agua es tan profunda!”
Al otro lado del muro había una cantera inundada. Tamboril se asustó. Al caer, el suelo cedió bajo sus patas y comenzó a resbalar hacia el agua. Pepe pudo saltar, pero Tamboril cayó al agua fangosa con gran estrépito.
- ¡Arriba! -gritó Pepe.
Había un atajo que atravesaba los campos de brezos, en dirección a la comisaría. Tamboril se animó y comenzó a galopar. Pepe pesaba menos que una pluma. Monte arriba, se dirigieron hacia un muro de piedras muy bajo. A Tamboril le encantaba saltar; acortó el paso y se dispuso a pasar sobre el muro.
Tamboril se dio cuenta de que había llegado el momento de marcharse. Se puso en pie, Pepe lo montó y se alejaron del campamento a medio galope. Con el gitanillo montado en su lomo, Tamboril estaba dispuesto a ir a cualquier parte.
- ¡Vaya, te va perfecta! -suspiró-. Pero esta tarde ya no estarás conmigo…