Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:

- ¿Y no comprendiste lo que quería decir? Pues es muy sencillo: deseaba saber si el propietario de aquel campo debía dinero a alguien, en cuyo caso el producto de la venta del trigo iría a parar a manos de sus acreedores, lo cual sería lo mismo que si ya estuviera comido.
-Es muy sencillo -contestó la joven-. Lo que tu compañero quería decir es que si ambos os hubieseis contado historias, el camino se habría hecho más fácil.
- ¡Tienes razón! Bien; quizá puedas descifrar este otro enigma. Al pasar junto a un campo de trigo, me preguntó si el grano estaría ya comido o no.
- ¡Ya comprendo! -exclamó asombrado el campesino-. Quizá puedas ayudarme a descifrar otros enigmas. Al principio de nuestro viaje, me dijo que si nos ayudásemos mutuamente, el camino sería más divertido.
-Papá, ese hombre no está loco -dijo la hija, que era una muchacha muy lista-. Si te ha preguntado eso ha sido para saber si podías hospedarle sin perjuicio. Mejor dicho, si tu fortuna te permitía tener un huésped.
El campesino levantó las manos al cielo y entró en su casa riendo a mandíbula batiente.
-He traído a un amigo que está loco de remate -explicó a su mujer y a su hija, que habían salido a recibirle-. Fijaos cómo estará, que antes de aceptar mi hospitalidad me ha preguntado si los cimientos de mi casa son lo bastante sólidas.
Sin embargo, como el joven le era simpático, pensó que distraería a su esposa y a su hija, y le dijo que se hospedara en su casa todo el tiempo que pensase estar en el pueblo.
-Muchas gracias -contestó el hijo del Visir-. Pero antes quisiera preguntarle si los cimientos de su casa son lo bastante fuertes.
" ¡No cabe duda de que está loco!", pensó el viejo. "Veremos qué hará ahora. Sin duda llamará agua a la tierra, y tierra al agua. A la sombra la calificará de luz, y a luz de sombra."
En esto llegaron junto a un río, que era necesario vadear. El campesino quitóse los zapatos y lo cruzó, pero el joven se metió en el agua sin quitarse los zapatos.
" ¡En mi vida había visto loco mayor!", se dijo el campesino.
Al salir de la ciudad, pasaron junto a un cementerio, donde varias personas rezaban por las almas de sus muertos y repartían limosnas y comida a cuantos pasaban por allí.
- ¡Qué ciudad más espléndida! -exclamó el hijo del Visir.
Entre irritado y divertido, el viejo rechazó el cuchillo, refunfuñando que o bien su compañero estaba loco o trataba de parecerlo.
El hijo del Visir hizo ver que no oía las palabras del campesino y entró en el pueblo, pasado el cual se encontraba la casa de su compañero. Mientras cruzaban el mercado, que se hallaba muy concurrido, nadie les ofreció cosa alguna, ni les invitó a descansar.
- ¡Qué cementerio más enorme! -exclamó el joven.
" ¿Por qué llamará cementerio a una población tan populosa?", ... (ver texto completo)
No sabiendo qué contestar a la extraña pregunta, el campesino se limitó a decir que no lo sabía.
Pasaron las horas y los dos amigos llegaron a un pueblo. El joven sacó un afilado cuchillo y entregándoselo al campesino, le dijo:
-Amigo, ve a comprar con esto dos hermosos caballos, pero no olvides de devolvérmelo, pues lo aprecio mucho.
- ¿No cree que si de vez en cuando nos ayudásemos, el viaje sería más distraído?
" ¡Este hombre está loco!", pensó el campesino.
Poco después, pasaron junto a un campo de trigo, a punto de ser segado, y el hijo del Visir preguntó a su compañero:
- ¿Está comido o no ese trigo?
El joven se despidió de su padre, y un mes antes de que terminase el plazo dado por el soberano, se marchó sin rumbo fijo, confiando que el Destino guiaría sus pasos.
Al cabo de unos días de marcha se encontró con un campesino que también iba de viaje. Como el hombre le fue simpático, le pidió si le permitía acompañarle. El campesino aceptó de buen grado, y los dos viajaron juntos en buena armonía.
Al cabo de un rato, el joven dijo al viejo:
El Visir prometió hacerlo, aunque de antemano se daba por vencido. Cinco meses de intenso trabajo no dieron el menor resultado, y nadie pudo explicar el motivo de la risa del pescado.
Comprendiendo que nada podría salvarle de la muerte, pues ni los más sabios podían hallar solución lógica al problema, el Visir lo preparó todo para su muerte, diciendo antes a su hijo que marchase a recorrer el mundo, en espera de que la cólera del Rajá se calmara.
- ¿Que un pez se ha reído? -preguntó asombradísimo el Rajá-. ¡Eso es completamente imposible!
- ¡No estoy loca! Digo lo que he visto con mis propios ojos, y oído con mis propias orejas.
-Pues es muy extraño. Haré averiguaciones.
A la mañana siguiente, el Rajá contó a su Gran Visir lo que le había ocurrido a su esposa, y le ordenó que investigase hasta descubrir la verdad de todo ello. De no hacerlo así antes de seis meses, le haría decapitar.
-No; pero estoy muy disgustada por lo que ha hecho un pescado. Una pescadora pasó delante de palacio y al preguntarle yo si el pescado que acababa de soltar era macho o hembra, el pescado soltó una carcajada.
-Es macho -contestó la pescadora, que siguió voceando lo que vendía.
La Raní, muy furiosa, fue a encerrarse en su cuarto, y al llegar el Rajá y verla tan enfurecida, le preguntó qué le ocurría.
- ¿Estás enferma? -inquirió.
- ¿Es macho o hembra? -preguntó la Raní-. Quiero comprar una hembra.
Al oír esto, el pescado soltó una ruidosa carcajada.
¿POR QUÉ SE RIÓ EL PEZ?
En el momento en que una pescadora anunciaba su mercancía ante el palacio del Rajá, la Raní salió a un balcón y le pidió que subiera a mostrarle lo que tenía. En este momento un pescado dio un salto, mostrando su plateado vientre.
Mulungu trepó por él y se quedó a vivir en el cielo. Así es como Mulungu fue expulsado de la tierra por la maldad de los hombres.
-Con esto –respondió ella, lanzándole un hilo desde lo alto.
- ¿Cómo has conseguido subir al cielo? –le preguntó Mulungu a la araña.
Todos los animales huyeron al bosque para alejarse lo más posible del hombre y la mujer.
El camaleón subió por el tronco de un árbol y se quedó en las ramas más altas. La araña subió tan alto que desapareció en el cielo. Y hasta el mismísimo Mulungu huyó de ellos.
-Lo están quemando todo –se lamentó Mulungu-. ¡Y además están matando a mi pueblo!
El hombre y la mujer cazaron un búfalo y luego lo asaron en una hoguera, y a partir de entonces cada día hacían un fuego y mataban otro animal para comérselo.
Todos, los animales los observaban con curiosidad para ver qué hacían. Lo primero que hicieron fue frotar dos palos para hacer fuego. Al principio no fue más que una chispa, pero pronto el fuego se hizo incontrolable e hizo arder el bosque, por lo que todos los animales debieron huir de allí para salvar la vida.
Sácalos de la red y deja que anden por el suelo –dijo Mulungu tras examinarlos con cuidado-. Pronto crecerán.
El camaleón hizo lo que le habían indicado y la pareja creció hasta alcanzar la talla de los humanos actuales.
El primer día la sacó llena de pescado, que se comió muy a gusto, pero al día siguiente no sacó nada, y al tercer día sacó solamente un hombre y una mujer muy pequeños.
El camaleón nunca había visto nada parecido a aquellos seres, y se los llevó a Mulungu para preguntarle qué eran:
Cuento africano

De por qué Mulungu se refugió en el cielo

Al principio no había seres humanos en el mundo, solo estaban Mulungu y los animales, y la vida era apacible y la crueldad era desconocida.
Pero un día, el camaleón hizo una red y la arrojó al río.
Por esa razón la tierra florece y fructifica en primavera y verano, cuando Perséfone visita a su madre y la tierra está triste y seca en otoño e invierno, cuando Perséfone está junto a Hades.
Finalmente Demeter aceptó que el príncipe de las tinieblas se case con Perséfone. Su hija debía pasar siete meses al año con Hades, un mes por cada granada que comió y cinco meses junto a Demeter, su madre.
-Si eso ocurre, jamás levantaré la maldición que pesa sobre la tierra. Todos los hombres y los animales morirán.
Zeus, espantado por la respuesta de Demeter, envió a su esposa Hera a a negociar con los dioses.
Pero Hades le dijo:
-Diosa Demeter, tu hija Perséfone ha comido siete granadas de mi huerto, por lo tanto debe regresar al Tártaro conmigo.
Demeter, furiosa respondió:
- ¿Cómo que no ha probado bocado? Yo la vi comer granadas de tu huerto esta mañana.
Hades se sonrió satisfecho. La subió a un carruaje y la llevó junto a su madre, que apenas la vio se abrazó a ella llorando de felicidad.
- Hermosa Perséfone, parece que no eres feliz a mi lado. No has probado bocado desde el día en que llegaste. Cada día estás más delgada y si sigues así pronto morirás. Mejor que vuelvas a tu casa.
Pero un jardinero que escuchó la conversación dijo:
Perséfone estaba tan triste que se había negado a probar bocado desde el día de su secuestro.
Entonces Hades le dijo:
-Solo puedo enviar a Perséfone de vuelta a su casa, mientras no haya probado el alimento de los muertos.
- Por favor, devuelve a Perséfone o todos estaremos perdidos ya que los humanos están en serio peligro debido a la falta de alimento.
Hades le respondió:
Zeus, viendo que era imposible convencer a Demeter, llamó a Hermes y lo envió al Tátaro para darle un mensaje al dios Hades.
Zeus se asustó y trató de convencerla enviándole riquísimos regalos, joyas y oro, pero Demeter no los aceptó.-No quiero tus regalos. Solo quiero a mi hija Perséfone de vuelta en mi casa.
Como Demeter era la diosa de la agricultura, recorrió Grecia prohibiendo a los árboles dar fruto, a los pastos crecer y a las semillas germinar. Al poco tiempo el ganado no tenía como alimentarse y comenzó a morir. Si esto continuaba, los hombres pronto morirían también por falta de alimento.
Demeter, reconoció a Hades por la descripción del pastor, pensó que Zeus tenía algo que ver en este asunto y decidió vengarse.
Diosa Demeter, tengo malas noticias. Un pastor me contó que vio un carruaje siniestro, guiado por un rey calzando una armadura negra, se llevó a una joven que gritaba muerta de miedo. La tierra se abrió y ambos desaparecieron en sus entrañas. Pienso que podría ser tu hija Perséfone.
Cuando los reyes de Eleusis la vieron, le ofrecieron quedarse con ellos en el palacio para cuidar de sus hijos.
Un buen día, el hijo mayor de los reyes le dijo:
Demeter, desesperada comenzó a buscarla. Se disfrazó de anciana y comenzó a recorrer toda Grecia buscando alguna pista sobre su hija. Durante nueve días ni comió ni bebió.
Las amigas no habían visto como Perséfone se había esfumado sin dejar rastro alguno. Así que nada pudieron decirle a Demeter, la madre, que sufrió por la desaparición de su hija.
Un día que Perséfone, estaba recogiendo flores tranquilamente con sus amigas, se alejó distraída del grupo para recoger un narciso. En ese momento la tierra se abrió y de allí surgió el dios de los muertos en un carruaje negro. La secuestró y la llevó con él sin dejar ningún rastro.
Un día, el dios de los muertos, Hades, que vivía en el centro de la tierra, rodeado de tinieblas, se enamoró profundamente de Perséfone.
Como Hades era muy astuto no se animó a acercarse sin antes pedir permiso a Zeus, el más importante de todos los dioses del Olimpo. Zeus, no le contestó ni si ni no, pero le guiñó un ojo. Entonces Hades, trazó un plan para cumplir su deseo.
PERSÉFONE, LA HIJA PERDIDA
Había una vez una diosa llamada Demeter que tenía una hermosa hija llamada Perséfone. La joven tenía grandes ojos verdes y una cabellera de bucles dorados. Vivía con su madre en un departamento del palacio en el monte Olimpo y de vez en cuando bajaba a los prados a recoger flores en compañía de sus amigas.
Orfeo, feliz comenzó a entonar la más dulce de las melodías mientras Eurídice lo seguía a la distancia. Pero Orfeo estaba tan ansioso por volver a verla, que pronto olvidó la condición impuesta por Hades y cuando faltaba solo un minuto para salir a la luz, volteó la cabeza para mirarla y perdió a Eurídice para siempre.
-Quiero a mi esposa Eurídice de vuelta conmigo. Respondió Orfeo.
- ¡Ah! Escúchame bien. Dijo Hades-Permitiré que Eurídice regrese contigo con una sola condición: -Deberás caminar sin mirar atrás hasta que llegues a plena luz del sol. Eurídice te seguirá mientras tocas la lira y no sufrirás daño alguno.