Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:
- Lo bajo un poco - dijo la garza a la vez que bajaba un poco su cuello.
- Con ese cuello tan lago que tienes, ¿qué haces para evitar que se te rompa por la mitad cuando sopla el viento?
Cuando el chacal encontró a la garza que buscaba ranas en un estanque, el chacal le dijo:
- Qué garza tan entrometida - murmuró el chacal - ya verá como me las paga por tener la lengua tan larga.
- La garza me ha dicho que usted no puede volar - le dijo.
Al día siguiente, cuando volvió el chacal, la paloma se negó a darle otra de sus crías.
- Eres un pájaro tonto - replicó la garza - ¿cómo puede volar hasta aquí si no tiene alas?. No debes hacer caso de sus tontas amenazas.
- Lloro por mis pobres bebés - contestó la paloma - si yo no se los doy al chacal, él volará hasta aquí y me devorará también.
- ¿Por qué lloras?.
La mamá paloma lloraba sin consuelo hasta que pasó una garza y al verle llorando le preguntó:
- Entonces volaré hasta donde ti, y te comeré a ti también- contestó el chacal. Asustada la paloma, dejó caer a una de sus crías, y el chacal se escapó con ella entre sus tientes. Al día siguiente, el chacal amenazó a la paloma con el mismo destino, y otro bebé pájaro bajó a su garganta.
- No quiero que te comas a una de mis crías - dijo la paloma.
- Oye, paloma, tengo hambre. Tírame a una de tus crías.
AFRICA: Por qué la garza tiene el cuello torcido
Un día que el chacal estaba cazando vio una paloma que volaba sobre él. El chacal, gritándole le dijo:
Seguramente todos los sabios tenían parte de razón, ya que de algún modo todas las formas que habían experimentado eran ciertas, pero sin duda todos a su vez estaban equivocados respecto a la imagen real del elefante. Fuente: Web de recursos de Asia: www. casaasia. es
Otra vez sentados bajo la palmera que les ofrecía sombra y les refrescaba con sus frutos, retomaron la discusión sobre la verdadera forma del elefante, seguros de que lo que habían experimentado por ellos mismos era la verdadera forma del elefante.
Ahora todos habían experimentado por ellos mismos cuál era la forma verdadera del elefante, y creían que los demás estaban equivocados. Satisfecha así su curiosidad, volvieron a darse las manos y tomaron otra vez la senda que les conducía a su casa.
- ¡Hermanos! Lo estoy tocando ahora mismo y os aseguro que el elefante tiene la misma forma que el tronco de una gran palmera.
El sexto sabio era el más viejo de todos, y cuando se encaminó hacia el animal, lo hizo con lentitud, apoyando el peso de su cuerpo sobre un viejo bastón de madera. De tan doblado que estaba por la edad, el sexto ciego pasó por debajo de la barriga del elefante y al buscarlo, agarró con fuerza su gruesa pata.
-Ninguno de vosotros ha acertado en su forma. El elefante es más bien como un gran abanico plano – y cedió su turno al último de los sabios para que lo comprobara por sí mismo.
El quinto de los sabios tomó el relevo y se acercó al elefante pendiente de oír cualquiera de sus movimientos. Al alzar su mano para buscarlo, sus dedos resiguieron la oreja del animal y dándose la vuelta, el quinto sabio gritó a los demás:
- ¡Ya lo tengo! – dijo el sabio lleno de alegría- Yo os diré cual es la verdadera forma del elefante. Sin duda es igual a una vieja cuerda.
Los demás sabios disentían en silencio, ya que en nada se parecía a la forma que ellos habían podido tocar. Era el turno del cuarto sabio, que se acercó por detrás y recibió un suave golpe con la cola del animal, que se movía para asustar a los insectos que le molestaban. El sabio prendió la cola y la resiguió de arriba abajo con las manos, notando cada una de las arrugas y los pelos que la cubrían. El sabio no tuvo dudas y exclamó:
-Escuchad queridos hermanos, este elefante es más bien como... como una larga serpiente.
El resto de los sabios no podían evitar burlarse en voz baja, ya que ninguno se acababa de creer los que los otros decían. El tercer ciego empezó a acercarse al elefante por delante, para tocarlo cuidadosamente. El animal ya algo curioso, se giró hacía él y le envolvió la cintura con su trompa. El ciego agarró la trompa del animal y la resiguió de arriba a abajo notando su forma alargada y estrecha, y cómo se movía a voluntad.
- ¡Oh, hermanos míos! ¡Yo os digo que la forma de este animal es exactamente como la de una lanza... sin duda, ésta es!
Llegó el turno del segundo de los ciegos, que avanzó con más precaución, con las manos extendidas ante él, para no asustarlo. En esta posición en seguida tocó dos objetos muy largos y puntiagudos, que se curvaban por encima de su cabeza. Eran los colmillos del elefante.
- ¡Oh, hermanos míos! –exclamó- yo os digo que el elefante es exactamente como una pared de barro secada al sol.
El primero de todos, el más decidido, se abalanzó sobre el elefante preso de una gran ilusión por tocarlo. Sin embargo, las prisas hicieron que su pie tropezara con una rama en el suelo y chocara de frente con el costado del animal.
Los seis sabios ciegos estaban llenos de alegría, y se felicitaban unos a otros por su suerte. Finalmente podrían resolver el dilema y decidir cuál era la verdadera forma del animal.
Tan pronto como los primeros pájaros insinuaron su canto, con el sol aún a medio levantarse, los seis ciegos tomaron al joven Dookiram como guía, y puestos en fila con las manos a los hombros de quien les precedía, emprendieron la marcha enfilando la senda que se adentraba en la selva más profunda. No habían andado mucho cuando de pronto, al adentrarse en un claro luminoso, vieron a un gran elefante tumbado sobre su costado apaciblemente. Mientras se acercaban el elefante se incorporó, pero enseguida ... (ver texto completo)
Sin embargo, llegó el día en que el ambiente de calma se turbó y se volvió enfrentamiento entre los hombres, que no alcanzaban un acuerdo sobre la forma exacta de un elefante. Las posturas eran opuestas y como ninguno de ellos había podido tocarlo nunca, decidieron salir al día siguiente a la busca de un ejemplar, y de este modo poder salir de dudas.
Al acabar, fue el turno del cuarto sabio, después del quinto y finalmente el sexto sabio se sumergió en su relato. De este modo los seis hombres ciegos pasaban las horas más entretenidas y a la vez demostraban su ingenio e inteligencia a los demás.
Para poder estar a la altura de las anteriores historias, el tercer sabio tosía y chasqueaba la lengua como si fuera un lagarto tomando el sol, pegado a la cálida pared de barro de una cabaña. Después de inspirarse de esta forma, el sabio pudo hablar horas y horas de los tiempos de buen rey Vikra Maditya, que había salvado a su hijo de un brahman y tomado como esposa a una bonita pero humilde campesina.
Cuando el primero de los sabios acabó su historia, se puso en pie el segundo de los sabios, y poniéndose la mano al pecho, anunció que hablaría del día en que había presenciado él mismo la famosa Ave de Bulbul, con el plumaje rojo que cubre su pecho. Según él, esto ocurrió cuando se hallaba oculto tras un árbol espiando a un tigre que huía despavorido ante un puerco espín malhumorado. La escena era tan cómica que el pecho del pájaro, al contemplarla, estalló de tanto reír, y la sangre había teñido ... (ver texto completo)
La historia trataba del modo en que, viéndose libre de ocupaciones aquella mañana, el sabio había decidido salir a dar una paseo por el bosque cercano a la casa, y deleitarse con el cantar de las aves que alegres, silbaban sus delicadas melodías. El sabio contó que, de pronto, en medio de una gran sorpresa, se le había aparecido el Dios Krishna, que sumándose al cantar de los pájaros, tocaba con maestría una bellísima melodía con su flauta. Krishna al recibir los elogios del sabio, había decidido ... (ver texto completo)
Así pues, cada tarde se reunían alrededor de una mesa y mientras el sol se ponía discretamente tras las montañas, y el olor de los espléndidos manjares que les iban a ser servidos empezaba a colarse por debajo de la puerta de la cocina, el primero de los sabios adoptaba una actitud severa y empezaba a relatar la historia que según él, había vivido aquel día. Mientras, los demás le escuchaban entre incrédulos y fascinados, intentando imaginar las escenas que éste les describía con gran detalle.
Para demostrar su sabiduría, los sabios explicaban las historias más fantásticas que se les ocurrían y luego decidían de entre ellos quién era el más imaginativo.
Hace más de mil años, en el Valle del Río Brahmanputra, vivían seis hombre ciegos que pasaban las horas compitiendo entre ellos para ver quién era de todos el más sabio.
Los seis ciegos y el elefante (Cuento de la India)
Este cuento popular de la India nos ayuda a reflexionar sobre la verdadera naturaleza de las cosas. ¿Podemos estar seguros de que todo es como nos parece en una primera impresión? ¿Pueden estar seis sabios equivocados al mismo tiempo sobre la forma real de un elefante? Acompañemos a los seis sabios ciegos en su viaje a la selva.
Han-wei Liu (Zhejian, Xina). Traducido del catalán y adaptado por Manuel Chico Morales (CP Miralvalle). Fuente: Contes d'arreu del món. Edició a cura de Carme Martín, Francesc Ricart i Alfons Vila. Columna 1995. [Servei d'Ensenyament del Català, Ajuntament de Manresa].
Así se formaron los cuatro grandes ríos de China: el Heilongjian (el dragón negro) al norte, alejado y frío; el Huang He (el dragón amarillo) al centro; el Changjiang (Iang – Tsé o río largo) en el sur remoto y el Xi Jiang (el dragón color perla) al sur, alejado y tropical.
A pesar de ello estaban decididos a continuar ayudando siempre a la gente de aquel lugar. Se convirtieron en ríos, atravesando la tierra, ahora fértil y muriendo en el mar.
Entonces, los dragones quedaron atrapados para siempre debajo de las montañas.
Pidió al dios Montaña que le trajese cuatro montañas para posarlas sobre los dragones, de manera que no se liberasen nunca. El dios Montaña hizo que cuatro montañas lejanas atravesasen el aire volando y aterrizasen sobre los cuatro dragones.
El emperador Jade estaba furioso y ordenó a sus generales celestiales que capturasen a los cuatro dragones por su osadía.
Brotaron riachuelos corriendo sobre los campos de arroz hasta que rebrotaron otra vez verdes.
- ¡Llueve! ¡Llueve! – gritaba con alegría la gente y los niños bailaban bajo el agua.
Sobrevolaron el mar y absorbieron agua con su boca. Después volvieron a subir sobre las nubes y escupieron el agua por todas partes. Volaron arriba y abajo muchas veces, hasta que el agua del mar caía en forma de lluvia.
- ¿El mar, no está lleno de agua? Hemos de absorberla toda y escupirla hacia el cielo. Caerá agua y salvará las cosechas y a la gente.