Como de. Manuel curó a un hombre de Atás, víctima de una alergia provocada por una serpiente. Estaba el hombre rozando toxos, en la sierra, cuando por accidente, se encontró con una serpiente de esas que ya no quedan, de tamaño considerable y posiblemente, por suerte, poco venenosa, la cual se le enroscó dándole dos vueltas a la altura del estómago. Con el mismo “fouciño” de rozar, le cortó la cabeza, pero al quitársela se dio cuenta de que las huellas del abrazo, le quedaron marcada en la piel. ... (ver texto completo)