La luz de agosto a su primera hora tenía un
color especial. Era un día claro, la frescura de sus prados con ese verdor tan característico de Terra Cha.
Camino a la aldea y de la aldea a Guitirz donde pasaba recordando las
fiestas de
verano, los lugareños y los foráneos. Era otras fechas y las fiestas aún estaban por llegar, pero las
casas encaladas de blanco todavía me sorprendían en un verdor que llama la atención.
Momentos entrañables ese paso entre casas que la
carretera dejaba a su lado. El
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