Algunas
noches, poco antes de cerrar, aparecen Mari
Cruz (su esposa) y sus dos hijos (una niña y un chavalín que ya ha terminado periodismo). No doy sus nombres porque apenas voy a contar más de ellos. Su esposa es hija de un preciado carpintero que, asociado con otros, hoy son dueños de un tanatorio y una aseguradora conocida por Finesterre.
Tras ese último
invierno, marcado por muchas novedades en mi vida: nuevos amores que venían a buscarme casi todos los días,
amigos que también aquí incidían
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