MI ABUELA MARÍA
Su vida de retorno a España transcurría sosegada. Hizo amistad en Pamplona con otra ancianita que le acompañaba a los rosarios en la parroquia. En casa se bendecía su comida en silencio, un silencio susurrante en el que, sólo ella, se oía aquel agradecimiento a Dios antes de trazarse la cruz desde la frente hacia el pecho y los hombros con cierta parsimonia; nosotros no bendecíamos nunca la mesa. Fue con el tiempo de verle cuando sentí la curiosidad de preguntarle. –Abuela ¿Qué ... (ver texto completo)
Su vida de retorno a España transcurría sosegada. Hizo amistad en Pamplona con otra ancianita que le acompañaba a los rosarios en la parroquia. En casa se bendecía su comida en silencio, un silencio susurrante en el que, sólo ella, se oía aquel agradecimiento a Dios antes de trazarse la cruz desde la frente hacia el pecho y los hombros con cierta parsimonia; nosotros no bendecíamos nunca la mesa. Fue con el tiempo de verle cuando sentí la curiosidad de preguntarle. –Abuela ¿Qué ... (ver texto completo)