MEMBRIO: Mucho te quiero pueblito, pero pan poquito...

Mucho te quiero pueblito, pero pan poquito

El periodista extremeño Juan Pedro Sánchez Romero analiza hoy el fenómeno de la emigración en Extremadura. Asegura que "las esperanzas vendrán de la mano de la recuperación económica y de las nuevas generaciones"
La emigración acarrea más emigración. Sólo hace falta comprobar la evolución demográfica de Extremadura en las últimas décadas. En 1717 había 326.358 habitantes y a partir de ahí se produjo un continuo ascenso hasta alcanzar en 1960 1.379.072 habitantes. En ese momento dio comienzo la gran diáspora de extremeños hacia regiones y países industrializados y que se prolongó hasta finales de los 70 a una media de 40.000 emigrantes al año.
Cuarenta años después, Extremadura sigue lastrada por aquella emigración de casi 375.000 extremeños de entre 20 y 40 años y que hoy, convertidos en un millón, viven en otras comunidades con sus hijos y nietos. De todos ellos se dice que son la "tercera provincia extremeña" siendo muy pocos los que han regresado a la tierra en que nacieron. Un 40% de los extremeños reside fuera de la región, porcentaje muy superior a la media nacional donde el 18% de los españoles reside en una comunidad distinta a la que nacieron.
SEGUN un estudio de la Uex, de no ser por este fenómeno migratorio, hoy en Extremadura seríamos 2 millones de ciudadanos. Seguramente nuestra renta per cápita no sería la menor del país y nuestro desarrollo en las últimas décadas habría sido mayor. No sólo por la propia contribución a la riqueza regional sino por una mayor representación política en el Congreso de los Diputados y en el Senado. Nuestro voto habría valido por dos.
Aun así, aquella masiva emigración que fortaleció el progreso de Madrid, Cataluña o País Vasco y deprimió la prosperidad de Extremadura, fue sostenida gracias a unas tasas de natalidad en auge (superiores a la media nacional) y a un aumento del estado de bienestar que ha desembocado en una población envejecida de 211.000 personas mayores de 65 años (19% del total) que suponen más del 60% del gasto sanitario y farmacéutico de la comunidad.
En la actualidad, sin embargo, no disfrutamos de aquellas tasas de natalidad, tampoco disponemos de un entorno económico pujante que demande trabajadores y tampoco existe una población tan abultada dispuesta a marcharse y dejarlo todo. Tras los años de esplendor del ladrillo se ha instalado la idea de que se está mejor en casa que fuera y que es conveniente esperar a que amaine el temporal y vuelvan a llamar a la puerta las "vacas gordas" de la economía.
ASPECTOS intrínsecos como un superior descenso de la tasa de mortalidad infantil han contribuido a crear nuestro particular estado de bienestar regional. Por último, no contamos como es tradicional en la región, con una importante población extranjera, siempre impulsores de las tasas de natalidad. Es decir, el trabajo está dentro de casa.
La población extremeña se ha mantenido prácticamente estable durante los últimos 20 años y hemos perdido la oportunidad de incrementar el número de habitantes al menos en los mismos términos que lo ha hecho el resto de España, a un ritmo del 16%. Ahora llegan desde el ejecutivo autonómico las políticas de apoyo a la natalidad que debían haberse implantado a partir de 1999 cuando Extremadura empezó a estar por debajo de la media nacional en nacimientos y con un gran contrapeso del mundo rural. Ya en 1993 la localidad cacereña de Mohedas de Granadilla se adelantó con su propia política municipal en este sentido.
HOY Extremadura cuenta con 1.104.004 personas. Con la "reducida" marcha de inmigrantes y extremeños, nos enfrentamos a un proceso coyuntural de regulación demográfica. En el 2014, la región cuenta con 387 municipos de los que 207 tienen menos de 1.000 habitantes. El dato más significativo es que el 50I7% de la población extremeña residen en pueblos de menos de 10.000 habitantes. Localidades que en el caso de otras comunidades como Aragón, están ya inmersas en un proceso de emigración hacia los núcleos urbanos mayores de 10.000 vecinos.
En Extremadura el proceso se ha desarrollado más lentamente gracias al sistema de carreteras o a la implantación de un sistema sanitario y educativo amplio. Eso a pesar de contar con la segunda peor accesibilidad a un centro de salud calculada en 3,17km cuando la media en España es de 1,14. Un umbral de accesibilidad motivado por la dispersión geográfica que es la variable que junto al envejecimiento defiende Extremadura para el nuevo modelo de financiación autonómica.
Galicia obtiene la mejor accesibilidad con 0,03 km. Esta dispersión de la población con una densidad de 26 hab/km2 unida a la ubicación de las ciudades y las principales vías de transportes tanto por carretera como las futuras por vía férrea, configuran el eje Lisboa-Madrid como la línea en torno a la cual se ramifique la población extremeña. La existencia de grandes núcleos urbanos aún tardará en llegar.
PERO las circunstancias económicas amenazan con tirar por la borda el trabajo que durante años se ha venido realizando por mantener el tesoro del mundo rural extremeño. La corriente frívola en muchos casos de anteponer la eficiencia y la rentabilidad a las personas, hace que nuestros pueblos y con ellos nuestra historia, cultura y lo que es más importante, gran parte de nuestra identidad, estén en peligro de extinción.
No podemos obligar a las ciudadanos a quedarse en el pueblo por una cuestión de fe ni tampoco persuadirles con ayudas continuas en su día a día, pero donde sí debemos trabajar es por promover el respeto y afecto hacia nuestros valores históricos, culturales y de convivencia que un día decidimos apartar de nosotros y que hoy deberíamos recuperar por compromiso con Extremadura.
Las esperanzas vendrán de la mano de la recuperación económica y de las nuevas generaciones que estarán marcadas por una mayor formación adaptada al terreno en el que nacen. Dijo la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) que a largo plazo, la protección ambiental conllevaría empleos más limpios y avanzados tecnológicamente. En definitiva, la oportunidad del medio rural para convertirse en un sector más competitivo y sobrevivir a los malos y a los buenos tiempos.