1. Saludar a desconocidos por la calle no da miedo
En la ciudad tenemos la mala costumbre de evitar por todos los medios el contacto visual con los transeúntes. Cuando vamos por la acera, no tenemos visión periférica. Solo existes tú, lo que está justo delante de ti y los cordones de tus zapatos (a los que os miráis a los pies para no tropezaros... me declaro culpable). Llegamos incluso a mirar nuestros mensajes inexistentes en el móvil o a buscar en el bolso algo que no necesitamos. Todo para evitar
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Tuve la suerte de encontrarme con este relato en "elpais. com" del jueves o viernes, y lo leí con mucho detenimiento. Es verdad que el salto, tanto cualitativo como cuantitativo, es enorme, porque, Casie Tennín, viene de una gran ciudad, como Nueva York, a un
pueblo, Fregenal de la
Sierra, de 5000 habitantes; pero no es menos cierto que, hasta en las ciudades pequeñas como las nuestras, los homínidos pueblerinos nos cruzamos y, como el que no quiere la cosa, orientamos nuestras miradas hacia el olimpo
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