¡Qué duro Juan Antonio! Nada más de imaginarme ese recorrido a lomos en las caballerizas y bajo la noche me duelen los huesos ¿Acaso no habría sido un poco más cómodo usar un carro? Qué bien relatas el trajín cotidiano de aquellos tiempos. El reparto por sorteo debió de ser una práctica común entre las familias a la hora de heredar. Yo también recuerdo esa leche con la nata gruesa y las motitas amarillas, su sabor… si se tomaba sola amargaba un poco; pero al arrimo del café ya era otra cosa. El mismo
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Sin duda, el
carro hubiera sido más cómodo que ir sobre el aparejo de las caballerías. Como creo haber citado en alguna ocasión, mi abuelo tenía un carro –uno de los pocos que en
Lagunilla existían-, y se podría haber utilizado para el transporte de personas y mercancías entre el
pueblo y la
estación del ferrocarril más próxima –
Puerto de Béjar-, la diferencia es que el marchar de las caballerías es más rápido que el de los bóvidos y, por lo tanto, el tiempo empleado en el recorrido es menor.
No
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