Los niños y niñas jabeños conocimos el hielo cuando descubrimos el carámbano. Es verdad que el granizo -fruto de las tormentas- también era hielo, pero su estado sólido era tan fugaz que apenas daba tiempo a disfrutarlo con el juego como era el caso del carámbano: éramos tan pequeñitos, tan delgados, que nos posábamos como pajaritos encima de algo tan extraño a nuestros ojos como era el hielo. Creyéndonos ajenos a la realidad, casi ingrávidos, nos desplazábamos con nuestras catiuscas soñando en nuestro ... (ver texto completo)