En el áureo esplendor de la mañana,
viendo crecer la enredadera verde,
mi alegría no sabe lo que pierde
y mi dolor no sabe lo que gana.
Yo fui una vez como ese
pozo oscuro,
y fui como la forma de esa nube,
como ese gajo verde que ahora sube
mientras su
sombra baja por el muro.
La vida entonces era diferente,
y, en mi claro alborozo matutino,
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