Esta mañana, hermosa de sol, he paseado por un
camino acondicionado a la orilla del
río Bidasoa (divisoria natural de
España y
Francia), he sentido una agradable sensación al contemplar sus
aguas, al oírla, al ver los peces. Me senté un rato en uno de los bancos del
paseo y soñé que estaba a la orilla del
Gargáligas y cuando "desperté" sentí tristeza, rabia, impotencia, frustración; apreté los puños y hablé en voz alta: ¿Por qué en MI RIO no puede ser real lo que estoy viendo ahora, por qué ya no
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