Cuentan que un señor de Cárdenas vino a visitar a un pariente de Cordovín. Entre la emoción del encuentro y la devoción al expléndido clarete de aquel año, se sobrecargó de tal manera el cardenal que, a la hora de partir, el pariente le dijo a su mujer: ¿Cómo voy a dejar que vaya solo en estas condiciones?, lo acompañaré hasta Cárdenas. Emprendieron camino el guía y el aturdido; tras recorrer los cinco kilómetros que separan los dos pueblos, de noche cerrada, llegaron a Cárdenas y en la despedida, ... (ver texto completo)