. Eduardo Zaplana, actual vocero del Partido Popular en los escaños de las Cortes, llegó a Benidorm limpio de polvo y paja, es decir, sin una de las antiguas pesetas. Casó bien con una rica e influyente de la localidad, alcanzó las cimas de alcalde gracias al voto cautivo de una tránsfuga a la que todavía pagamos el sueldo los valencianos -a ella y al marido- y llegó a la cúspide de ser el máximo representante de los valencianos, pero como esto no le gustaba y sabía que tarde o pronto sus chanchullos saldrían a la luz, se hizo nombrar Ministro de Trabajo para seguir medrando en Madrid, ciudad en la que debe pensar quedarse ya que compró, gracias a un buen crédito de la CAM parecido a ese que la derecha le atribuye a Montilla, aunque esta vez sólo fue para él y no para el partido, un piso enorme en la Castellana mientras dejaba en estado de quiebra la 'Terra Mítica' de sus sueños.
PIO...PIO...
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