Después de cada elección, todos los partidos suelen afirmar, salvo catástrofe evidente, que las elecciones les han favorecido: éste porque conserva la mayoría absoluta, aquél porque su rival la ha perdido, este otro porque sube en votos, el de más allá porque pierde menos que su adversario, etc, etc.
Estas elecciones no podían ser una excepción, y cada partido ha hecho la lectura de los resultados que más conveniente le parece. Pero en este caso no ha podido evitarse que la liturgia habitual sonara más falsa que en otras ocasiones. Porque todos los partidos son conscientes, a la vista de los resultados, de que en estas elecciones sólo ha habido un ganador: ETA.
En cuanto al PP, es cierto que ha ganado en número global de votos y que esa victoria en unas municipales siempre anuncia la victoria en las elecciones generales siguientes. Es cierto también que en Madrid, que también suele anticipar las tendencias en el resto de España, el PP ha arrasado de manera indiscutible: Esperanza Aguirre ha batido el récord de votos en las elecciones a la Asamblea, mientras que Alberto Ruiz Gallardón obtiene un triunfo incontestable, aunque lejos del récord de 945.000 sufragios que sigue ostentando José María Alvarez del Manzano.
Pero también es verdad que el PP ha perdido la mayoría absoluta de la que gozaba en Baleares y en Navarra (aquí en coalición con CDN) y que ha perdido la alcaldía de Vitoria. Y los resultados de Navarra y de Vitoria son especialmente desastrosos por la trascendencia que pueden tener de cara al futuro, ya que allanan el camino hacia el triunfo de ETA. Y esos resultados son aún más decepcionantes porque se producen después de una estrategia de rendición del Gobierno ante ETA que ha venido jalonada por medidas, como la excarcelación de De Juana o la reactivación electoral de Batasuna, que han provocado una enorme alarma social. Alarma social que, sin embargo, no ha pasado una factura realmente significativa al Gobierno.
Con respecto al PSOE, es verdad que vence al PP en número de concejales y que se coloca en disposición de arrebatarle a los populares importantes enclaves, gracias a los pactos con otras fuerzas, con lo que puede llegar a aumentar su poder territorial y conjura la posibilidad de cualquier disidencia interna. Es cierto también que el PSOE no sólo no pierde votos en el País Vasco y Navarra, sino que los gana, lo que, unido a los resultados en el Parlamento navarro y en Vitoria, va a permitir seguir adelante con el proceso de rendición ante ETA.
Pero también es verdad que el PSOE pierde a nivel global y en Madrid. Y que vamos a asistir a una subasta de poder que hace que determinadas autonomías, como Canarias, Cantabria o Baleares terminen siendo para el mejor postor, que no necesariamente ha de ser el PSOE. Y que estos resultados, teniendo en cuenta el abrumador dominio mediático de los socialistas y la sobreprima que siempre obtiene el que detenta el poder central, representan un auténtico fiasco para un Gobierno, el de Zapatero, que ha conseguido desgastarse en sólo 3 años lo mismo que Felipe González se desgastó en 11. Y, sobre todo, lo más preocupante de estos resultados es el hecho, precisamente, de que dejan al PSOE sin argumento alguno para no ceder ante las últimas exigencias de ETA. Nada impide ya activar en Navarra el proceso de anexión encubierta al País Vasco, y el PSOE tendrá que asumir el coste electoral y social correspondiente, empezando por la decisión de entregar la presidencia del Gobierno navarro a Navarra sí.
No hay nada ya que impida que el proceso de rendición del Estado continúe: así lo han querido tanto los navarros como los españoles en general. Unos y otros tenían en su mano la oportunidad de detener el proceso, pero la han dejado pasar.
Ni siquiera tiene excusa Zapatero para adelantar las elecciones. El PSOE ha mantenido el tipo, así que ETA podrá seguir exprimiendo a Zapatero sin que éste pueda invocar, para no efectuar más concesiones, una hipotética victoria arrolladora de la derecha en caso de que ETA tensara la cuerda demasiado. Le queda a la naranja todavía mucho zumo, así que nos espera un año a cara de perro.
ETA ha ganado las elecciones y el Golpe de Régimen sigue adelante. Las cosas deberán continuar empeorando antes de que puedan llegar a mejorar.
Si es que hay oportunidad de que mejoren. Porque no está claro que no hayamos traspasado el límite de la irreversibilidad.
... (ver texto completo)