LO QUE AZNAR PROMETIó A ETA * sigue *
6 * El portavoz del Gobierno, José Piqué, declaraba que "lo importante ahora es acreditar la voluntad real por parte de ETA de abandonar las armas y de eliminar algunos equívocos que todavía se siguen produciendo, en relación, por ejemplo, a la inquietud de empresarios vascos en cuanto al impuesto revolucionario o episodios de violencia reciente que todavía no han sido condenados".
7 * El diario 'El Mundo', publica un editorial al día siguiente, titulado "Otro valiente paso de Aznar hacia la paz". Y terminaba con estas palabras: "Ante asunto de tanta trascendencia, los celos partidistas están de más. Si la paz se lograse, nunca será exclusiva de Aznar: corresponderá a todos cuantos la hayan propiciado".
8 * El día 5, dos días después, el vicepresidente primero del Gobierno, álvarez Cascos, pedía a ETA que designase a sus interlocutores para que el Gobierno pueda iniciar conversaciones con esta organización. El Gobierno ya ha dicho quién es el interlocutor: "El propio Gobierno". Ese mismo día, el presidente Aznar, durante la presentación de la revista 'La aventura de la historia', se reafirmaba en su propuesta y declaraba estar dispuesto "al perdón y la generosidad" si ETA renuncia definitivamente a las armas. Esto es lo que pasaba en 1998. Nadie, sin embargo, se dirigió a Aznar acusándole de estar "traicionando a los muertos".
9 * No sólo por entablar diálogos con ETA sino por ofrecer a los presos el acercamiento al País Vasco, terceros grados, libertades condicionales, hasta ¡indultos! Es decir, "perdón y generosidad". Ni a la Asociación de Víctimas del Terrorismo se le ocurrió convocar una manifestación en protesta por estas deferencias de Aznar con los terroristas.
10 * Ni Aznar se encontró con la cantidad de insultos y descalificaciones que se le han dedicado a Zapatero por pedir, simplemente, al Congreso, autorización para de acuerdo con el Pacto de Ajuria Enea, si ETA manifiesta "una clara voluntad para poner fin a la violencia y da muestras inequívocas", abrir procesos de diálogo "entre los poderes competentes del Estado y quienes decidan abandonar la violencia, respetando en todo momento el principio irrenunciable de que las cuestiones políticas deben resolverse únicamente a través de los representantes legítimos de la volunta popular".
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