Transcurridos mas de veinticinco años desde la aprobación de la Constitución, el proceso descentralizador ha culminado en la configuración de un Estado de corte federal en que el que, junto a las entidades locales (los municipios y sus ayuntamientos) y a las entidades provinciales (las provincias y sus diputaciones provinciales) existen dos grandes entidades territoriales dotadas de poder político: el Estado central y las Comunidades Autónomas. Estas últimas se han organizado sobre la base de una ... (ver texto completo)
‘La izquierda española no ha admitido que democracia y nacionalismo no son conceptos unidos y obligatorios; es más, casi por definición la izquierda no puede ser nacionalista por su sentido universal de la solidaridad’
Carlos Carnicero, periodista, en un artículo publicado en su blog el 25 de julio de 2010.
[...] La Constitución de 1.978 ha sido el soporte legal del mayor grade autonomía imaginable en el que el estado ha traspasado casi todas las competencias con excepción de la política monetaria –que está en manos de la Unión Europea- la política exterior y de defensa y algunos asuntos relacionados con puertos, fronteras y aeropuertos. No es fácil encontrar un estado federal que disponga de un grado de autonomía como la catalana. Los nacionalistas nos han acostumbrado a un lamento que no tiene fin. Ahora, el Tribunal Constitucional ha establecido que sólo existe una nación y una soberanía que no admite fraccionamientos. Estaba claro, pero la pulsión nacionalista es considerar que su territorio es una nación independientemente de lo que diga la Constitución, a la que tienen tanta aversión como a la bandera de España. Y no hay pérdida de competencias, pero ellos planean una nueva ofensiva para que su lamento, convertido en reivindicación, les permita ahora arañar más competencias en una carrera sin meta fijada.
La izquierda española no ha admitido que democracia y nacionalismo no son conceptos unidos y obligatorios; es más, casi por definición la izquierda no puede ser nacionalista por su sentido universal de la solidaridad.
[...] El lamento catalán nos hace a todos estar pendientes del estado de ánimo que trasladaran José Montilla y los demás líderes, confesos o no, del nacionalismo catalán. Pero parece que no importa el estado de ánimo de muchos españoles demócratas, progresistas y defensores de la Constitución y los estatutos de autonomía a los que nadie les hace caso porque se ha establecido que su falta de comprensión y su agotamiento con los lamentos nacionalistas son sentimientos no democráticos. Y detrás de esa falsedad se fabrica continuamente la conversión del lamento catalán en reclamo y este en concesión. Y así se nos va la vida y se nos va la oportunidad de que una España democrática juegue un papel en este mundo democratizado y cambiante. ... (ver texto completo)
Carlos Carnicero, periodista, en un artículo publicado en su blog el 25 de julio de 2010.
[...] La Constitución de 1.978 ha sido el soporte legal del mayor grade autonomía imaginable en el que el estado ha traspasado casi todas las competencias con excepción de la política monetaria –que está en manos de la Unión Europea- la política exterior y de defensa y algunos asuntos relacionados con puertos, fronteras y aeropuertos. No es fácil encontrar un estado federal que disponga de un grado de autonomía como la catalana. Los nacionalistas nos han acostumbrado a un lamento que no tiene fin. Ahora, el Tribunal Constitucional ha establecido que sólo existe una nación y una soberanía que no admite fraccionamientos. Estaba claro, pero la pulsión nacionalista es considerar que su territorio es una nación independientemente de lo que diga la Constitución, a la que tienen tanta aversión como a la bandera de España. Y no hay pérdida de competencias, pero ellos planean una nueva ofensiva para que su lamento, convertido en reivindicación, les permita ahora arañar más competencias en una carrera sin meta fijada.
La izquierda española no ha admitido que democracia y nacionalismo no son conceptos unidos y obligatorios; es más, casi por definición la izquierda no puede ser nacionalista por su sentido universal de la solidaridad.
[...] El lamento catalán nos hace a todos estar pendientes del estado de ánimo que trasladaran José Montilla y los demás líderes, confesos o no, del nacionalismo catalán. Pero parece que no importa el estado de ánimo de muchos españoles demócratas, progresistas y defensores de la Constitución y los estatutos de autonomía a los que nadie les hace caso porque se ha establecido que su falta de comprensión y su agotamiento con los lamentos nacionalistas son sentimientos no democráticos. Y detrás de esa falsedad se fabrica continuamente la conversión del lamento catalán en reclamo y este en concesión. Y así se nos va la vida y se nos va la oportunidad de que una España democrática juegue un papel en este mundo democratizado y cambiante. ... (ver texto completo)