Las ciencias en general y la medicina1 en particular alcanzaron un gran desarrollo en al-Ándalus desde el emirato de Abderramán en el siglo IX. Los árabes se habían extendido a lo largo de todo el Oriente y ello permitió que conocieran y se interesaran por las obras de los autores clásicos griegos, persas y chinos e iniciaran su traducción a su propio idioma.
Cuando en el año 929 Abderramán III se proclama califa o sucesor del profeta y jefe de los creyentes, obteniendo la independencia del califato de Bagdad, se alcanza el máximo esplendor de la capital cordobesa y al-Ándalus es la mayor potencia política y económica y, simultáneamente, el centro cultural más importante de Occidente. De esta forma los estudios científicos más desarrollados en estos lugares y en estos siglos corresponden a la medicina y a la astronomía.
Previamente los estudiantes de oriente y de occidente viajaban a Damasco, Bagdad o Alejandría para aprender con los mejores maestros de la época. A partir de la segunda mitad del siglo X, la España musulmana (al-Ándalus) produce el primer Renacimiento en suelo europeo. La capital del califato omeya, Córdoba, adquiere un gran desarrollo urbano con su medio millón de habitantes, más de trescientos baños públicos y veintiocho arrabales. Ninguna ciudad europea podía competir entonces con ella. León, por ejemplo, la capital del reino cristiano peninsular, sólo tenía diez mil en la misma época. La actividad económica florece como nunca. Artesanos de todos los oficios llenan barrios enteros con sus actividades. La agricultura conoce un desarrollo espectacular. Los árabes, por ejemplo, introducen en al-Ándalus el sistema de regadíos desconocido en el mundo cristiano, un sistema que aún pervive en muchos lugares de Andalucía. Pero donde el Islam consigue sus cotas más brillantes es en el mundo de las manifestaciones intelectuales. La filosofía especulativa; la ciencia, con la medicina, principalmente con la cirugía, y la astrología; el arte, con la poesía, la música y la arquitectura, ponen de relieve la capacidad creativa de un pueblo y de una ciudad pocas veces repetida a lo largo de la historia.
El siglo XI cordobés con su florecimiento científico y literario hispano-musulmán permite, por primera vez en la historia, que España se convierta en un foco de alta cultura que atrae a los estudiantes orientales y norteafricanos hacia la Península, como sucederá más tarde con otros ilustres viajeros procedentes de la Europa cristiana. La filosofía hispano-musulmana alcanza su madurez en el siglo XII con representantes como Avempace, Abentofail y Averroes a los que hay que añadir el nombre del judío cordobés Maimónides, exiliado en Egipto.
Entre todos ellos brilla con luz propia Averroes (1126-1198) natural de Córdoba, “casa de las ciencias y sede de los reyes” y descendiente de una ilustre familia de juristas: en él culminan la filosofía de al-Ándalus y también la filosofía medieval en su conjunto. Dentro del mundo islámico, Averroes, logró ya en vida enorme prestigio en su doble faceta de filósofo, médico y jurista. En la España musulmana nadie como él simbolizaría al sabio. Las fuentes históricas árabes destacan uno u otro aspecto de su personalidad intelectual, según sus preferencias y así se le concede un lugar de honor en la “Historia de los médicos del Occidente” de Ibn Abi Usaybia y afirma de él: “conocía profundamente la ciencia médica y era un autor excelente”.
Desde la perspectiva de nuestra historia cultural, Averroes ha soportado un olvido de siglos por prejuicios religiosos y políticos, afortunadamente ya superados, como tantos otros pensadores musulmanes y judíos de la España medieval. Y, sin embargo, pocos como él han hecho del suelo hispano un punto de referencia obligado en la historia de la filosofía y de la ciencia. Como han escrito los expertos arabistas, “Averroes es posiblemente el español que mayor influjo ha ejercido a lo largo de la historia sobre el pensamiento humano.
En otros aspectos más cercanos a nosotros la obra médica de Averroes, aun a pesar del precedente de Avicena, gozó de una gran difusión hasta el Renacimiento, a la vez que se hicieron de sus textos diversas versiones al hebreo y al latín.
En los textos médicos de nuestro sabio podemos hacer dos apartados: los textos que el autor andalusí redactó con el fin de comentar a Galeno, Aristóteles y Avicena; y las obras médicas originales del autor.
En el primer grupo se conocen nueve títulos en relación con los Elementos, Temperamentos, Facultades naturales, las Fiebres, Medicamentos simples… de Galeno y un comentario sobre la medicina de Avicena.
En el segundo grupo, el de obras originales, se conocen quince textos entre los que destacan: “Libro sobre las generalidades de la Medicina”, “Aserto sobre los diversos temperamentos”, “Sobre la triaca”, y “Sobre la conservación de la salud”.
Del conjunto de los textos originales redactados sobre materia médica Averroes tocó todos los temas que sobre medicina redactaron los demás médicos árabes más afamados y acaso lo más importante a destacar de los escritos médicos de Averroes sea el hecho de que a través de ellos se pueden conocer mejor los datos extraídos de la obra galénica y aristotélica, de suerte que se nos presenta con un mayor ordenamiento y esquematización que en las mismas fuentes originales.
Averroes quedará para siempre como el arquetipo del sabio y del filósofo como símbolo intelectual de la España islámica. Tal y como afirma el profesor Martínez Lorca, “no podía ser de otro modo: La Mezquita, en el arte, y Averroes, en el pensamiento, brillan desde hace siglos sobre el cielo de CórdOBA
1. http://www. lacerca. com/etiquetas/1/medicina
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