COLLADO VILLALBA (Madrid)

Compañía como la de ella.., ciertamente; nunca podremos hallar.
CARRETERA DE COLMENAR VIEJO
A HOYO DE MANZANARES.
Entre curvas peligrosas
y pavimento olvidado,
no es un camino de rosas
este lugar condenado.

Sin arcenes controlados
ni reflectantes activos,
ves tus pasos renegados
a momentos conflictivos.

La muerte vive esperando
en tan fatal carretera,
mientras vamos circulando
con el peligro a la vera.

Curvas que marcan laderas
a orillas del Manzanares,
que parecen escaleras
en estos raros lugares.

Colmenar vive esperando
que las curvas se moderen,
y en Hoyo viven gritando,
más dicen que les esperen.

El paisaje es temeroso
en todo su recorrido,
el conductor más glorioso
se puede sentir perdido.

Los quitamiedos de piedra
son testigos mal nacientes,
que no pueden tener hiedra
ni se sienten relucientes.

Carretera de misterio
entre las brisas serranas,
su caminar siempre serio
amarga muchas mañanas.

Curvas llenas de peligro
en todo su recorrido,
no debes perder el giro
ni jamás verte vencido.
G X Cantalapiedra.
EN EL ALTO DE LA SIERRA
En el alto de la sierra
se prometieron amores
pero la vida les cierra
dejándoles sinsabores.

Con la promesas perdidas
y sus mentes marchitadas,
notan sufrir las heridas
que amargan las madrugadas.

Fueron promesas de amores
entre flores encantadas,
en un mundo de colores
y de ilusiones marcadas.

Las palabras quedan rotas
al intentar recordarlas,
solo quedan las derrotas
que no intentan arreglarlas.

Promesas sobre su cima
que se fueron sin usarlas,
quizá les marcó su clima
y hoy quisieran condenarlas.

Miran despacio a la sierra
sin entender de distancia,
sintiendo cómo su tierra
no comprende la arrogancia.

Aquella promesa rota
no puede vivir en calma,
en la mente se alborota
cuando lo recuerda el alma.

Cómo dos fantasmas vivos
repletos de intolerancia,
cuidan de sus adjetivos
que son pura extravagancia.

La cima quedo muy lejos,
arriba de la montaña,
y en el valle los complejos
buscaron la senda extraña.
G X Cantalapiedra.
ESTAS CUMBRES MONTAÑOSAS
Miro sus grandes colinas,
que presumen de dichosas,
sin ser montañas divinas
hoy se sienten vanidosas.

Cumbres que tienen sus mitos
envueltos entre leyendas,
donde se sienten los gritos
entre sus bonitas sendas.

Piedras que marcan caminos
con precipicios de muerte,
algunas tienen los signos
de poder cambiar tu suerte.

Tratas de subir tranquilo
buscando nueva aventura,
mientras arriba perfilo
un paisaje de dulzura.

Estas cumbres que apasionan
son miradores sedantes,
al pisarlas te emocionan
en muchos de los instantes.

Cumbres que marcan sus hitos
a posibles emigrantes,
y que soltaran los mitos
con palabras delirantes.

Las nubes vienen deprisa
para cubrir esas cimas,
y algunas se vuelven brisa
en sus laderas divinas.

Cumbres que dejan recuerdos
en la juventud inquieta,
entre sombras de hombres cuerdos
que van buscando su meta.

Las cumbres siguen erguidas
mientras los vientos azotan,
ellas no se ven vencidas
y sobre el paisaje flotan.
G X Cantalapiedra.
LA TORTUGA DEL PICAZO
Entre chaparros testigos
y sus piedras milenarias,
en Hoyo se ven de amigos
cómo tremendas murallas.

Montañas que son leyendas
de circunstancias extrañas,
subidas que tienen sendas
donde viven alimañas.

La sierra sigue brillando
entre verdes palpitantes,
en su entorno va quedando
recuerdos interrogantes.

En Hoyo de Manzanares
los silencios son templanzas,
viendo piedras por millares
que jamás quieren tardanzas.

La Tortuga del Picazo
es una cima pintada,
tiene su tiempo y su plazo
cómo montaña encantada.

El horizonte de lujo
nos deja sombras marcadas,
dicen que tiene el influjo
de jornadas mal pasadas.

En su forma de tortuga
su cima vive estancada,
solo la niebla la arruga
al ser la mañana helada.

La Madre Naturaleza
dejo sus cimas templadas,
La Tortuga es fortaleza
de estas vistas anheladas.

Desde su cima divisas
extensiones habitadas,
temiendo solo las brisas
de sus horas congeladas.
G X Cantalapiedra.
SON MIL UNO, METROS.
SOBRE EL NIVEL DEL MAR.
Entre montes retorcidos
y sus piedras misteriosas,
en Hoyo siguen erguidos
muchos recuerdos de cosas.

Mil uno tiene de altura
sobre el Puerto de Alicante,
se nota su gran frescura
con este calor constante.

Piedras en viejas viviendas
hacen sentir sus historias,
calles que ayer fueron sendas
y hoy conservan sus memorias.

El Picazo es el más alto
con esos mil cuatrocientos,
que nunca da sobresalto
siendo piedras sus cimientos.

Laderas que son testigos
de esta sierra madrileña,
caminos viejos con siglos
entre sus brisas risueñas.

Hoyo mira al Manzanares
sin apenas conocerle,
es de los bellos lugares
que quisieras entenderle.

Curvas en sus carreteras
hacen crecer el peligro,
entre vistas de primera
que pueden darte un castigo.

Con la mirada de frente
sin perder vista al asfalto,
no quieras saber su ambiente
que puede causarte llanto.

Carreteras de misterio
entre bosques crecederos,
la niebla sí viene en serio
ves peligros duraderos.
G X Cantalapiedra.
PENSÓ SUBIR A EL PICAZO
En aquel mes de julio, el calor era bastante grande, y el esfuerzo que precisaba, para poder subir a El Picazo, era demasiado, en aquel tiempo de calores infernales, Más llego a tomar una determinación importante, aquel hombre jubilado, que no había tenido nunca tiempo ni posibilidad, de que algún vecino le acompañara, a realizar aquella escalada, que desde el centro de la localidad veraniega, de Hoyo de Manzanares, parecía demasiado fácil, pero que le resultaría dura y penosa. Sin pensarlo mucho más se decidió a subir, en una mañana de las más frescas, de lo que llevaba de verano, en aquel año, de calores hasta en el mes de junio a principios, donde el calor se desato, y en esa localidad de la sierra, se llegaron a tener unos 36, grados, de calor algunos días, a la hora de las cuatro de la tarde, que parecía ser la hora de más intensidad del sol, sobre la localidad serrana, en aquella mañana de julio, donde decidió empezar su subida tan solo eran 20, grados, antes de iniciar la subida a dicho pico, del Picazo. con unas zapatillas de deporte, y un sombrero de paja grande, marchó camino de las laderas del famoso pico. Entre cercas de piedras y arbustos, que fue dejando de lado, empezó la subida, que duraría aproximadamente, una hora, al llegar a la cima del Pico del Picazo, sus piernas parecían estar agotadas y cansadas a tope, el paisaje que desde allí se divisaba, era bastante bonito, al ver a la ciudad de Madrid en la lejanía, y un montón de urbanizaciones, de aquella zona de la sierra madrileña. Aunque su paseo o escalada no le resulto nada fácil, a pesar da tan fantásticas vistas, una culebra salida de entre las piedras de la cima, le saludo, poniéndose de manos, y silbando con estruendo. El hombre sintió miedo, nunca había pensado en nada parecido, y la brisa de la mañana, le traía un olor a zorro no muy lejos de allí, trato de serenarse, y decidir volver a la localidad serrana, por el mismo camino que había llevado en la subida, pero pronto comprendió, que el retorno no iba a ser nada fácil, un par de buitres carroñeros, le seguían sin perder su pista, y el olor a zorros o alguna alimaña, para el desconocida, le pusieron la carne de gallina, trataba de bajar lo más deprisa qué podía, pero de vez en cuando las piedras se desprendían a su paso, y temió por su integridad física. Hoyo de Manzanares, él le veía, y escuchaba ruidos de motores, que parecían estar mucho más cerca que en la realidad estaban, sin apenas darse cuenta, uno de los buitres con el cuello pelado y sus garras certeras, le atacaba, y el hombre se defendía cómo podía en aquel momento, de desesperación y terror, con las piedras que podía lanzarles a dichos pajarracos, que parecían hambrientos, y sin ningún temor de atacar a un ser humano, ya jubilado, los ultimo pasos hasta llegar a Hoyo de Manzanares, fueron terribles, veía culebras por todas partes, y buitres revoloteando por encima de su cabeza, pensando en que sí se despistaba, sería su comida sin más remedio, el hombre parecía estar destrozado, por aquella terrible aventura, que a su esposa le había contado, antes de empezarla, pero que una vez llegado a su vivienda de verano, quiso ocultarle, para que no se sintiera atemorizada, por aquella naturaleza salvaje, que estaba tan solo a medio kilometro de su casa, y que quizá hace años, esos bloques de hormigón, eran los lugares donde buitres, víboras, hormigas, zorros, y demás animales salvajes las tenían de sus habitáculos, naturales, y que solo el ser humano, con su deseo de ser el señor de la creación, se apoderado de tantos territorios, para su relajamiento. Aquel hombre jubilado, cambio de ideas en pocas horas, pensaba en solitario, cómo le pudo a ver ido, sí una de las zarpas de el buitre que le ataco, le hubiera conseguido agarrarle el cuello, o sí una manada de lobos o zorros, se le hubieran echado encima, el miedo le corría por todo el cuerpo, y en las noches siguientes, cerraba puertas y ventanas a tope, sin dar demasiadas explicaciones. Su familia al ver qué había cambiado su actitud en la vivienda, no dejaba de pensar el motivo, aunque el continuaba en el más absoluto silencio. G X Cantalapiedra. Escrita en Hoyo de Manzanares, viendo El Picazo.
hola, Manzanares el Real es de los pueblos de la comunidad de Madrid que quiero conocer. Me encantaria poder saber que recomendaciones para visitor y poder pasar un buen dia. Tambien para poder comer que sea economico. Aprovechare para poder hacer fotos y despues poder ponerlas aqui. Saludos y gracias por todo
ENTRE CASAS DE PIEDRA
El viento las va azotando
sin hacer apenas daños,
el tiempo las va marcando
con el paso de los años.

Casas que van resistiendo
entre guerras y templanzas,
algunas siguen sintiendo
los gritos de algunas danzas.

En estas casas de piedra
se vivieron esperanzas,
y en el verdor de la hiedra
se trazaron alabanzas.

Casas de piedras labradas
que son duras de cimientos,
fueron señas enmarcadas
con signos de encantamientos.

Ni los vientos más rabiosos
les pudieron dejar huellas,
son recuerdos tan hermosos
que siguen siendo muy bellas.

Piedras que marcan caminos
en las mañanas heladas,
algunas tiene sus signos
entre brisas no esperadas.

Calles llenas de recuerdos
con sus piedras adornadas,
se viven momentos cuerdos
en tan bonitas moradas.

Piedras que dan alegría
en estas bellas instancias,
el ambiente da armonía
en todas las circunstancias.

Casas de piedra cuidada
llenas de melancolía,
tienen su meta marcada
con cualquiera sintonía.
G X Cantalapiedra.
Escrita en Hoyo de Manzanares.
Detalle de una saetera o tronera o bocas de fuego, acondicionadas para desplegar la artillería. Lleva labrada la cruz del Santo Sepulcro de Jerusalén, por el título que gozó el cardenal Mendoza
Alrededor del cuerpo principal se extiende una barbacana, formada por una barrera de unos cinco metros de altura, en la que se abren diferentes troneras o bocas de fuego, acondicionadas para desplegar la artillería. Llevan labradas la cruz del Santo Sepulcro de Jerusalén, por el título que gozó el cardenal Mendoza.
El edificio toma el modelo de los castillos palaciegos de su tiempo y adopta una planta cuadrangular para su cuerpo principal (30 x 30 metros), al que se anexa un tramo recto por uno de sus lados. Está estructurado en seis alturas (planta baja, entreplanta primera, planta principal, entreplanta segunda, galería alta y galería de cubiertas), además de un sótano. En tres de sus esquinas se elevan torres cilíndricas, mientras que la restante, situada en el ángulo sureste, está presidida por una torre más alta y cuadrada (aunque con remate octogonal), a modo de torre del homenaje.
El Castillo de Manzanares el Real se erige como la residencia palaciega de uno de los linajes más influyentes de la Castilla bajomedieval. Bajo la apariencia de una fortaleza, los Mendoza levantan un grandioso palacio, en el que prevalecen las inquietudes estéticas, como prueba el hecho de que contrataran al prestigioso arquitecto Juan Guas, sobre cualquier intención defensiva.

El resultado final es un conjunto que, desde la base de la arquitectura militar, hace suyas las premisas de la arquitectura palaciega, 25 como el equilibrio de formas, la simetría de volúmenes y el gusto por lo decorativo. Además de estos rasgos, el castillo presenta algunas trazas de arquitectura religiosa, visibles en la capilla que aloja en su interior.
El castillo se realiza en el último tercio del siglo XV, en un momento en el que la construcción de fortalezas, con la Reconquista prácticamente finalizada y las casas nobiliarias plenamente asentadas, no obedece tanto a necesidades defensivas, como al afán de transmitir una imagen de riqueza y poder. Los elementos arquitectónicos típicos de las fortificaciones, tales como matacanes, merlones, aspilleras, fosos o barbacanas, se ponen al servicio de esta idea y quedan supeditados al concepto de mansión señorial, más acorde con las ideas prerrenacentistas de la época.
Gracias a sucesivas restauraciones, presenta un excelente estado de conservación. Actualmente alberga un Centro de Interpretación sobre el medievo, 10 además de una colección de tapices, pinturas, armaduras y muebles de los siglos XVI a XIX. Fue declarado Monumento Histórico-Artístico en el año 1931. Es propiedad del Ducado del Infantado, si bien su administración y uso corresponde a la Dirección General de Turismo de la Comunidad de Madrid, que permite su visita y la celebración de actos de carácter público e institucionales dentro del recinto.