HOYO DE MANZANARES (Madrid)


Ayuntamiento
HOYO DE MANZANARES Y SUS VIENTOS FRÍOS.
Con los vientos invernales
que en Hoyo van padeciendo,
aunque les llamen normales
son fríos sin ir fingiendo.

El Picazo lo presiente
cuando la tarde termina,
se va notando en su ambiente
que el frío lo determina.

En Hoyo de Manzanares
llegan los vientos helados,
la sierra tiene lugares
que siempre son recordados.

Brisas de sufridos vientos
entre piedras milenarias,
en Hoyo ves sufrimientos
las noches extraordinarias.

Los recuerdos siguen vivos
con sus vientos heladores,
en Hoyo se ven motivos
donde corren los sudores.

Con la sierra de testigo
El Picazo va logrando,
de nunca ser el castigo
de ese viento congelando.

Hoyo refleja pasiones
que parecen no olvidarse,
su historia tiene emociones
de pasos para cuidarse.

En la noche se divisa
el brillo de las estrellas,
que desde el cielo te avisa
de percibir las centellas.

En Hoyo la noche es bella
si la luna va cantando,
la luz que tiene es aquella
que a el silencio va rondando.
G X Cantalapiedra.
HOYO DE MANZANARES EN NAVIDAD
Fechas que marcan los signos
de las blancas navidades,
en Hoyo existen caminos
donde se buscan verdades.

Navidades en la sierra
con sus fríos congelados,
en Hoyo la vida encierra
muchos sueños encantados.

Navidades celebradas
entre familias normales,
donde viven anheladas
con sus fríos naturales.

La Navidad con sus huellas
de los hielos invernales,
y el cielo lleno de estrellas
deja brillos siderales.

En Hoyo de Manzanares
se viven las tradiciones,
tiene la sierra lugares
que perviven sus razones.

Villancicos y oraciones
con sentimientos cristianos,
es lugar de devociones
entre sus hombres humanos.

Belenes de tradiciones
en su contorno serrano,
Hoyo tiene vibraciones
de buscar un mundo sano.

La Navidad castellana
se vive desde la sierra,
en ella ves vida humana
con el amor a esta tierra.
G X Cantalapiedra.
SE TERMINA SEPTIEMBRE
Pálidas calles con fríos
entre brisas temerosas,
sin conocer esos ríos
que hacen ciudades dichosas.

Las laderas de la sierra
saben de sueños buscados,
a veces miras la tierra
al ver los suelos helados.

El otoño da nostalgia
en las noches de pesares,
algunos hablan de magia
si ven felices hogares.

Octubre de nubes negras
que amenazan soledades,
donde las cumbres ven fieras
sin explicar sus verdades.

La sierra teme los fríos,
como muchos encinares,
el viento da escalofríos
que detestan los pinares.

Apenas quedan calores
entre las piedras serranas,
y se esconden los amores
al despertar las mañanas.

Los silencios de la sierra
nunca se les da importancia,
en su corazón se encierra
mucha duda de distancia.

La sierra busca la nieve
que pueda regar sus plantas,
sin decir que la conviene
esas humedades blancas.

El otoño deja brisa
de cantidad de nostalgia,
a veces tan solo eclipsa
lo que puede ser la magia.
G X Cantalapiedra.
QUE A VECES HABLAN LAS PIEDRAS
Hablan de piedras gigantes
como losas sin olvido,
viendo vidas arrogantes
en su camino perdido.

Entre vientos de la sierra
como sueños deprimidos,
en el corazón se encierra
paisajes que son erguidos.

Hoyo buscando futuro
entre graníticas piedras,
no existe el camino duro
ni muchas casas con hiedras.

La mirada al horizonte
con sus piedras milenarias,
quisieras pisar el monte
en horas extraordinarias.

Dudas llevas en la mente
al ver tan grandes montañas,
apenas tienes ambiente
de vivir cosas extrañas.

Cuando la pena se agita
y el corazón la resalta,
la voz de la sierra grita
con un ruido que te espanta.

Piedras que marcan caminos
envueltas en mil recuerdos,
leyendas que dejan signos
en los destinos más cuerdos.

El silencio de la noche
se siente cuando revienta,
nadie puede poner broche
a lo que no tiene venta.

Hablan las piedras gritando
cuando llega la tormenta,
su sonido va llegando
al miedo que se alimenta.
G X Cantalapiedra.
VISIONES TENEBROSAS
En aquella noche del mes de agosto, del año 1977, un par de hombres amigos, venidos de la ciudad de Madrid, intentaban subir por una senda, hasta la cima de la llamada Tortuga, había sido una tarde de mucho calor, y en Hoyo de Manzanares se notaba con fuerza, los dos amigos recogieron unas botellas de agua fresca, e iniciaron su ascenso, cada uno con su bastón, más la tarde se fue con su calor terminando, y a los dos amigos les cogió en mitad del recorrido. La noche en aquella subida a la sierra, se hacía dura y casi imposible, las piedras se movían y salían rodando, y la visibilidad era muy poca, los dos amigos pensaron quedarse allí sentados, hasta ver si la luna les iluminaba el trayecto, más entre dudas y soluciones, ya notaban el fresco de su entorno, y sabían que al entrar más la noche, el frío sería mucho mayor. En aquel momento sintieron como si un helicóptero, le tuvieran encima, ya que daba reflejo de luces de colores, y de vez en cuando una ráfaga de luz medio amarillenta, que les deslumbraba. Las dudas y quizá el miedo, les hizo sentirse poco valientes, queriéndose esconder entre las piedras grandes del sendero, para ver que era aquello que no eran capaces de reconocer. Los dos amigos callados y ocultos, comentaron entre ellos, que vacaciones estamos teniendo, más nos hubiera valido quedarnos en Madrid, y así no tendríamos que pasar estos malos ratos. El aparato que fuera, era demasiado rápido, sus maniobras eran de todas formas, y muy ligeras, los dos amigos se sentían indefensos, y sin saber que solución dar a ese imprevisto de la noche. Estuvieron como más de una hora, ocultos entre las piedras de aquella gran subida, que sobre la una de la madrugada, el aparato se alejó rapidísimo, y sin poder contemplar su armadura, ni la forma de su navegación, los dos amigos estuvieron mirando al cielo, como más de una hora, y al sentir el frío de la madrugada, se dispusieron a continuar su ascenso a la colina de La Tortuga. Donde en las horas de la madrugada llegaron, cansados y con mucho miedo, además de destemplados, desde la cima se divisaba Madrid entre brisas, y la zona norte, con todo el Guadarrama y Navacerrada, era una visión maravillosa, las faldas de la sierra parecían emocionarles, a los dos amigos, pero su mirada al horizonte, quedaba sujeta aquel objeto volador, que nunca sabrían cual fue, y con el que tanto miedo pasaron. El retorno hacia Hoyo de Manzanares, ya de día, les parecía una cosa sin importancia, aunque sabían que podían encontrar algún animal salvaje, que les pudiera molestar, como sin tardar mucho lo encontraron, una víbora saliendo entre las piedras graníticas de aquella ladera de la montaña, y que tuvieron que hacerla frente con sus bastones, y dejarla muerta en aquella senda de su camino. Su retorno hasta Madrid, fue de anotar todos los incidentes que sufrieron, estos dos amigos acostumbrados a pasar noches en plena sierra, y a ver subido más veces a La Tortuga, no terminaban de creerse lo sucedido, su caso nunca le hicieron público, y a sus familiares no les contaron su aventura, por no aguantar las criticas familiares de sus noches fuera de casa. Ellos solo sabían que aquel objeto, no podía ser un helicóptero, ya que aunque silbaba al estar encima en el aire, no tenía su diseño, y sus luces, eran de colores más especiales. Además la velocidad que lograba en pocos segundos era de vértigo, Aquel viaje a La Tortuga, sería el último que tenían en mente, ya que al día siguiente, uno de los dos amigos, sufrió un infarto que le causó la muerte radical, sin poder ni recurrir a ningún médico, siendo en su propio domicilio donde el corazón le fallo, sin poder ni avisar a los equipos de urgencias, Nadie puede culpar a la situación pasada, pero hay cosas que el cuerpo humano las lleva encima, como si fuera un archivo. G X Cantalapiedra.
AQUELLA NOCHE CUANDO NO BRILLO LA LUNA
Aquella noche sin luna entre piedras muy gigantes,
el hombre soñó fortuna en sus horas delirantes.

Sobre visiones perdidas y palabras arrogantes
busco frases elegidas en muchos de sus instantes.

Los aires de aquella sierra le sirvieron de sedante,
y en su cerebro se encierra ser un hombre de talante.

La luna busco barrancos en la noche misteriosa,
y fueron muchos los flancos al verla seria y penosa.

Deja que salga la luna sin hablarnos de pesares,
nunca el hombre habló de cuna en sus distintos lugares.

La voz de la tierra tira me comentó de mañana,
mientras que la vida gira sin querer la ruta vana.

La noche se fue muriendo sin que la luna brillara,
y en su corazón viviendo esa luz que le marcara.

Luces llenas de misterio sobre la sierra asomaban,
el hombre se puso serio y sus ojos le lloraban.

La luna se fue escondiendo sin buscar la madrugada,
y un grito de muerte oyendo dejó la sierra marcada.

Deja que llore la sierra aunque la luna se vaya,
hay lamentos en la tierra que solo los grita el alma.

Los ecos siguen perennes, nadie sabe de distancias,
existen ciertos vaivenes que no quieren ignorancias.

La noche busca a la luna sin temer la madrugada,
las palabras una a una son ecos de encrucijada.

La sierra grita en la noche mientras la luna se espanta,
nadie puede poner broche a tan penosa garganta.

La noche sigue encendida de misterios y alabanzas,
la luna se fue escondida sin comentar sus andanzas,

Los lamentos de la sierra dicen que los siente el alma,
hay misterios en la tierra que nadie querer reclama.
G X Cantalapiedra.
LA VIDA TIENE SUS HOYOS
Sin entender de fronteras
ni de casos misteriosos,
en Hoyo quedan barreras
con destinos escabrosos.

No acaricies tu maleta
en las mañanas perdidas,
ni quieras trazar la meta
de muchas frases fingidas.

Hoyo tiene sus lamentos
con historias escondidas,
más no quiere sufrimientos
en jornadas elegidas.

La vida tiene sus hoyos
entre laderas y cimas,
a la vez tiene recodos
de padecer ciertos climas.

Hoyo te da sensaciones
de querer saber de vida,
sin buscar explicaciones
divisas la piedra erguida,

Hoyo refleja silencio
sobre sus duras encinas,
el frío parece necio
si miras a sus colinas.

Piensas que la vida pasa
sin entender sus motivos,
al ver que el recuerdo arrasa
con sus tristes adjetivos.

En Hoyo vas conociendo
sendas que tienen memoria,
que a veces viven sintiendo
pasajes de pena y gloria.

Es la vida gran escuela
donde sentimos sus pasos,
el tiempo pasa que vuela
entre triunfos y fracasos.
G X Cantalapiedra.
YA SE TERMINO EL VERANO
Luces de sombras pasadas
corren por nuestra memoria,
hoy no valen andanadas
para formar otra historia.

Se fue alejando el verano
por las faldas de la sierra,
en Hoyo siguen pensando
que su frescura se encierra.

Las montañas esperando
que la nieve las visite,
por detrás se fue quedando
algún hombre que repite.

Laderas que voy mirando
entre brisas temblorosas,
alguna flor fue quedando
que pocos verán dichosas.

Ya se termina el verano
con sus cálidas miradas,
nunca pensé que es en vano
esas fechas encantadas.

En Hoyo vuelve el silencio
sin imponer un recurso,
nadie hablará de desprecio
al ver que comienza el curso.

La nieve vive esperando
arriba de las colinas,
su blancura ira dejando
mucho riego a sus encinas.

Hoyo de piedras labradas
sigue su rumbo de sierra,
en sus calles hay marcadas
los trabajos de esta tierra.

Regresando a su pasado
entre brisas heladoras,
quizá se siga escuchando
sonidos en ciertas horas.
G X Cantalapiedra.
AQUEL DOMINGO DE EXCURSIÓN POR LA SIERRA DE MADRID
Aquel domingo del mes de noviembre, de 1988, los dos amigos se dispusieron, a irse de excursión a las faldas de la Sierra de Madrid, y llegaron temprano a Hoyo de Manzanares, donde tomaron café, y allí dejaron aparcado su coche, empezaron su subida, camino de la llamada Tortuga, sus fuerzas eran las de dos hombres metidos en su oficina, y faltos de caminar entre piedras y encinas, como aquel ascenso parecía, los primeros kilómetros fueron de esfuerzo, y a la vez de rachas de viento helado, pero ellos no estaban dispuestos a volver a su automóvil sin mercancía, sin apenas darse cuenta, la niebla se les echo encima, y dejaron de contemplar a Hoyo y en la lejanía a Madrid, el frío se hacía insoportable, y aunque intentaban taparse las orejas y nariz, sentía un inmenso mal estar general, apenas habían cogido alguna seta, y la sierra se volvía contra ellos, ya no diferenciaban el norte del sur, ni la cima de la bajada, intentaron en aquel momento tranquilizarse, pero sin conocer el terreno era difícil el caminar sin perderse, ninguno de los dos tenía teléfono móvil, que en aquellos años ya se iniciaba su uso, de pronto en la niebla apareció un zorro, que sus ojos brillaban como faros de luz, sintieron miedo, ya que el olor que desprendía era fatal, y el animal casi digamos que apenas se espantó, se ve que la presencia del hombre, no le infundía mucho respeto, continuaron andando sin rumbo, entre aquellas piedras gigantes que a veces las rodeaban unas encinas retorcidas y no muy altas, sin a ver pasado el miedo de ver a el zorro, sintieron las piedras que se movían, en su entorno, y entonces en aquella blancura sin visibilidad, les dio pánico, e intentaron salir corriendo, pero no podían dirigirse a ninguna parte conocida, de pronto un bramido de toro, se escuchaba al lado suyo, en ese momento los dos amigos accedieron a una encina medio retorcida, y de más intenso ramaje de las demás, que no les fue difícil el subir, ya que tenía muchos brotes a su alrededor. Sin pasar apenas minutos, vieron a un toro negro grande, que les miraba fijamente desde el suelo pedregoso, ellos callados, sin hacer comentario alguno, trataban de esperar que el toro se marchara, pero era difícil, el toro les miraba, y con las pezuñas intentaba rascar el suelo, que era de piedra, de vez en cuando un bramido les hacía temblar, el frío al estar parados en la parte alta de la encina, era más grande, pero el miedo aquel toro, les hacía olvidarse de su frío serrano. Pasaron como unas cuatro horas subidos a la encina, sin saber qué hacer, ni como acabaría aquel encuentro fatal en plena sierra de Madrid, cuando apareció otro toro, que parecía ser hermano del que llevaba allí vigilándoles ese tiempo, de pronto la niebla parecía irse disipando, y lograron ver el paisaje desde la altura de Hoyo de Manzanares, aunque el miedo a bajarse de allí era enorme, sin apenas meter ruido, y dejando en el campo las cesta de los soñados nísperos o setas, trataban de bajarse por entre aquellas piedras, hacia el pueblo más cercano, de pronto uno de los dos hombres, resbalo y su pierna derecha le parecía imposible de fijar en el suelo, entre los dos amigos cortaron una rama, para que pudiera apoyarse en ella, y así con la ayuda del otro amigo, caminaron entre aquellas piedras enormes, de granito como eran los antiguos adoquines, de las ciudades, creo que en Madrid, existieron adoquines de dicha sierra, trabajados por los picapedreros de dicha localidad, el retorno a Hoyo de Manzanares, fue terrorífico, los dolores no cesaban, y la herida producida sobre su pierna, la trataron de taponar con sus pañuelos, e incluso con una bufanda, Así llegaron a Hoyo de Manzanares, y desde allí a Madrid al Hospital, donde fueron atendidos y su pierna curada y después escayolada, para poder seguir siendo un excursionista, dispuesto a pasar frío y miedo, más el recuerdo de aquel día, ya le tendrían en su mente para toda su vida... G X Cantalapiedra.
AIRES DE LA SIERRA
Llegan los vientos del norte
entre brisas congeladas,
ellos no traen pasaporte
dejando calles heladas.

Aires de los encinares
donde las piedras se notan,
en Hoyo quedan lugares
donde los vientos rebotan.

Aires llenos de leyendas
con sus piedras milenarias,
soñando a veces te enredas
con frases estrafalarias.

Donde se viven momentos
llenos de melancolía,
con aires de sufrimientos
repletos de fantasía.

El aire de la mañana
viene marcando destinos,
hablan de su vida sana
mientras la gripe sufrimos.

Aire que deja lamentos
en los sufridos pinares,
la noche da descontentos
mientras duermen los hogares.

Deja que se marcha el viento
sin preguntar su camino,
el aire suelta su aliento
que a veces es desatino.

Cuando la noche nos llegue
con sus sueños tenebrosos,
quizá la pena despliegue
sus minutos horrorosos.

El aire llega deprisa
en Hoyo de Manzanares,
dicen que deja esa brisa
que puede marcar pesares.
G X Cantalapiedra
NO BUSQUES EN LOS CAMINOS
No busques en los caminos
calamidades eternas,
deja que corran los vinos
en las mejores tabernas.

Nunca le digas al viento
que su signo es tu paciencia,
ni borres el sufrimiento
que puede causar la ciencia.

No quieras romper silencio
cuando la tierra te extraña,
ni sentirte como un necio
lamentándote de España.

No busques viejas pisadas
sobre piedras de granito,
ni sueñes con alboradas
bajo un cielo chiquitito.

No busques vientos del norte
en las cumbres de la sierra,
el frío tiene el resorte
de ver helada la tierra.

No maldigas ningún hoyo
cuando la suerte se niega,
ni busques jamás el rollo
que a la conciencia se pliega.

Hay paisajes y leyendas
que nunca podrás borrarles,
aunque pises bien las sendas
donde viven animales.

Piedras que guardan sus huellas
sin explicar los motivos,
hoyos que buscan estrellas
entre sueños y adjetivos.

No busques sombras perdidas
en laderas de la sierra,
hay tardes que dan heridas
que solo el tiempo las cierra.
G X Cantalapiedra.
LA SOLEDAD DE LA SIERRA
Entre piedras solitarias
donde los vientos revotan,
con vistas extraordinarias
hasta los sueños explotan.

Soledades de la sierra
con sus cumbres borrascosas,
en el corazón se encierra
muchas montañas hermosas.

Deja que llegue la nieve
para lanzar sus blancuras,
alguna pregunta viene
entre frases de dulzuras.

La sierra vive esperando
esas blancuras perfectas,
que nos van iluminando
sin percibir grandes rectas.

El Guadarrama de amigo
para notar ciertos fríos,
la nieve no es un castigo
aunque te de escalofríos.

Blancuras sobre las cumbres
en las tardes tenebrosas,
y en los hogares las lumbres
si las nieves son copiosas.

Piedras que dan encinares
rezumando sintonía,
la sierra tiene lugares
que son pura fantasía.

Cuando llega la ventisca
y el viento sigue silbando,
a veces ves la arenisca
por las veredas volando.

Los caminos de la sierra
todos saben de lamentos,
a veces la mente entierra
muchos malos sentimientos.
G X Cantalapiedra.
EN UN DÍA DE NIEBLA CERRADA DEL AÑO 1903. EN DICIEMBRE
Aquella mañana de niebla cerrada, del mes de diciembre del año1903, aquel hombre le habían informado, que en el camino del Pardo hasta El Pendolero, existía un curandero mágico, y sin poder disfrutar de mucha salud, se dispuso a dirigirse hasta dicho lugar, que jamás él había pisado. Este hombre en Madrid tenía una buena posición social, y era propietario de un hermoso caballo, que engancho a su tartana de ruedas de radios, y sin pensarlo demasiado, se decidió dirigirse hasta aquel lugar entonces remoto, por el camino del Pardo, su caballo no se sentía cansado, y trotando sobre aquel terreno en hora y pico estaba en El Pardo, donde pregunto por el camino o carretera que se dirigía hasta Torrelodones, lugar donde le habían informado. La niebla cada vez era más espesa, apenas se divisaba nada a más de diez metros. El caballo dejo de trotar, caminaba casi asustado, al no poder ver aquel camino de sierra, que no tenía ninguna barrera ni control. Las predicciones que aquel hombre había hecho, se le quedaron pulverizadas, desde su tartana, trataba de ver si estaba la casa de campo, de aquel medico brujo, que según le contaron, fue un estudiante expulsado de la universidad, por llevar la contraria a un catedrático, en sus lecciones de medicina interna, y sin poder obtener el grado de médico, tuvo que abandonar la carrera oficial, pero inicio otra muy distinta, siendo entre el público que le visitaba, el llamado brujo, o curandero, que se fue haciendo con pacientes, de diferentes lugares de Madrid, ya que su fama se vio crecida. Una vez pasado el Pardo, como a unos cinco kilómetros, se encontró con un ser raro, que caminaba tapado hasta la cabeza con una especie de manta o capote, mando parar al caballo y le pregunto por el curandero. La contestación fue aún más rara, le habló como si fuera de otro país, y le señalo con una mano enfundada en trapos, que siguiera por aquel camino, y en sus ojos vidriosos, le pareció ver la muerte andando, La proximidad del Río Manzanares, hacía subir aún más la niebla, las cejas de aquel hombre y las puntas del pelo del caballo, se volvieron blancas y heladas, la temperatura era muy fría, y la soledad de aquel camino o carretera, era de tener miedo, pasados como dos kilómetros del encuentro con el extraño ser, le parecía divisar a una mujer toda de blanco, con los pelos blancos y su tez blanca, que le parecía estar al lado, pero que el caballo continuaba su marcha, y la niebla le impedía verla en ese tramo del camino, aquello debió de ser un reflejo o alucinación, ya que desapareció sin dejar rastro. El hombre cada vez se encontraba más desequilibrado, no llegaba a ver ninguna casa en su camino, y tampoco a nadie que le pudiera informar, aunque estaba dispuesto de seguir hasta el fin de su viaje, su caballo continuo andando entre la niebla, y por fin, llego al término de Torrelodones, donde unos leñadores le indicaron que no volviera hacia detrás, ya que había existido gente, que en ese recorrido se perdieron para siempre, en días de niebla, y que el medico brujo, no estaba al lado de la carretera, ni tenia señal alguna, ya que a veces era detenido por su actividad en aquel tiempo no legal. El hombre cansado y sin esperanzas de poder ser curado, decidió descansar en la posada de dicha localidad. Pero su caballo al llegar al empalme de la carretera, sin decirle nada, se decidió seguir al pueblo de Hoyo de Manzanares, y el hombre aquel apenas sin fuerza, dejo que el caballo le llevara a dicho pueblo de canteros y piedras, donde pudo descansar aquella noche, y al día siguiente regresar a Madrid, eso sí, por la antigua carretera de La Coruña, con muchos tramos de niebla y otros de una lluvia fina, pero que desde su tartana, no se veía mojado, aunque al llegar a su casa a Madrid, se dio cuenta de las calamidades y miedos que paso en dicho viaje, pero su salud, parecía estar mejorada, y ya nunca volvería a pasar otra aventura, donde los fantasmas, estuvieran sueltos entre las encinas de dicho camino, G X Cantalapiedra.
LAS BRUJAS QUE NO MURIERON
Las lluvias siguen cayendo
sobre praderas extrañas,
hay sombras que van sintiendo
mil malditas alimañas.

Dicen que la noche es bruja
y se rompe en la mañana,
que cualquier conciencia estruja
para hacer la vida vana.

Las brujas que no murieron
por ser su vida encantada,
a sus gentes ofrecieron
mucha receta anhelada.

Brujas de hierbas salvajes
que contra el viento gritaban,
sufriendo los vasallajes
en donde las condenaban.

Piedras de negros caminos,
sendas sin flechas marcadas,
vidas con penosos signos
entre leyes marginadas.

Las brujas que no murieron
sufrieron la encrucijada,
y en su vivir ofrecieron
una cultura borrada.

Las brujas siguen su curso
al ver la noche embrujada,
ellas guardan el recurso
de ser mujer criticada.

La noche viene deprisa,
al tiempo ves la alborada,
todo contiene esa brisa
de una vida más lograda.

Las piedras de los caminos
con sus siglos enmarcadas,
parecen ser los testigos
de mujeres criticadas.
G X Cantalapiedra.
LAS SOLEDADES DEL ALMA
Puedes sentir emociones
entre tristes soledades,
y comprender sensaciones
que conservan las verdades.

Las soledades del alma
se repletan de silencio,
a veces sientes su calma
y otras muchas el desprecio.

Soledades que se impregnan
de lamentos de la vida,
dicen que solas se internan
mientras reluce su herida.

Las soledades se marchan
sin publicar su camino,
quizá buscan las escarchas
de la cruz del desatino.

Esta la noche embrujada
asustando soledades,
y hay soledad encantada
que no quiere falsedades.

Me abrazo a mis soledades
entre raras inquietudes,
no se cual son las edades
ni sueño con juventudes.

La vida y sus soledades
son parte de mi destino,
mientras busco claridades
sin querer ser adivino.

Mañana mis soledades
serán un camino nuevo,
que importa las vanidades
si voy viviendo sin freno.

Sin temores ni malicias
en un mundo aventurero,
soledades y caricias
hacen amor verdadero.
G X Cantalapiedra.