No lejos del
camino que en su día permitió el transito de las Legiones
romanas, hoy ya desaparecido, a similar distancia, de la pradera del hondajo y unos metros menos del Talanda, oculto entre la frondosidad de las Marisivas y
Espadañas, se permite estar esperando en el tiempo, nunca se sabrá si forma parte de la zona pantanosa de donde se encuentra, o el
mar, formo un oído, que cubierto de
agua dulce permitiera a el mar y a las sirenas que en él se hallan, escuchar el trinar de los Ruiseñores,
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