Sobre la terraza de la Iglesia la figura del guarda con sus prismáticos oteando el horizonte, amenazante, ¿nos conocerá por la pinta?. Nosotros, ocultos en una bodega, a la hora de la siesta, merendándonos guisantes y garbanzos verdes frescos, recién puestos a remojar: ¡Qué ricos están!
A la hora de la siesta, antes de tocar las campanas para LA VACADA, hacemos sonar con la maestría de un niño unos cantos introducidos en la rueda de un arado, haciéndola girar violentamente. Las viejas vecinas dan ... (ver texto completo)
A la hora de la siesta, antes de tocar las campanas para LA VACADA, hacemos sonar con la maestría de un niño unos cantos introducidos en la rueda de un arado, haciéndola girar violentamente. Las viejas vecinas dan ... (ver texto completo)