La tarde era gris, las aves que en días anteriores se afanaban en sus nidadas, hicieron un alto en sus tareas, parecía que una fuerza sobrenatural les hacia detenerse.
Al caer la tarde las ultimas yuntas volvieron hacia el
pueblo, después de un día de arada.
Algunas cornejas buscaron
refugio en el encinar, los zorros que allegar el buen tiempo con los aullidos, cantaban a sus pretendidas, en este principio de la
noche, preferían estar en el refugio de las zarzas, en los prados cercanos a la presa,
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