Cuando la ventisca azotaba la sierra, esa que dijeron los moros que cuanto oro y plata quedaba en ella. La loba buscó refugio entre unas peñas, la naturaleza marcó su curso con dolores de parto. Comenzaron a gruñir húmedos por el suelo los cinco lobeznos, a la vez que buscaban los pezones de la loba. Llegó la primavera y con mirada curiosa contemplaban las flores que crecían entre las peñas, el olor de la jara el brezo y la retama llenaba todos los rincones de la Sierra. Cuando por San Juan floren ... (ver texto completo)