Antes de que levantara la niebla y se pudiera ver el campanario de la iglesia, la noticia había corrido por todas las casas del pueblo. La zorra había hecho una excursión nocturna y había esquilmado algún que otro gallinero. Muchas víctimas entre los pollos, que esperaban con una crisis de ansiedad que llegara la Nochebuena, para pasar de escarbar entre las piedras y descubrir algún grano de trigo que otro, a estar en el mantel como manjar dispuesto a ser arrasado por la alegría navideña. Algunos ... (ver texto completo)