Cuando yo era chico y estábamos dando gavillas para atar un fajo detrás de otro, de la mies que había segado la gavillera, mi padre nos animaba y nos contaba cosas de las Fiestas en las que incluso había fuegos artificiales, en aquellos tiempos. A nosotros se nos alegraba el corazón y soñábamos con esos días maravillosos en los que venían los músicos de Torrijo montados en mulas y con los serones llenos de gaitas y bombos. Ya me veía yo en San Roque esperándolos y viéndo como descargaban todo, delante ... (ver texto completo)