A mí, ya desde el primer día que no me gustó la escuela. Estaba acostmbradoa vivir mi vida, libre como un potro salvaje (no como un asno, hombre...) y aquello de encerrarme me dolió y me preocupó pues no iba conmigo. Yo, en un principio fuí mal escolar e hice novillos, a veces de hasta varios días seguidos. Un día el maestro se encontró a mi padre, por casulidad y estuvieron hablando pues todavía no se conocían y le dijo: Ah, usted es el padre de aquel chico - que está enfermo ¿No...?. ¡Cómo que ... (ver texto completo)