Cuando algunos periféricos -no todos- echan mano a es tópico absurdo y falso de Castila dominadora, centralista, y bla, bla, bla, de la imposición del castellano y bla, bla bla, me entra la risa floja -a mis años ya no se cabrea uno por oír cuatro sandeces- al mismo tiempo que me vienen a la mente las sencillas gentes de sus
pueblos, su profundo sentido de la democracia en esos concejos abiertos, esos pastores, labradores, herreros... las viejitas que hacen sus labores o juegan a las cartas en las
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