Recordar el invierno es recordar el contraste del frío y el calor; el frío de la calle y el abrigo del hogar; las heladas sábanas y los pies fríos que buscan el consuelo del calorífero, un ladrillo macizo y ardiente envuelto en trapos, al mismo tiempo que te arrebujas bajo las mantas y el cobertor haciéndote un hoyo en el colchón de lana; el calor del brasero de cisco al que de vez en cuando hay que dar vueltas con la paleta cuidando que no produzca el maldito tufo, como en aquella ocasión en que ... (ver texto completo)
Guardo muy pocos recuerdos de aquellos domingos invernales de la niñez. Entonces, el domingo era el único día festivo de la semana. En el colegio obligaban a ir a misa –el tercero, santificarás las fiestas- y, concluida ésta, apenas el cura pronunciaba el ritual ítem, misa est, pasaban lista por si alguno había tenido la ocurrencia de quedarse en la cama. Los primeros sonidos que rompían el silencio de la mañana eran los de la voz del churrero anunciando su mercancía con la cesta colgada del brazo: ... (ver texto completo)