Nunca tiempos pasados tuvieron que ser mejores, por fuerza.
Se ha dicho hasta la saciedad que España es el país del péndulo, que pasamos de un extremo al otro; hay también un dicho, abundando en lo mismo, que dice "o D. Juan, o Juanillo"; creo, además, que somos o parecemos un poco ciclotímicos.
Y viene esto a cuento del interesante tema que nos traen hoy pefeval y José-Luis a vueltas con la educación. Es evidente que hoy se dan muchas carencias en educación, y ahora me refiero al sentido de ... (ver texto completo)
Se ha dicho hasta la saciedad que España es el país del péndulo, que pasamos de un extremo al otro; hay también un dicho, abundando en lo mismo, que dice "o D. Juan, o Juanillo"; creo, además, que somos o parecemos un poco ciclotímicos.
Y viene esto a cuento del interesante tema que nos traen hoy pefeval y José-Luis a vueltas con la educación. Es evidente que hoy se dan muchas carencias en educación, y ahora me refiero al sentido de ... (ver texto completo)
Nunca tiempos pasados tuvieron que ser mejores, por fuerza. (II)
Comparto la opinión de José-Luis. Los hechos comentados que a veces ocurren hoy día no deben servir de pretexto para idealizar el otro extremo. Hace décadas, hubo algunos maestros o profesores que tuvieron comportamientos que rozaban lo delictivo, o ni siquiera lo rozaban, pues trataban a los alumnos, generalmente varones, con una brutalidad que no se merecen los propios animales. Personas que descargaban su mala sangre, dicho fino, o sus frustaciones o su sadismo, que de todo hubo, sobre cualquier infeliz que caía por su aula y por los motivos más nimios. Otros usaban la pedagogía del palo, pues partían de la base de que así "enderezarían" y harían trabajar a los vagos. Y no saberse la lección tenía que ser forzosamente sinónimo de vaguería. Por no hablar de las trastadas. Recuerdo, como anécdota, la brutal paliza -con magulladuras, erosiones y ojos a la funerala, a la virulé o simplemente morados- inflingida por un profesor fraile a dos compañeros míos porque echaron intencionadamente un balón a un patio aledaño al colegio. Sólo el padre de uno de ellos mostró tímidamente su desacuerdo desde el teléfono de su taberna. Lo que hizo aquel profesor sí era de juzgado de guardia, aunque no en aquella época, claro.
Por eso es lamentable que ahora se den algunos comportamientos hacia el profesorado, precisamente cuando nunca se había tratado tan bien a los alumnos como en la actualidad. Problema de educación. Problema de civismo. ... (ver texto completo)
Comparto la opinión de José-Luis. Los hechos comentados que a veces ocurren hoy día no deben servir de pretexto para idealizar el otro extremo. Hace décadas, hubo algunos maestros o profesores que tuvieron comportamientos que rozaban lo delictivo, o ni siquiera lo rozaban, pues trataban a los alumnos, generalmente varones, con una brutalidad que no se merecen los propios animales. Personas que descargaban su mala sangre, dicho fino, o sus frustaciones o su sadismo, que de todo hubo, sobre cualquier infeliz que caía por su aula y por los motivos más nimios. Otros usaban la pedagogía del palo, pues partían de la base de que así "enderezarían" y harían trabajar a los vagos. Y no saberse la lección tenía que ser forzosamente sinónimo de vaguería. Por no hablar de las trastadas. Recuerdo, como anécdota, la brutal paliza -con magulladuras, erosiones y ojos a la funerala, a la virulé o simplemente morados- inflingida por un profesor fraile a dos compañeros míos porque echaron intencionadamente un balón a un patio aledaño al colegio. Sólo el padre de uno de ellos mostró tímidamente su desacuerdo desde el teléfono de su taberna. Lo que hizo aquel profesor sí era de juzgado de guardia, aunque no en aquella época, claro.
Por eso es lamentable que ahora se den algunos comportamientos hacia el profesorado, precisamente cuando nunca se había tratado tan bien a los alumnos como en la actualidad. Problema de educación. Problema de civismo. ... (ver texto completo)