La medicina para llegar a centenario, según el tió Mariano, fue vivir al aire libre, comer poco y beber mucha leche cruda, de oveja. Nunca en su vida se bañó ni en río, ni en balsa, ni en piscina y menos aún, en la playa; pero muchas veces se remojó de arriba abajo al pillarle alguna tormenta por la noche, de aquellas que no sabes las intenciones que traen ya que de las de día ya se cuidaba de que no le pillaran, en campo raso. De mayor, no le quedó otro remedio que entrar en la ducha siempre que ... (ver texto completo)
Todo el mundo conocía el buen genio del tió Mariano y su afición de salir con su transistor y poner sus canciones, en la esquina de la plaza, en el bar Luis. Pero sobre todo se le conocía por su afición a repartir caramelos entre los que pasaban por su lado, si bien los repartía más a gusto, a las mujeres. Siempre llevaba su bolsa preparada y era característico el gesto de llevarse la mano al bolsillo de su chaqueta, mientras llamaba al receptor/a.
Un abrazo.
Un abrazo.