No me arrienda la ganancia de mi canto en los salones.
Ni tampoco las razones del que presume pureza.
A mí me infunden tristeza,
Los que juegan de santones.
¡DIALOGUEMOS CON HUMOR!
Libradme presto, ¡oh señor!
libradme pues, con majeza,
pues ni por allegar nobleza
ni por falta de pundonor,
jamás quisiera de ser yo
quien infundiera tristeza.
¿De qué ganancias se queja,
o a qué juegan los santones,
si los que ocupan salones
jamas te ven con largueza,
y antes te arrancan la oreja
que ofrecer buenas razones?.
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