Me acuerdo de esas maletas de madera, también de otras de cartón forrado; mis padres viajaban con los dos modelos de esas aparatosas maletas. Con las de madera nos golpeábamos las piernas algunas veces y dolían “un padre nuestro”. Servían de asiento cuando los trenes iban tan repletos que tomábamos diseminados, de la manera más posible, los angostos corredores del vagón; eran recorridos tortuosos por las formas y las horas que tardaban en llegar a nuestros destinos. Una verdadera aventura en la que ... (ver texto completo)
gracias Manchega por la foto.. ¡
los sentimientos son encontrados...
los sentimientos son encontrados...