Pasó febrero, ni los tambores de quintos rondaron las noches heladas con sus cantos desentonados a ventana de moza gallarda, ni aguederas medraron el día en que la mujer se autoproclamaba reina del pueblo por lo que ni mozos ni mayores corrieron el riesgo de serle bajado los pantalones entre risas y bravuconadas femeninas. Tan solo el repique de campanas aglutinaba entorno a la iglesia a familiares, vecinos y gentes de pueblos colindantes ante la despedida de alguno de los seres que nos daban su ... (ver texto completo)