Ni el Macario ni el Olegario. Esto parece el desierto de las ideas. Cada mañana, al encender el portátil, confías en que ¡por fín!, alguien se ha tomado la molestia de lanzarse a este ruedo de papel y ha expuesto en él lo que sea en relación con lo que le plazca y tenga algún sentido con este pequeño pero gran pueblo. Yo doy por descontado que a diario y entre no pocos vecinos, y vecinas sobre todo, se producen decenas de comentarios relacionados todos o casi todos con la actividad local, ya sea ... (ver texto completo)