CAZADOR DE NADA
Los domingos, desde mi cuarto casi se huele la pólvora de los escopeteros; sucede en pleno agosto. El trueno de sus cañones me despierta. Vivo tan cerca al río y a los sembrados de trigo que desde que clarea, ya a las primeras del alba, oigo las voces de las cuadrillas que cargan y azuzan sus canes siseándoles por lo bajito: ¡busca, busca! Y Perla, que es una perra chiquita y muy blanquita; mete la trufa entre las parvas.
El campo no está acotado y vienen de la ciudad muchos ... (ver texto completo)
Los domingos, desde mi cuarto casi se huele la pólvora de los escopeteros; sucede en pleno agosto. El trueno de sus cañones me despierta. Vivo tan cerca al río y a los sembrados de trigo que desde que clarea, ya a las primeras del alba, oigo las voces de las cuadrillas que cargan y azuzan sus canes siseándoles por lo bajito: ¡busca, busca! Y Perla, que es una perra chiquita y muy blanquita; mete la trufa entre las parvas.
El campo no está acotado y vienen de la ciudad muchos ... (ver texto completo)