Recuerdo, en aquellos años de mi infancia, las de mujeres mayores y jovenes que, al asueto de mis vacaciones, contemplaba absorto desde el poyo de
piedra que había pegado a la pared de mi
casa. Ellas al
refugio de los malos vientos, buscando el sol, se deleitaban sobre un bastidor de costura dando formas con el hilo a manteles y ajuares de novia. Caprichosas
flores estampadas hacian unas y, otras, como tu presentas en esta
foto, pañitos con
bordados y acabados de puntilla. Y, todo aquello... respirando
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