Nos pudo costar caro
Era un domingo de agosto, caluroso como corresponde a la época, estaríamos en la primera mitad de los años 60 y, como en muchas otras ocasiones, nos dispusimos, a la caída de la tarde, a llevar a la jaca hasta los verdes pastos de la
Fuente El Canto, donde pasaría la tarde y
noche aprovechando la fresca hierba regada por el arroyo que por allí discurre.
Una vez aparejada la caballería, juntamente con mi hermano y otros tres primos míos, emprendimos el
camino, haciendo previamente
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