BAJO UN LIMON LIMONERO
En el
patio flamenco de la Marina,
era reina del mundo cuando cantaba,
por serranas, fandangos y granaínas,
Micaela, la rosa de la Alcazaba.
Pero el querer de un hombre cambió su sino,
que de pasión ardiente la volvió loca,
y una copla en sus venas se abrió
camino
como
potro de celos que se desboca.
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