La difusión de la cultura grecorromana, aunque gradual, fue mucho más intensa en la zona íbera (la bética, costa levantina, y valle del Ebro), en la meseta y parte norte de la Península fue un proceso menos intenso, más de las ciudades que del medio rural. Los más considerables fueron la introducción del latín como lengua común que sustituyó las indígenas (excepto el vascuence), las formas de vestir, la forma de construcción de casas y planteamiento urbano en las ciudades, así como la introducción ... (ver texto completo)