Siempre que los mayores contaban algún cuento o alguna historia que le habían repetido sus padres, daba la impresión que a los niños se nos despertaba la imaginación y todo eran lugares de ensueño (si eran historias bonitas) o terribles (si eran malas) pero rara vez nos dejaban indiferentes esos protagonistas, casi heroes, que entraban en la leyenda de los mitos. Pues bien, yo, tan solo voy a contar una anécdota de nuestro pueblo pero que por la sencillez y llaneza del suceso debiera pasar a la imaginación ... (ver texto completo)