El RIEGO:
Bajábamos a la huerta siempre por el camino de la chorquilla, si no se llevaba el macho, atajábamos siguiendo la acequia (siempre iba buscando con la mirada algún pececillo, cangrejo, culebra o rata de agua) y cruzábamos a la huerta por una tabla puesta en la acequia para tal fin, justo detrás de la casilla de Angelito (Calilo). Tras dejar las alforjas del almuerzo había que regar a primera hora o mejor cuando bajara el sol, mi padre decía que no se podía regar en las horas del día cuando ... (ver texto completo)
Bajábamos a la huerta siempre por el camino de la chorquilla, si no se llevaba el macho, atajábamos siguiendo la acequia (siempre iba buscando con la mirada algún pececillo, cangrejo, culebra o rata de agua) y cruzábamos a la huerta por una tabla puesta en la acequia para tal fin, justo detrás de la casilla de Angelito (Calilo). Tras dejar las alforjas del almuerzo había que regar a primera hora o mejor cuando bajara el sol, mi padre decía que no se podía regar en las horas del día cuando ... (ver texto completo)
He leído con mucha emoción el riego con tu padre, Emilio, porque me has recordado a mi misma cuando bájabamos al huerto de mi abuelo. Mi abuelo Maudilio, que era un hombre muy afable y bueno (siguiendo la definición de Machado), no era, sin embargo lo que se dice muy paciente con sus nietos. Los niños le gustaban cuando estábamos quietecitos en la cuna, porque a medida que crecíamos, le poníamos muy nervioso al pobre y enseguida nos gritaba y regañaba por todo. Para su "suerte", la primera recua ... (ver texto completo)