A D. Vicente Ciurana. de Don Antonio Machado.
Sobre la limpia arena, en el tartesio llano
por donde acaba
España y sigue el
mar,
hay dos hombres que apoyan la cabeza en la mano;
uno duerme, y el otro parece meditar.
El uno, en la mañana de tibia
primavera,
junto a la mar tranquila,
ha puesto entre sus ojos y el mar que reverbera,
los párpados, que borran el mar en la pupila.
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